Emily Thomes vivió como lesbiana hasta los 22 años, cuando comenzó un camino de cambio. Ha recibido amenazas por contarlo.
Emily Thomes vivió como lesbiana hasta los 22 años, cuando comenzó un camino de cambio. Ha recibido amenazas por contarlo.

La disidencia no es admisible para los grupos de presión LGTBI, que dictan ‘fatwas’ civiles para todo aquél que cuestione los planteamientos de la ideología de género.

Pero se vuelve aún más radical cuando la discrepancia, o el simple alejamiento, la emite alguien que ha abandonado su barco.

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Es el caso de Emily Thomes quien, el pasado mes de diciembre, hizo público un vídeo a través de la página del grupo evangélico Anchored North en el que explica cómo abandonó una vida de promiscuidad y desenfreno homosexual, como ya han hecho otros exLGTBI con anterioridad.

Los responsables de Anchored North califican como “inquietantes” las violentas reacciones de los LGTB, que incluyen deseos de “una muerte lenta y dolorosa” contra Emily y los trabajadores de Anchored North.

En el vídeo de 4 minutos que ya ha captado la atención de más de dos millones de internautas en menos de un mes, Emily cuenta su transformación.

En él la chica, ahora casada con un hombre y en estado de buena esperanza, detalla cómo su vida como lesbiana fue “súper salvaje” y cómo mantuvo “relaciones en serie con mujeres” durante años.

“Es deshonesto e infantil descalificar la historia y la cuenta personal de alguien como ‘lavado de cerebro’  sólo porque no se está de acuerdo con la posición de la persona”, explica el responsable de Anchored North

A los 22 años acudió a un grupo de estudio de la Biblia y, con el paso del tiempo, fue descubriendo que su comportamiento lésbico no le daba la felicidad que buscaba y que era momento de cambiar.

Según explica a The Christian Post Greg Sukert, responsable de Anchored North, es “increiblemente deshonesto e infantil descalificar la historia y la cuenta personal de alguien como ‘lavado de cerebro’  sólo porque no se está de acuerdo con la posición de la persona”.

Al tiempo, incide en que las amenazas e insultos de los activistas LGTBI suelen argumentar además que Emily, o se miente a sí misma, o nunca fue lesbiana y vivía una mentira, o en realidad es bisexual.

Sukert no está de acuerdo en calificar el proceso vital de Emily como “terapia de conversión”.

A su juicio, lo ocurrido en su vida está lejos de una “práctica pseudocientífica de tratar de cambiar la orientación sexual de un individuo usando intervenciones psicoloógicas o espirituales”.

Se trataría pues, de un proceso de transformación a la luz del Evangelio, de un “milagro”, porque “a través de Dios las personas pueden apartarse del mal”. 

“Creemos en Dios cambiando milagrosamente los corazones y deseos, no en los humanos modificando la orientación sexual de los demás a través de la terapia de conversión”, añade Sukert.

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