Camisetas con la cara de Ernesto Guevara y Francisco Franco.
Camisetas con la cara de Ernesto Guevara y Francisco Franco.

Hace unos días, entrevisté al diplomático Inocencio Arias. Dijo que Franco “no era tan idiota como dicen” y también que es “una memez” sostener que los diplomáticos españoles que salvaron a miles de judíos de las garras de los alemanes y sus aliados “actuaban a espaldas o en contra de Franco”. ¿Estamos ante una apología del franquismo?

En uno de mis últimos artículos, describo los bombardeos de pan blanco realizados por la aviación nacional en Madrid, Alicante y Barcelona durante la guerra. Contar el hambre estremecedora que pasaban los madrileños, mientras los repugnantes obesos de Negrín, Azaña, Prieto y Miaja comían a dos carrillos, ¿es apología del franquismo? ¿Y decir que en la zona franquista no hubo racionamiento?

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Sacar a la luz los sumarios que demuestran que Marcos Ana y otras ‘víctimas del franquismo’ fueron encarceladas o ejecutadas por haber asesinado a compatriotas indefensos, ¿también es apología del franquismo?

Decir que el PSOE actual es un invento de los servicios de información del franquismo y que montó los GAL, ¿será delito?

Los moderado pensaban de buena fe que una vez exhumado el cuerpo de Franco del Valle de los Caídos (adonde le llevó una orden del ‘motor de la Transición, el Rey Juan Carlos) la izquierda se calmaría. Pero el PSOE y la extrema izquierda necesitan a Franco como un drogadicto necesita su dosis. De modo que ahora tienen que buscar franquismo hasta en la judicatura, donde no queda nadie que, a diferencia de algunos ministros del PSOE y candidatos de Podemos, jurase los Principios Fundamentales del Movimiento.

El franquismo nunca morirá en España, como la ‘emergencia climática’, porque es un asunto de dinero y, también, de poder, de control de las mentes. Por eso titulé mi libro Eternamente Franco.

Los hinchas del partido del extremo centro tratan de justificar su sempiterna inacción asegurando que estamos una cortina de humo y que el Gobierno socialista-comunista-abertzale-catalanista-turolense no puede criminalizar las opiniones. Lo dicen los mismos que repiten que en los colegios de Madrid no entran las feministas a enseñar a odiar a los varones.

El franquismo nunca morirá en España como tampoco lo hará la emergencia climática. Es un asunto de poder y dinero

Y es cierto que el Gobierno tiene difícil reintroducir en el Código Penal el delito de opinión, como pasaba en el régimen franquista, donde no existía más que un partido, y los comunistas iban a la cárcel. Por cierto, no había socialistas en la oposición a Franco. El PSOE resucita gracias a que los servicios de información del franquismo (el SECED), la CIA y la Internacional Socialista inyectaron dinero y tutelaron a los jóvenes del interior para jubilar a las momias como Rodolfo Llopis y así formar una izquierda que frenase al PCE.

Una sentencia de 2007 del Tribunal Constitucional deja claro que el legislador no puede restringir la libertad de expresión de las ideas que le disgusten: “nuestro ordenamiento constitucional no permite la tipificación como delito de la mera transmisión de ideas, ni siquiera en los casos en que se trate de ideas execrables por resultar contrarias a la dignidad humana que constituye el fundamento de todos los derechos que recoge la Constitución y, por ende, de nuestro sistema político”.

¡Pero quién iba a pensar que el Tribunal Supremo aprobaría por unanimidad el deseo del Gobierno de fijar el lugar de enterramiento de un fallecido!

Lo importante no es la economía, como pretendía el indolente Rajoy, sino la ‘guerra cultural’

Entonces, el anuncio de Adriana Lastra (a cuyo lado Elena Valenciano parece ingeniera de caminos, canales y puertos), ¿es una cortina de humo para que no se hable de “lo importante”, como decía Rajoy, el modelo de los moderados? Pero, ¿qué es “lo importante”? ¿La reunión del ministro Ábalos con Delcy Rodríguez en Barajas, vulnerando las resoluciones de la UE y mintiendo varias veces?, ¿ el coronavirus?, ¿la expansión por Marruecos de sus aguas territoriales a costa de las españolas?, ¿la caída de la natalidad?, ¿la cesión de Sánchez ante partidos tan poco sociales como el PNV y Jx3percent?

No, lo importante para estas gentes tan tranquilas, prudentes y reflexivas, que ser ciudadanas de EEUU jamás habrían votado a Donald Trump por sus modales y por estar contra el libre mercado absoluto, es “la economía”.

La izquierda está convirtiendo a un abuelo de voz de pito muerto hace 44 años en un símbolo de inconformismo. Como las camisetas del Che

En realidad, y en Actuall no dejamos de recalcarlo, lo importante es el control de las mentes y la manipulación de las almas. Bruselas y el BCE vigilan la economía española y a ésta le pasará lo mismo que le pase a la alemana y la francesa. Este asunto no se toca, porque entonces los verdaderos dueños se enfadan.

Entonces, ¿dónde pueden las izquierdas hacer su revolución? En los mismos lugares donde los nacionalistas llevan décadas triunfando: colegios, universidades, medios de comunicación y costumbres.

Para apuntalar su pretensión de ser la clase moralmente superior, las izquierdas necesitan dominar los discursos públicos. Y ya no les basta apoderarse de las cátedras y la prensa de papel. ¡Las universidades están desprestigiadas y los periódicos los lee cada vez menos gente! Tienen que abalanzarse sobre las redes sociales, los libros y hasta las charlas cotidianas en los bares, de manera que cada persona sospeche de que tiene al lado a un delator. Para los disidentes, ignominia; y cuando son demasiados, multa y cárcel, para amedrentarlos.

¿Cómo los ‘moderados’ aceptan la superioridad moral de los partidos que se niegan a investigar la red de pederastas de Mallorca?

¿En qué podemos ver los efectos de esta campaña? Por ejemplo, en que no se puede honrar en las calles de las ciudades españolas ni en los libros de texto a ningún personaje del siglo XX que no sea izquierdista, o separatista, o haya recibido la aprobación de éstos.

Los militantes del partido que montó escuadrones de la muerte como los GAL, que ha robado cientos de millones de euros en Andalucía y Asturias, que se encuentra a gusto con terroristas como Arnaldo Otegui y condenados como Oriol Junqueras, que se niega a investigar la red de pederastia en Mallorca, a mí no me dan lecciones ni de moral ni de democracia. ¿Qué les pasa a los moderados para aceptarlas de gente que defiende a ‘sus’ ladrones porque robaban dinero público, pero no se lo quedaban?

Ahora la izquierda va a convertir a Franco, ese abuelo calvo y bajito, con voz de pito, al que daba pena verle en la televisión en sus últimos años, en una figura de resistencia y de inconformismo. A mí me preguntan por el general críos que no han cumplido los veinte años y quieren escuchar la versión contraria a ‘Cuéntame’. Veremos la cara de Franco en camisetas, como la del Che. Al tiempo.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).