Pancarta feminista que despreciaba el peligro del coronavirus el pasado 8M de 2020.
Pancarta feminista que despreciaba el peligro del coronavirus el pasado 8M de 2020.

El feminismo se puede apuntar más muertos en su currículo. Más muescas en su revolver de odio, violencia e irracionalidad.

Ya tiene millones de niños que nunca llegaron a ver la luz por su genocida visión del bebé como parte del cuerpo de la mujer del que como dueña puede disponer; o como un okupa que no merece sino ser desahuciado según se detecta su presencia, al contrario de los que okupan viviendas, que el femimarxismo y la pornoizquierda miran con romántica condescendencia.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Ya tiene miles de muertos en una bolsa negra de hombres que se han suicidado víctimas de sus leyes discriminadoras, de sus promocionadas denuncias falsas, triturados por un sistema nada patriarcal que les niega la presunción de inocencia.

Y ahora sigue sumando gracias al 8M. Un 8M que nunca debió celebrarse. Pero… ¿quién le ponía el cascabel al gato?

Como un pequeño Chernobil, el reactor de la marcha de las mujeres por unos derechos que ya poseen iba incrementando su presión mientras las agujas daban niveles alarmantes de posible pandemia.

¿Pero quién le dice a gente totalitaria que, a veces, la realidad frustra sus deseos, sus intereses, sus planes? Cuentan que a Stalin nadie se atrevía a decirle que se había muerto.

Nadie. Nadie se atrevió sino a insinuar a las organizadoras que sería bueno desconvocar. Y quien organiza una marcha con el manifiesto de la marcha del 8M sólo puede estar lleno de odio, de resentimiento, de irracionalidad y, en definitiva, de marxismo cultural hasta la sobredosis. O empachado de intereses políticos, económicos y de poder hasta el punto de que unas vidas arriba o abajo sólo son hormigas que se pisan al conquistar la plaza.

Una marcha reivindicativa con todo el gobierno a la cabeza. Una revolución dirigida por los que mandan. Una estafa piramidal

Otra cosa era hablar con los pastores evangélicos que, racionales, sensatos y prudentes, escuchan los argumentos. Y contra sus planes y sus deseos, acatan las órdenes o siguen los consejos, que no sé muy bien si fue imperativo o disuasorio el mensaje gubernamental que evitó la pandemia entre los asistentes al evento religioso.

Pero con el 8M era otra cosa. Y nadie se atrevió a frenar por salud pública al monstruo que devora libertades, que exige ofrendas millonarias y que no tiene problema en sacrificar en sus altares a víctimas humanas. También inmolando su dignidad y su imagen con difamaciones, persiguiéndolas con jueces afines, ajusticiándolas en los medios de comunicación… el femimarxismo, todos lo sabemos, es violencia.

Y Chernobil explotó. Porque nadie se atrevió a frenarlo.

Cientos de miles de mujeres se apretujaron creyendo defender sus derechos en vez de apuntalar el poder de las convocantes. De las de la pancarta principal. Una marcha reivindicativa con todo el gobierno a la cabeza. Una revolución dirigida por los que mandan. Una estafa piramidal.

Terminado el acto del “no se besa, no se besa, pero te beso y te toso” cada mujer volvió a sus actividades. Muchas al cuidado de ancianos y personas de salud endeble. Porque el sector de los cuidados, en eso sí llevan razón las femimarxistas, es un sector completamente feminizado. Entre el 90% y el 95% de las personas que cuidan profesionalmente son mujeres.

Lo que no es bueno, ni es malo, puesto que lo han elegido libremente por ser una actividad profesional que les agrada más que la fontanería, por ejemplo.

Lo cierto de esta historia es que el lunes muchas volvieron al cuidado de sus ancianos. Y cariñosas y entregadas los abrazaron. Porque muchas de ellas, señoras feministas, lo hacen por gusto y vocación.

Pero gracias a ustedes volvieron infectadas.

¿Cui prodest 8M? Pues ahí están los responsables de sus consecuencias.

Chernobil, lleno de mujeres con empleos de los que les gustan a las mujeres y otros pequeños Chernobil que a la sombra de aquel también se celebraron, expandieron las partículas radiactivas. Porque Chernobil se repetirá mientras haya gente con miedo y gente que atemoriza, gente que no cumple su obligación para no tener problemas y gente dispuesta a todo por obtener sus propósitos.

El resto ya es historia. Pero la historia siempre tiene en otra historia su explicación.

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Riojana. Filóloga Profesora de educación física. Madre objetora a educación para la Ciudadanía. Estudiosa de la ideología de género. Conferenciante, tertuliana en programas de radio y televisión. Miembro de la Ejecutiva Nacional del partido VOX. Escritora de novelas y ensayos. Perseguida por su libro “Cuando nos prohibiernos ser mujeres…y os persiguieron por ser hombres”. Buscadora de la verdad. Defensora incansable de los derechos humanos fundamentales.