La española Juana Rivas, condenada por sustracción de menores.
La española Juana Rivas, condenada por sustracción de menores.

Se le da demasiado valor a la consanguineidad. El primer asesinato de los tiempos, cuando Caín mató a Abel víctima del pecado original desprendido por sus progenitores, fue entre hermanos. En ocasiones, por no decir todas, otorgamos al hecho de compartir sangre con una persona de una trascendencia mística, dotando a dicha circunstancia de un vínculo trascendental incapaz de romperse. Todo protegido por el mantra “somos familia”. Como si las riñas de gatos de la infancia en las que el hermano le retuerce el brazo al otro fueran válidas de manera perpetua, parece que se tiene que consentir toda conducta familiar por dura que sea.

Lo mismo ocurre con los padres. Como si el mero hecho de tener un hijo te capacitara para el ejercicio de la patria potestad. Creo que se es padre de forma espiritual antes que de forma material. Los individuos que engendran a una criatura, pero se desentienden de su cuidado nada más salir del vientre materno, son tan padres como esas parejas que prefieren pasar sus días solos encerrados en ellos mismos. Por inercia, tendemos a pensar que con quien mejor están los niños son con los progenitores. Aunque en la mayoría de las ocasiones así es, se dan casos en los que los vástagos viven bajo el amparo de sus padres la paradoja de la vulnerabilidad.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Se ha hablado mucho en estos últimos días sobre la figura de Juana Rivas y su capacidad para sobrellevar la custodia de sus hijos. Junto a la negativa del magistrado encargado de estudiar el indulto además de unos informes en los que se dejaba latente los presuntos abusos cometidos a sus hijos, parece que no se encuentra en condiciones de su cuidado. Mientras tanto, los menores permanecen con su padre Francesco Arcuri en Italia hasta que se aclare el caso. Progenitor, acusado de violencia machista, que ejerce como dique de contención de todas las intentonas de su ex mujer a llevarse a los hijos. Ambos se han enzarzado en una lucha fratricida en la que llevan paseando a los niños por los medios de comunicación años y años sin importarles su verdadera integridad y sano desarrollo. ¿Es que acaso nadie piensa en esos pequeños? Hablamos de Juana, de Francesco, ¿pero que es de sus vástagos? ¿Quién les va a proteger de la presión a la que se les ha sometido desde críos?

Tener un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y la cosa no es solo tener hijos, sino también velar por ellos, cuidarlos, protegerlos. Ya dijo el Papa Francisco que ser buen padre no es “tener hijos como conejos, sino ejercer una paternidad responsable”. ¿Están siendo responsables esos padres exponiendo a sus herederos de esa forma y sometiéndoles a unas vivencias impropias para su edad? Creo que no. ¿Y si la realidad es que a lo mejor esos pequeños no deberían estar ni con Rivas ni con Arcuri? Nadie se atreve a decir eso, porque todos están utilizando el caso como arma arrojadiza. Unos para defender la ley de violencia de género, otros para minar la misma norma. Al final nadie se preocupa de esos niños y son los que más están sufriendo.

Existen los malos padres, los malos hijos, los malos hermanos. El mal a veces se camufla en la propia sangre.

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