“Tengo 13 años y soy hija de una víctima de una falsa denuncia de violencia de género”

Carla tiene 13 años. Escapó de su madre para estar con su padre, a punto de entrar en prisión por una denuncia instrumental de malos tratos. "Mi madre se tiró al suelo, simulando un ataque de ansiedad. Y empezó a decirnos que si no decíamos que mi padre era el malo, nos iba a llevar a un orfanato", recuerda.

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Hay testimonios que hablan por sí solos. Más allá de los reportajes sobre la falsedad de las cifras sobre denuncias falsas o instrumentales de malos tratos en procesos de ruptura familiar, sobre los entramados juridico-financieros entre partidos políticos, asociaciones feministas y abogados sin escrúpulos, está la verdad de quienes cuentan cómo se está utilizando el drama de la violencia machista como arma de ‘destrucción’ del varón en los procesos de divorcio.

Esta es una de esas ocasiones en las que el periodista apenas debe elaborar la información en el sentido de explicarla para hacerla más comprensible a su público. Habla por sí sola. Se llama Carla, tiene 13 años y asiste angustiada al inminente ingreso en prisión de su padre, denunciado por su madre bajo la Ley Integral de Medidas contra la Violencia de Género.

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Si conocemos su historia es gracias a la abogada Yobana Carril, especializada en ayudar en combatir los efectos perversos de las leyes de género que presuponen la culpabilidad del varón frente a la mujer.

Entre sollozos y emociones, la verdad y la fuerza de esta niña traspasan la pantalla a lo largo de su testimonio. Y hasta su esperanza en mitad del “infierno” que describe su hermana en una carta.

Les ofrecemos a continuación la transcripción del vídeo, no sin antes recomendarles que vean antes el vídeo. Dice así:

“Hola, me llamo Carla, tengo 13 años y soy hija de una víctima de una falsa denuncia de violencia de género. Mi historia comienza cuando en 2011 mi madre puso una denuncia a mi padre de violencia de género. A partir de ahí, estuve siete u ocho meses sin poder ver a mi padre. En ese tiempo mi madre sólo nos repetía que mi padre nos había abandonado porque no nos quería. Y que se había ido con otra mujer y con otros hijos. Y cosas que prefiero no comentar.

En 2014 mi padre consigue que una jueza y una psicóloga hablen con mis hermanos y conmigo. Una o dos semanas antes de la cita con la juez y la psicóloga, mi madre sólo nos decía que mi padre era malo, que mi familia era mala, que no nos querían, que nos querían separar de ella.

“La siguiente vez que mi madre nos dijo que mi padre era malo o que mi familia era mala, le dije que no. Que era mentira. Me rebelé. Y mi madre me empezó a ignorar”

Cuando llegó el día, mi madre al llegar se tiró al suelo, simulando un ataque de ansiedad. Y empezó a decirnos que si no decíamos que mi padre era el malo, nos iba a llevar a un orfanato, que no volveríamos a ver a nuestra familia.

Cuando salí de haber contado lo que mi madre quería, sabía que lo habñia hecho mal. Y me arrepentí. Y me dije: “No puedo seguir así”. Así que la siguiente vez que mi madre nos dijo que mi padre era malo o que mi familia era mala, le dije que no. Que era mentira. Me rebelé. Y mi madre me empezó a ignorar. Durante meses. Me emprezó a ignorar, a hacer como que no existía, a insultarme. Llegó hasta humillarme delante de la gente. Ya no podía más.

Así fueron pasando los años hasta que en 2016 decidí escaparme. Escapé y busqué mi felicidad y luché por mi felicidad. Después de un juicio, me creyeron y le dieron la custodia a mi padre. Ahora vivo con mi padre.

[Entre sollozos]

Pero mi padre dentro de un mes va a tener que ingresar en prisión. Lleva un año sin ver a mi hermanos. ¡Un año! ¡Me voy a quedar sola! ¡Me voy a quedar sola! Y no veo a mi hermano desde hace un año porque mi madre no me deja.

“Querida hermana. Necesito que me saques de este infierno, por favor te lo pido. Mami está todo el día hablando mal de la gente. Me dice: tu hermana tiene una enfermedad”

Voy a la casa, toco. Con toda mi fuerza, porque en su día dije que no quería volver a verla. Y cuando voy, no me deja verlos. Hace un año. Y ahora mi padre va a ir a prisión injustamente.

[Llora, se enjuga las lágrimas]

Ahora quiero leeros una carta que me ha llegado de mi hermana para que sepáis lo duro que puede llegar a ser esto. Porque lo que están haciendo no es justo: lo que tenemos que pasar muchos niños como mis hermanos y yo, no lo merecemos. Lo que tiene que pasar mi padre, inmerecido.

Esto me llegó de parte de mi hermana:

“Querida hermana. Necesito que me saques de este infierno, por favor te lo pido. Mami está todo el día hablando mal de la gente. Me dice: tu hermana tiene una enfermedad (o sea, yo) que dice cosas que se imagina. Me dice que [XXX] es una zorra…”.

[XXX] no puede ser una mujer más buena. Una mujer que se ha encargado de nosotros desde pequeñas, que ha ido a todo con nosotros. Sigo.

“Le demostraremos al juez que papá no ha hecho nada para ir a la cárcel, porque se pilla antes a un mentiroso, mamá, que a un cojo”

“… y que la va a denunciar. [XXX] se imagina que hay fantasmas a su alrededor; que el hijo de [ZZZ] está drogado; que papá no nos quiere. Que tú en verdad no vienes a vernos sino a dar por saco, porque no tienes otra cosa que hacer. y muchas cosas más. Lo que te pido por favor es que me saques de aquí para tener una vida normal como la tuya. Ya sabes que esto se arreglará, parasemos tiempo juntas, hablaremos, recordaremos, reiremos… Y yo sé que toda la familia y nosotras lucharemos para que papá no entre en la cárcel, porque le demostraremos al juez que papá no ha hecho nada para ir a la cárcel, porque se pilla antes a un mentiroso, mamá, que a un cojo. Te quiero mucho, [AAA]”

Con esto quería decir… Quiero dar apoyo a todas esas familias que lo están pasando mal por esa situación que no es justa. Tenemos que luchar y yo no me pienso rendir; no me voy a rendir. Quiero darle las gracias a Yobana [Carril] por darme esta oportunidad, por confiar en mí. Muchas gracias. Y gracias a todo su apoyo. Fuerza. No voy a rendirme. No pienso rendirme. Un beso”.

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Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".