Alfonso Basallo

La peor parte (editorial Ariel) es a Fernando Savater, lo que Una pena en observación a C.S. Lewis (lamentando la orfandad en la que había quedado tras la muerte de su mujer Joy Gresham); Señora de rojo sobre fondo gris a Miguel Delibes (homenajeando a su difunta esposa, Ángeles); o Una vida presente y La felicidad humana a Julián Marías (en los que describe su profundo dolor por la marcha de Lolita Franco, y reflexiona sobre el sinsentido del sufrimiento).

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Se trata de un libro-homenaje a la mujer amada, Sara Torres -conocida como Pelo Cohete- con la que el filósofo vasco compartió 35 años. Como otros del autor tiene mucho de miscelánea (reflexiones filosóficas, apuntes biográficos, opiniones sobre lo divino y lo humano), trufada con las vivencias y anécdotas de una vida común con su mujer, hilo conductor de la obra. 

La peor parte muestra que a Savater le pasaba lo mismo que a Julián Marías con su mujer, Lolita Franco: que sus libros, conferencias, actuaciones públicas eran únicamente “el detalle de su argumento”, en tanto que Sara constituía “el argumento de su vida”.

Para descubrirlo en toda su hondura, era preciso el zarpazo de la separación física que sufrieron todos ellos. Como le pasó a Miguel Delibes con Ángeles -de la quedó viudo en 1974, a los 54 años-; a C.S. Lewis con  Joy Gresham -fallecida en 1960, cuando él tenía 62 años-; o a Marías -que vio morir a Lolita Franco, en 1977, cuando él tenía 63-.

En sus escritos, los cuatro autores reflejan la desolada perplejidad ante la muerte e incluso la rebeldía ante el sinsentido del dolor -como en el caso de C.S. Lewis: “Si la bondad de Dios no es consecuente con el daño que nos inflige, una de dos: o Dios no es bueno, o Dios no existe”-.

La vida sin sentido

Los cuatro autores constatan que la vida pierde su objeto sin la persona amada. Y lo hacen con acentos dramáticos, mirando al dolor cara a cara. “Aborrezco hacer el menor esfuerzo” escribe C.S. Lewis tras perder a su esposa. “No sólo escribir, sino leer una carta se convierte en un exceso. Hasta afeitarme. ¿Qué importa ya que mi mejilla esté áspera o suave?”.

Delibes dijo en una entrevista: “cuando murió, creí que me había acabado como narrador”.  Y Marías: “Para mí fue el fin (…) No por desgracia de mi vida, sino de todo lo que tenía sentido”.

Análoga sensación en Savater:  “Ahora tengo que acostumbrarme a ir tirando, tirando de mí mismo, de residuos del pasado. Puedo jurar con la mano en el corazón que no he vuelto a ser feliz de verdad, íntimamente, como antes lo era cada día, ni un solo momento desde que supe de la enfermedad de Pelo Cohete. No sé cuánto durará esta sequía atroz, porque creo que es imposible vivir así.”

Dolor sin anestesia

Lo curioso es que ninguno de ellos quiere anestesiar la memoria de la mujer amada. Al quedar viudo con 63 años, Marías seguirá escribiendo libros para su mujer, pensando en ella, como cuando aún vivía: Mapa del mundo personal y Persona, La mujer en el siglo XX, La mujer y su sombra, La educación sentimental, La felicidad humana etc.

Y C.S. Lewis explica en Una pena en observación: “La aflicción no es el truncamiento del amor conyugal sino una de sus fases regulares, como lo es la luna de miel. De lo que se trata es de vivir el matrimonio cabal y fielmente también a través de esta fase. Si duele —y claro que duele— hay que aceptar tal dolor como un elemento inherente a esta fase.”

Savater: “El amante no querría a ningún precio que una especie de Alzheimer sentimental le privase de ese sufrimiento”

Coincide con Fernando Savater: “Para quien de verdad ha amado y ha perdido a la persona amada, el amortiguamiento del dolor es la perspectiva más cruel, la más dolorosa de todas (…) Si no duele, no es amor. Y si duele mucho al principio para luego irse diluyendo hasta dejar sólo un leve escozor fácilmente superable, es amor… propio (…) El amante no querría a ningún precio que una especie de Alzheimer sentimental le privase de ese sufrimiento que es como el piloto encendido de su pasión que sigue en marcha”.

La felicidad era eso

Todos ellos constatan el carácter paradójico de la felicidad, el espejismo que supone buscarla en el dinero o la fama, y la ceguera que nos impide detectarla en lo más cotidiano. Marías por ejemplo, confesaba, ya viudo, famoso, académico de la Lengua y en posesión del Premio Príncipe de Asturias: “Cambiaría todo con tal de estar con ella, aunque fuera viviendo tan pobremente como los primeros años de matrimonio, cuando no teníamos nada y había que inventar muchas cosas para llegar a fin de mes”.

Savater reconoce: “Ha sido al dejar de oír ese íntimo hilo musical cuando, tras la inicial extrañeza, me he dado cuenta de lo que había perdido. ‘Reconocí a la alegría por el ruido que hizo al marcharse’, dijo Jacques Prévert (el poeta preferido de Pelo Cohete cuando la conocí), y podría hacer mía esa constatación”

Y Delibes llega a decir: “Nos bastaba mirarnos y sabernos (…) Estábamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue, todavía lo ví más claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar gran cosa de la vida, eran sencillamente la felicidad”

Marías: “En la medida en que se ama, se necesita seguir viviendo o volver a vivir después de la muerte, para seguir amando»

¿Qué tienen en común autores tan distintos y diversos? Un agnóstico como Savater; un anglicano como el norirlandés C.S. Lewis; o dos católicos como Delibes y Marías.

Se pueden extraer tres notas en común, al analizar La peor parte y compararla con los escritos de los otros tres.

1. Que la unidad de dos que es el matrimonio no es una entelequia, una tarea imposible o un utopía para románticos. Lo expresa gráficamente Marías cuando habla de “la una vida” para referirse a su unión con Lolita Franco. 

2. Que nada de esto tendría sentido si la muerte fuera el final. Hablar de amor si todo termina con el aniquilamiento de la persona, cuando fallece, sería una broma macabra, una mentira que nos contamos para ir tirando y sortear el tedio de la vida.

“Si no hay ninguna forma de trascendencia, la vida es sólo tiempo, una vacía continuidad” dice C.S. Lewis. Y añade: “Ahora que se ha separado la uña de la carne (…) Seguiremos casados, seguiremos enamorados”. Porque “en la medida en que se ama, se necesita seguir viviendo o volver a vivir después de la muerte, para seguir amando” concluye Marías en La felicidad humana.

¿Hay amor después de la muerte? Los cuatro dirían que nada les haría más felices. Incluso si les dijeran que en la otra orilla no está la persona amada, querrían devolver el billete: ¿para qué quiero la inmortalidad? dirían. O eres inmortal para amar, o no quieres serlo. ¿Qué sentido tendría la inmortalidad de un hombre solo?

3. Que lo que mueve el mundo no es, a fin de cuentas, la mentira. Esa apreciación es pura apariencia, lo que de verdad mueve a las personas es algo muy distinto. Es la gran conclusión de Fernando Savater, siguiendo el famoso verso de Dante (l’amore che il sol muove / e l’altre stelle)  “¿Para qué sirve un libro como éste? Quizá sólamente para demostrar de nuevo que el amor es lo que mueve ‘el sol y las demás estrellas’ de la vida humana”. 

Comentarios

Comentarios

Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.