El diario The Times, una de las cabeceras de vanguardia del Reino Unido, ha denunciado que la principal clínica británica que trata la disforia de género ha realizado durante años un experimento masivo sobre niños sin un estudio sobre las consecuencias a largo plazo de la medicación utilizada. En el origen de la discusión están médicos que trabajaron en ella y que publican ahora un estudio en el British Medical Journal, publicación de referencia de la profesión en el país.

El Tavestock Center se ocupa de «tratar» a los menores que sufren de disforia de género. De esa clínica han despedido voluntariamente 18 médicos en tres años. The Times ha hablado con cinco de ellos. Todos dejaron su trabajo en la clínica por razones de «conciencia»: «Este tratamiento experimental se realiza no sólo sobre niños, sino sobre niños muy vulnerables, que han tenido problemas de enfermedades mentales, abusos, traumas familiares. Sin embargo, a veces estos factores son, sencillamente, encubiertos», ha dicho uno de ellos.

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La norma es es iniciar la terapia hormonal en niños y adolescentes muy jóvenes después de sesiones de tres horas

¿Por qué el número de estos jóvenes ha aumentado tan vertiginosamente? Antes, explican los médicos a The Times, los terapeutas tenían a su disposición meses para intentar comprender y resolver los problemas antes de tomar la decisión sobre la intervención médica a realizar; hoy, en cambio, la regla que impera en el GIDS (Gender Identity Development Service, Servicio de Desarrollo de la Identidad de Género], perteneciente a la Fundación Tavistock & Portman, la controvertida clínica que pertenece a la Seguridad Social Inglesa) es iniciar la terapia hormonal en niños y adolescentes muy jóvenes después de sesiones de tres horas.

En opinión de estos expertos, se trata en muchos casos de niños sanos, medicados a causa de las presiones del lobby transgénero y la angustia de los padres.

El psicoanalista Marcus Evans dimitió de la clínica porque consideraba que los médicos ofrecían como «solución rápida» a cualquier problema la reasignación de género, opinión que compartía un grupo de padres convencidos de que la clínica empujaba a los jóvenes «a decisiones que les cambian la vida sin valorar antes, plenamente, su historia personal».

Los cinco médicos han manifestado su preocupación por el escaso conocimiento que tienen los jóvenes y sus familias sobre el impacto que tendrá la terapia hormonal en la fertilidad y la función sexual cuando sean adultos: en el GIDS no es posible hablar de «consentimiento informado», porque discutir de las consecuencias futuras es un tema tabú.

El profesor Carl Heneghan, director del Center of Evidence-based Medicine [Centro de Medicina basada en la Evidencia] de la Universidad de Oxford, se ha hecho eco de las preocupaciones del personal del GIDS, y en un largo editorial ha manifestado su gran temor sobre la seguridad de las terapias farmacológicas utilizadas: «Dada la escasez de evidencias científicas que las apoyen, la utilización no autorizada de fármacos para usos no cubiertos por la licencia del mismo en el tratamiento de la disforia de género se traduce en un experimento en vivo, no regulado, sobre niños».

«Es un experimento en vivo, no regulado, sobre niños»

Según varios médicos que formaban parte del personal que tenía que decidir si interrumpir con los bloqueadores hormonales el desarrollo sexual de los pacientes, algunos de ellos jovencísimos, en los últimos tres años niños y adolescentes han iniciado el recorrido de transición sin que los expertos tuvieran tiempo de valorar las causas de su «confusión» de género. A menudo, historias personales complejas o una posible homosexualidad han sido totalmente ignoradas ante la prisa por aceptar la nueva identidad transgénero del paciente.

Los cinco médicos afirman que las organizaciones sociales transgénero, como Mermaids, tienen una responsabilidad fundamental en la promoción, entre los padres, de la transición de género como única «cura» para sus hijos. Sobre Mermaids está luchando activamente la plataforma ciudadana CitizenGO en Reino Unido, para que no se les deje dar charlas en colegios de primaria del país.

Los médicos también denuncian presiones por parte de la clínica, que empujaba a los jóvenes a los tratamientos, a pesar de que los médicos consideraran que estos no eran en el mejor interés de sus pacientes.

La clínica se atrinchera detrás de los eslóganes: «En el centro de nuestro trabajo está el bienestar de los jóvenes», «Un número cada vez mayor de estudios internacionales ha demostrado que a día de hoy ‘hay pocas evidencias de daños’», dice el director Polly Carmichael, que está controlando los progresos de 44 jóvenes que iniciaron en 2011 el bloque hormonal de la pubertad, garantizando que toda la documentación científica disponible ha sido discutida con las familias.

Y sin embargo, los médicos aseguran que muchos niños han aceptado cambiar de sexo tras haber sido objeto de acoso homofóbico, ya que muchos de ellos no estaban seguros de su orientación sexual.

The Guardian ya se había ocupado de este tema: un informe del año pasado, firmado por el ex jefe de personal de la clínica Tavistock, David Bell, había puesto en evidencia el hecho de que algunos niños habían asumido una identidad trans como solución «a múltiples problemas como abusos en el ámbito familiar, el luto, la homofobia y una incidencia muy significativa del trastorno del espectro autista», a menudo tras haber tenido acceso a «recursos online».

A menudo, los jóvenes entraban entusiasmados tras haber seguido a Alex Bertie, un transexual YouTuber, y visto My Life: I Am Leo [Mi vida: soy Leo], un documental sobre un adolescente transexual emitido por la CBBC, convencidos de que la transición es fácil e indolora, como en una serie de televisión.


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