Extransexual: «Siempre supe que me tendría que hacer un examen de próstata»

Diego Torres se ha convertido hoy en un enemigo para los lobbies LGTBI de Uruguay, después de abandonar un tortuoso camino transexual y recuperar su naturaleza viril. Un abuso sexual desencadenó en él una serie de vacíos que trató de tapar con drogas, hormonación y tacones.

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«¿Quién es Diego? ¿quién fue Diego? ¿Cuándo Diego dejó de ser Diego?» Así comienza la entrevista que el politólogo argentino Agustín Laje -conocido por desenmascarar las entrañas de la ideología de género- mantiene con Diego Torres, un hombre que se hormonó y estuvo a punto de cambiarse el nombre mientras militaba en grupos LGTBI.

El joven uruguayo Torres cuenta cómo en un entorno familiar en el que no le faltó nada material, escondió a sus padres que fue víctima de un abuso sexual por parte de otro varón en un acto en el que «perdí la dignidad como varón».

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Este hecho le marcó tanto que a partir de los 13 años comenzó a tener relaciones con otros chicos. Poco después mientras estudiaba arte dramático, comenzó a frecuentar el ambiente LGTBI y a militar en sus organizaciones.

A los 18 años le propusieron comenzar a vestirse de mujer para prosperar en su carrera artística. Lo que comenzó como una estrategia para tratar de lanzar una carrera artística desembocó en el comienzo de un proceso de hormonación durante 4 meses comprando anticonceptivos femeninos, sin necesidad de prescripción médica. Respecto a las consecuencias de la hormonación, Torres confiesa que en este momento se está haciendo pruebas sobre un posible cáncer de testículos y por problemas de fertilidad.

En paralelo, comenzó con el consumo de drogas (que desde su experiencia es mayoritario en el ambiente LGTBI). Primero marihuana, luego cocaína. Al principio, un gramo para el fin de semana; después, 15 gramos al día.

Entonces vivía en Argentina y la mezcla de drogadicción y hormonación no le hizo nada bien. De vuelta a Uruguay, comenzó la rehabilitación, en la que se empieza a plantearse quién era porque «sentía un gran vacío». Aunque no se había cambiado el nombre en el registro, sus amigos se dirigían a él en términos femeninos. Comprendió entonces que existe un «diseño original» por el que se pudo a luchar, porque «los vacíos venían de otro lado». 

Diego Torres niega haber pasado por la disforia de género, en el sentido de sentirse una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre. Al contrario, lo describe de una manera muy gráfica: «Siempre entendí que iba a llegar un momento en mi vida en que me iba  atenr que hacer un examen de próstata».

A día de hoy, Diego Torres está amenazado y perseguido por los lobbies LGTBI.

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