El Observatorio Español contra la LGBTfobia quiere sentar en el banquillo de los acusados al arzobispo de Granada, Javier Martínez, por la homilía que pronunció el pasado 14 de febrero en la que criticó la ideología de género.

Este observatorio -uno de los muchos tentáculos que tiene el lobby gay- presentó el pasado lunes una denuncia contra monseñor Martínez ante la Fiscalía Provincial de Granada con copia a la Fiscalía especializada en delitos de odio.

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«Desde el Observatorio consideramos esta ‘Homilía del Odio’ donde se nos tacha poco menos que ‘enfermos y tarados’ una grave injuria y una humillación fomentando un discurso del odio que propugna la exclusión social, la discriminación y injusticia contra las personas LGBTI», ha declarado Paco Ramírez, director del organismo denunciante.

La realidad, sin embargo, es muy diferente. Porque nada de eso aparece en la homilía del arzobispo de Granada, que no alude en ningún momento a homosexuales ni transexuales. El objeto de su crítica es muy concreto: la ideología de género.

«Delitos de opinión», un término que huele a dictadura

Así puede leerse en su alusión a la ideología de género: «Pienso ahora mismo en todas las implicaciones de la ideología de género, que, además, trata de imponerse como ley en la educación de los ninos. Hay una patología detrás de eso. Hay una cortedad y una torpeza de la inteligencia».

Sin duda, detrás de la denuncia lo que se esconde es tratar de imponer un discurso -la ideología de género- silenciando y coartando la libertad de expresión de quienes se muestran en contra. El término «delitos de opinión» suenan más a dictadura que a otra cosa y a eso es a lo que realmente aspira el lobby LGTB.

No es extraño, por lo tanto, ver al propio observatorio reconocer que la Justicia archiva este tipo de denuncias, aunque lo que en realidad le gustaría es que apareciera un juez que aplicara la mordaza. «Es inaudito que la Justicia española archive una y otra vez, todas las denuncias, […] Esperamos sin duda que aparezca de una vez ese juez valiente y consecuente con nuestras leyes, y las aplique de forma expresa y ejemplar, para acabar de una vez con esta lacra injusta del discurso del odio bajo un disfraz de falsa libertad de expresión y falsa libertad de religión».

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