Eugenio Gay, exmagistrado del TC y auditor en el Sïnodo / Imagen Youtube

El matrimonio español formado por María Monserrat Rosell Torrus y el exmagistado del Tribunal Constitucional, Eugenio Gay Montalvo han expuesto en calidad de auditores del Sínodo de la Familia  «su experiencia en la defensa de los derechos humanos». Gay Montalo ha defendido que «la dignidad de la persona es única, exclusiva e intransferible y que debe ser la base del ordenamiento jurídico».

El Vaticano ha hecho público este martes el discurso de este matrimonio y de otros 14 auditores participantes en esta asamblea que finaliza el próximo 25 de octubre. Esta pareja de Barcelona, que lleva 44 años casada, ha relatado cómo la experiencia de servicio a los demás les ha ayudado en su matrimonio.

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En su intervención, Gay Montalvo ha relatado que Montserrat colabora con «las Hijas de la Caridad, que asisten a mujeres excluidas o en grave riesgo de exclusión, prestándoles asilo y asistencia para su reinserción social». Además, ha explicado que él ha dedicado su vida profesional al derecho como abogado y al final de su carrera como magistrado y vicepresidente del Tribunal Constitucional de España, puesto desde el cual defendió la independencia de Cataluña.

«La dignidad de la persona es única, exclusiva e intransferible»

“La dignidad de la persona es única”

En este sentido, ha resaltado que en su labor como jurista tanto en el ejercicio de la abogacía como en el de la más alta magistratura de España tuvo siempre presente «que la dignidad de la persona es única, exclusiva e intransferible y que debe ser la base del ordenamiento jurídico de los países y de la propia Comunidad Internacional».

Así, ha explicado que durante los años 80 coordinó y dirigió el grupo de juristas de Pax Romana, en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas y que participó también en varias misiones de derechos humanos.

«Ello supuso para mí un verdadero revulsivo. Pues conocí cárceles muy distintas de las que ya conocía; escuché a infinidad de víctimas de la violencia, así como a familiares de asesinados y desaparecidos. Siempre sentí que Jesús estaba muy cerca de ellos y que además era su único consuelo y su esperanza«, ha expresado.

Finalmente, ha resaltado la filiación divina de todos y el valor de la institución de la familia. «¡He aquí el valor de la familia! Por ello nada más sagrado en el género humano que la dignidad que nos iguala y nos urge a formar una sola familia», ha concluido.

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