Desde ahora conseguir una nulidad matrimonial serás más sencillo y más rápido, una vez que ha entrado en vigor el motu proprio (o documento) del Papa Francisco titulado “El Señor Jesús, juez clemente”.

La principal novedad es que agiliza el proceso canónico, al eliminar la obligatoriedad de una doble sentencia conforme. El objetivo, como dijo el decano del Tribunal de la Rota española, monseñor Carlos Morán, no es “favorecer la nulidad, sino la celeridad de los procesos” y proteger “la indisolubilidad del vínculo”.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

Suscríbete a Actuall y así no caerás nunca en la tentación.

Suscríbete ahora

Esto último puede parecer una contradicción. Pero no es así, porque no se trata de que un tribunal eclesiástico deshaga matrimonios de forma exprés, sino de que dilucide si determinados matrimonios son o no nulos, que no es lo mismo.

Desmontamos ese y otros tópicos sobre las nulidades en los siguientes cinco puntos:

Primero, con la iniciativa del Papa Francisco, la Iglesia no está cediendo ante la presión de las rupturas ni rebajando la doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio, declarada por su fundador, Jesucristo (“Lo que ha unido Dios que no lo separe el hombre”, Mc 10 2-16).

Agilizar los procesos de nulidad no es aprobar un divorcio “a la eclesiástica”. Es admitir que, dado que un número importante de uniones conyugales pueden ser realmente nulas, es de justicia agilizar los procesos, para poder dilucidar si realmente lo son, y declararlo ante un tribunal. Cada año el Tribunal de la Rota español dicta unas 480 sentencias, y el 70% de los procesos concluyen con la declaración del matrimonio como nulo.

Acelerar los procesos de nulidad no es aprobar un divorcio «a la eclesiástica», es admitir que hay uniones nulas

Segundo, los matrimonios pueden ser nulos debido a muchos factores, la casuística es variada. A parte de distintos impedimentos que siempre ha contemplado el Código de Derecho Canónico –como impotencia tanto en varón como en la mujer, consanguinidad, incapacidad psíquica para asumir obligaciones conyugales etc.- hoy en día es relativamente frecuente casarse sin la suficiente formación para saber que el vínculo es indisoluble y que está abierto a la vida.

Incluso se da el caso de gente que se casa coaccionada, o sin saber a dónde iba, sin tomarse en serio el matrimonio. Quizá no por mala voluntad, pero sí por falta de preparación, por inmadurez, por falta de fe en el matrimonio por la Iglesia.

Tercero, para que el matrimonio sea válido, es necesario que el día de la boda los contrayentes tengan intención de unirse para toda la vida y que esa unión esté abierta a la procreación. Esas dos condiciones son imprescindibles. Si uno de los dos dice la fórmula “Yo te recibo como esposo” pero en su interior rechaza la unión indisoluble o la posibilidad de tener hijos… entonces no hay matrimonio (Código de Derecho Canónico). Estaríamos ante un matrimonio nulo.

¿Qué pasa si los novios cumplen los requisitos mencionados el día de las nupcias, pero años después uno de ellos tiene una aventura con otra persona o utiliza contraceptivos –es decir no está abierto a la vida? Nada de esto invalida al matrimonio, ya que la validez se refiere al momento de casarse.

No tiene sentido que pidan la nulidad por un adulterio posterior, si el día de la boda querían ser fieles. Esa unión es perfectamente válida. Es verdad que tienen un problema, porque la infidelidad abre una grieta y porque posiblemente es síntoma de que ese matrimonio no marchaba bien anteriormente. Y que deberán resolverlo. Pero esa es otra historia. Porque nada de eso invalida a la unión.

O hay matrimonio o no lo hay. Si no lo hay, la Iglesia lo constata

Cuarto, cuando un tribunal eclesiástico, después de estudiar el caso en un proceso judicial, dicta sentencia de nulidad, no está disolviendo ese matrimonio, como apuntan algunos medios de comunicación, sino que declara su invalidez originaria. O sea que no es un divorcio, la Iglesia no divorcia a la gente. Es bastante fácil de entender: si el matrimonio es indisoluble por naturaleza, no lo puede disolver un tribunal eclesiástico (ni uno civil en el caso del divorcio). Lo único que hacen los jueces eclesiásticos es constatar, después de examinar las pruebas, que no hubo verdadera unión cuando los contrayentes se casaron. O hay matrimonio o no lo hay. Si no lo hay, la Iglesia lo constata, y en eso consiste la declaración de nulidad; y si lo hay, la Iglesia no puede emitir sentencia de nulidad.

Quinto, si alguien se aprovecha del proceso de nulidad con engaño, aportando pruebas amañadas, a fin de deshacer la unión, lo único que está haciendo es engañarse a sí mismo. Existe esa posibilidad, y eso explica los abusos que se cometen en ocasiones en los procesos de nulidad. Pero el tribunal eclesiástico no es la voz de Dios. Sólo puede llegar a conclusiones basadas en las pruebas que tenga.

Comentarios

Comentarios

Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.