El padre Pro fue victima del odio antirreligioso de las leyes Calles.
El padre Pro fue victima del odio antirreligioso de las leyes Calles.

Hoy 23 de noviembre hay función solemne en el templo de la Sagrada Familia de la Ciudad de México.

Un templo que está a cargo de la Compañía de Jesús y que conserva las reliquias de uno de los mártires más populares del catolicismo mexicano. El beato Miguel Agustín Pro.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Quien haya visto la película “Cristiada” que se exhibió en varios países del Mundo Hispánico habrá tomado conciencia de cómo, durante tres años, los católicos mexicanos sufrieron una de las persecuciones más crueles en toda la historia de la Iglesia.

Una persecución sangrienta a la cual respondió virilmente el pueblo levantándose en armas y poniendo en serios aprietos al gobierno del dictador Plutarco Elías Calles.

Fue durante aquella epopeya que se desarrolló la vida y apostolado de un joven jesuita que había nacido en Guadalupe (Zacatecas) en 1891, que se había formado en Europa y que regresó a México justo cuando el conflicto religioso estaba a punto de estallar.

Durante aquellos aciagos tiempos –en que estaba prohibido el culto religioso- el Padre Pro se las ingenió, poniendo en riesgo su vida, para oficiar Misa, impartir los sacramentos y realizar incontables obras de caridad.

Un joven apóstol que era sumamente simpático y a quien ya en vida quienes le trataron tomaron plena conciencia de que era un santo quien trataba con ellos.

Esto provocó la furia de los esbirros de Calles para quienes fue toda una obsesión capturarlo y darle muerte.

Sin embargo, el Padre Pro, sin perder para nada su sentido del humor, sabía disfrazarse y burlar siempre a sus perseguidores.

La hora del martirio del Padre Pro llegó cuando la policía se las ingenió para implicarlo en un intento de asesinato contra el general Álvaro Obregón.

El verdadero autor del atentado, Luis Segura Vilchis, declaró ante las autoridades que era él y solamente él el único responsable.

No sirvió de nada. Calles tenía ya a la presa entre sus garras y no pensaba soltarla.

Fue así como, sin haber sometido a un juicio en el cual hubiese podido probar su inocencia, el Padre Pro, junto con otros, fue fusilado el 23 de noviembre de 1927.

Su sepelio fue toda una manifestación de religiosidad popular ya que en el camino hacia el panteón, miles de devotos aclamaban al nuevo mártir de Cristo Rey.

Pasaron los años y durante mucho tiempo –quizás por temor a provocar al Sistema o quizás debido a las calumnias que enlodaban al Padre Pro- la Iglesia nada hizo por llevar al mártir jesuita a los altares.

Tuvieron que pasar más de seis décadas desde su muerte para que llegase un Papa que, alejado de todo tipo de respetos humanos, tuviera el valor de beatificar al Padre Pro. Esto ocurrió el 25 de septiembre de 1988.

Desde entonces el número de fieles que acuden al templo de la Sagrada Familia va en aumento y todos se mantienen a la espera de que un milagro obrado gracias a la intercesión del Padre Pro dé paso a su canonización.

No obstante, existe otra vía canónica que podría acelerar dicho proceso.

Dicha vía sería la llamada “canonización equivalente” que se da cuando un candidato a los altares goza de fama de santidad y cuenta con gran veneración popular.

La canonización equivalente fue la que llevó a los altares tanto a San Juan XIII como a San Junípero Serra.

Considerando que, desde el momento mismo de su martirio, el Padre Pro fue venerado por el pueblo que en él veía a un santo y que dicha veneración ha ido en aumento, la Santa Sede bien podría canonizarlo mediante el proceso de la canonización equivalente.

De este modo el popular y simpático mártir jesuita de tiempos de la Cristiada pasaría a engrosar la larga lista de sacerdotes y seglares mártires que dieron su vida por Cristo en aquellos años turbulentos.

Los restos del Padre Pro así como la ropa que llevaba puesta en el momento de su martirio se ofrecen a la veneración de los fieles en el templo de la Sagrada Familia de la Ciudad de México.

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Abogado, historiador y periodista. Editorialista de el Heraldo de México (1973-2003). Colaborador de varias revistas mexicanas y españolas. Corresponsal en México de la revista Iglesia-Mundo (1981-1994). Autor de 'La cruzada que forjó una patria' (1976); 'Forjadores de México' (1983); 'Los mitos del Bicentenario' (2010) e 'Isabel la Católica. Su legado para México (2013).