El Parlamento Europeo ha equiparado nacional socialismo y comunismo en una propuesta para una resolución en común dictada el 18 de septiembre de 2019. El texto es un sílabo con 16 consideraciones, la primera de las cuales hace referencia a los derechos humanos, 13 consideraciones históricas y 22 sentencias, entre las que están las siguientes: “Recordamos que los regímenes nazi y comunista realizaron asesinatos masivos, genocidio y deportaciones, y causaron una pérdida de vidas y libertades en el siglo XX a una escala jamás vista en la historia de la humanidad”. 

Sobre esa base, dice, “condenamos toda manifestación y propagación de las ideologías totalitarias, como el nazismo y el comunismo en la UE”. Condena así mismo el revisionismo del pasado de ambos totalitarismos. Y pide que el 23 de agosto, aniversario del pacto Molotov-Ribbentrop, sea declarado día de recuerdo de las víctimas del totalitarismo en Europa. 

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Lo más despreciable de Europa ha mostrado su sincero descontento, cuando no indignación, ante tal declaración. Caso típico es el de un Pedro López López, un comunista incrustado, cómo no, en nuestra universidad, que defiende los regímenes que han llevado a la muerte a cien millones de personas por la concienzuda y sistemática aplicación de sus ideas y en consecuencia dice de sí mismo que es un activista de derechos humanos. 

López López ofrece un argumento que es el que se espera de un profesor de la Universidad Complutense, o de un suspenso en Bachillerato. Él ha mirado el diccionario de la Real Academia, y ahí viene que el comunismo es bueno y el nacional socialismo, malo. Como incluso para él su argumento se queda corto, dice que el estalinismo fue una desviación del verdadero comunismo. Como si no le hubieran brillado los ojos ante el padrecito Stalin de haber tenido la ocasión de conocerle. Y como si Lenin no fuera quien crease la maquinaria de exterminio masivo del comunismo, que ralentizó por motivos tácticos, y de la que Stalin fue sólo el heredero. 

Lenin: ‘Reharemos el mundo’. Hitler: ‘Construiremos un mundo nuevo, contra la degradación actual’”. Lo hicieron

Open Democracy, un think tank dedicado abiertamente a destruir la democracia en la medida en que ésta opte por políticas no progresistas, también sangra por la herida. Qué desastre es equiparar nazismo y comunismo. La resolución podría parecer razonable a un lector desatento, con todo ese rollo del totalitarismo y los derechos humanos, pero “¿es razonable hacer esa comparación entre el nazismo y otros regímenes autoritarios de la era moderna?”. Lenin y sus sucesores son una sombra de Franco, como mucho. 

Hay dos marcas de la abyección en política, que son el antifascismo y el anti anticomunismo. El fascismo es otro socialismo abyecto y aborrecible, y los que son igualmente despreciables se enfundan en la lucha contra su odiado hermano para ganar legitimidad. En nombre del antifascismo se lucha contra quienes de verdad estamos en contra del fascismo.

Peor aún es el anti anticomunismo, esa plaga de los medios de comunicación del siglo XX, que no hay quien fumigue. No tienen el valor de defender la ideología con mayor vocación genocida de la historia, con mayor resolución y empeño en devorar ciudadanos y con mayor éxito. Pero saltan como perros ante cualquier crítica al comunismo o a su implantación. O ponen una sonrisa irónica; una sonrisa que no se hiela ante ningún crimen en nombre de su favorecido comunismo.

Me permitirá mi hermano Mario Noya que le cite y recuerde los paralelismos de Lenin y Hitler, los dos grandes destructores del mundo civilizado y constructores del socialismo. Recoge, al reseñar a Luciano Pellicani: “Lenin (a Stalin): ‘Purificaremos Rusia para mucho tiempo’. Hitler: ‘Purificar la nación del espíritu judío no es posible de forma platónica’. Lenin: ‘Reharemos el mundo’. Hitler: ‘Construiremos un mundo nuevo, contra la degradación actual’”. Lo hicieron. Y hoy todavía tenemos a quien tiene, como decía Jean Francois Revel, un totalitarismo preferido. 

Comentarios

Comentarios