Cuando no se respeta la naturaleza, la naturaleza se venga
Cuando no se respeta la naturaleza, la naturaleza se venga

Aclaración importante: las siguientes ideas no son críticas de personas o grupos ni contienen juicios de valor. Su objetivo es informar principalmente a jóvenes sobre las condiciones de la penetración anal a la que a veces son inducidos a explorar por enseñanzas en sus colegios.

El ano es un órgano excretor de heces fecales. El pene es un órgano reproductor. No hay ningún indicio observable en la fisiología del recto y del pene que indique una previsión de la naturaleza para una actividad de penetración del pene en el ano, más bien, lo contrario.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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El conducto rectal es significativamente diferente de la vagina con respecto a la idoneidad para la penetración de un pene.


La vagina produce lubricantes naturales y cuenta con una red de músculos. Se compone de una membrana mucosa con una multi-capa de epitelio escamoso estratificado que le permite soportar la fricción sin daño y resistir las acciones inmunológicas provocadas por el semen y los espermatozoides.

En comparación, el recto es un delicado mecanismo de músculos pequeños diseñados para  un conducto de sólo salida.  Bajo la acción de trauma repetido, fricción y estiramiento, el esfínter pierde su tono y su capacidad para mantener un sello hermético. En consecuencia el coito anal conduce a fuga de material fecal que puede fácilmente convertirse en crónica.

El potencial de lesión se agrava porque el intestino tiene sólo una única capa de células que separa de un tejido altamente vascular, es decir, presencia de sangre. Por lo tanto,  cualquier organismo introducido en el recto cuenta con más posibilidad de causar una infección que en una vagina.

El tejido de capa única no puede resistir la fricción asociada a la penetración del pene dando lugar a roturas que exponen a ambos participantes a contacto directo con sangre, organismos en las heces y a una mezcla de fluidos corporales.

Adicionalmente la eyaculación contiene componentes inmunosupresores. En la fisiología reproductiva normal esta previsión biológica permite que el espermatozoide pueda evadir las defensas inmunológicas de la hembra. Experimentos de inseminación rectal en conejos han demostrado que los espermatozoides atrofian  las defensas inmunológicas  del recipiente. El semen puede producir un impacto similar en los seres humanos.

El resultado final es que la fragilidad del ano y el recto  junto con el efecto inmunosupresor de la eyaculación, vuelven al coito anal-genital una manera altamente eficiente de transmitir el VIH y otras infecciones.

La lista de enfermedades encontradas  con extraordinaria frecuencia entre los homosexuales activos como resultado de la penetración anal es alarmante. Pero también se dan infecciones y algunas veces traumas graves en adolescentes que por curiosidad exploran por primera vez inducidos por educación recibida en sus centros de enseñanza.

Los resultados de esta actividad que la biología no puede acomodar se hacen notar en las últimas estadísticas publicadas por el Gobierno de Estados Unidos en el sitio HIV.gob. Los hombres gay y bisexuales fueron la población más afectada por HIV. A pesar de que no pasan del 3% de la población, sus casos de infección fueron del 69% de la totalidad.  

Sería conveniente que la ONU u otra institución de prestigio lanzara una campaña mundial para alertar sobre los condiciones particulares de la penetración anal y reducir las relaciones con múltiples parejas. Un estudio publicado en los años 80 por el National Center for Biotechnology Information  del gobierno de EE UU reveló que el 83% de los hombres homosexuales encuestados estimaron que tuvieron relaciones sexuales con 50 parejas diferentes en su vida; 43%, con 500 o más parejas; y 28%, con 1,000 o más (Bell and Weinberg p 308)

Alejandro Berganza

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