Imagen referencial /Pixabay
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En el mundo occidental hace ya muchos años que las mujeres alcanzaron la igualdad ante la ley y la igualdad de oportunidades con los hombres. Esto saca de quicio al feminismo izquierdista.

A pesar de esa conquista de la igualdad para las mujeres occidentales, las feministas de izquierdas siempre están buscando alguna excusa para intentar convencernos de que las mujeres están más oprimidas que nunca por culpa del patriarcado y del capitalismo. Ayer un periódico socialista, el diario español El País, publica un delirante artículo en el que señala un nuevo objetivo para el movimiento feminista: que las mujeres se dejen bigote.

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El artículo recuerda los tiempos en las que las feministas proponían no depilarse las axilas: “Los sobacos peludos se convirtieron entonces en un instrumento de expresión política: símbolo de liberación, llegaron a tener ciertas connotaciones sexys”, comenta el diario. Después de lanzar esta afirmación, El País va aún más allá y publica esta consigna: “El bigote es tan consustancial a las mujeres como los pechos o el clítoris”.

En los siguientes párrafos, el propio diario indica que las estadísticas demuestran que las propias mujeres rechazan la idea de dejarse bigote, con más energía que la idea de no depilarse las piernas o las axilas. El País califica como “valentía” que una mujer se deje bigote para contradecir lo que considera una convención social. Pero podría añadir que no es la única convención social ligada con la higiene.

También es algo natural que una persona eche ventosidades: cabe preguntarse cuánto tardará El País en lanzar una campaña a favor de la normalización de los pedos femeninos, afirmando que su ausencia es un signo claro de opresión machista.

El objetivo de la nueva izquierda: acabar con la naturaleza humana

El diario socialista cita a la profesora feminista Karin Lesnik-Oberstein para afirmar que “el vello del cuerpo es un tabú hasta para las propias feministas”. ¿Y si resulta que es algo biológico, y no sólo cultural, que las mujeres se preocupen por su aspecto físico? “Al fin y al cabo, no deja de ser cierto que más bigote en una mujer indica mayor nivel de testosterona”, reconoce por un momento el diario. La testosterona es una hormona sexual dominante en los hombres, igual que los estrógenos y la progesterona son hormonas sexuales femeninas.

Y es que la lucha del feminismo izquierdista no es contra el “patriarcado”, sino contra la naturaleza humana. Los nuevos marxistas, incapaces ya de convencer a alguien con el dogma de la lucha de clases, han querido trasladar ese esquema a las relaciones entre hombres y mujeres. Recordemos que la comunista Shulamith Firestone, una de las ideólogas del feminismo de tercera ola, escribió que “la meta definitiva de la revolución feminista debe ser, a diferencia del primer movimiento feminista, no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente”. Por eso la nueva izquierda la ha declarado la guerra a la biología.

Se trata de una guerra abocada al fracaso igual que lo estaba la lucha de clases. El comunismo aspiraba a una sociedad que llevase la igualdad a unos extremos absurdos, incluso a costa de suprimir esas libertades en las que estriban gran parte de nuestras diferencias. Al fin y al cabo, la posibilidad de que uno sea más o menos rico depende en gran medida de los riesgos que esté dispuesto a asumir con su dinero. Tras el fracaso del comunismo en su lucha contra la libertad, ahora se propone un enemigo aún mayor: la naturaleza humana, y concretamente los efectos del dimorfismo sexual del ser humano. Hombres y mujeres somos diferentes y complementarios por naturaleza, pero para los nuevos marxistas lo que ocurre en realidad es que los hombres oprimen a las mujeres por el mero hecho de parecer hombres.

El País’ considera «machista» que los hombres se rasquen la barba

Un claro ejemplo de ello lo podemos encontrar en el mismo periódico que hoy defiende que el bigote “está claramente llamado a ser el último símbolo de la lucha feminista”: hace dos años El País publicó otro delirante artículo en el que tachaba de “estereotipos machistas” que los hombres se rasquen el mentón o la barba, incluso el mero hecho de “abrazarse dando fuertes palmetazos en la espalda” y “sentarse con las piernas muy separadas”. 

La conclusión está cada vez más clara: como propuso Shulamith Firestone, la nueva izquierda no quiere que las mujeres parezcan mujeres ni que los hombres parezcan hombres; pretende una sociedad asexuada, cada vez más parecida a la que buscaba Mao pretendiendo uniformar a todos los chinos de la misma manera. La izquierda no sólo no ha aprendido nada del estrepitoso fracaso del comunismo, sino que además pretende repetirlo a costa de nuestra naturaleza y, una vez más, a costa del sufrimiento ajeno.

.* Publicado originalmente en Contando Estrelas

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Nacido y residente en Vigo. Diseñador web y gráfico con 18 años de experiencia, aficionado a la fotografía y bloguero. Publica desde 2004 el blog "Contando Estrelas", en el que ha escrito más de 9.000 artículos sobre temas de actualidad, cultura, defensa y nuevas tecnologías. Participa desde hace muchos años en el movimiento cívico: es socio de HazteOir.org desde 2003, socio de Galicia Bilingüe desde sus inicios en 2007, miembro de la Red Liberal desde 2008 y colaborador de CitizenGO desde 2013. Admirador de J.R.R. Tolkien, su pseudónimo es una palabra en idioma quenya (la lengua élfica creada por el escritor británico) que significa "observador de estrellas”.