Recientemente, el terrorista Ilich Ramírez Sánchez, más conocido como Chacal o Carlos, afirmaba querer “tomar el poder” en su Venezuela natal y eliminar a “la escoria de su país”. Se refería, obviamente, a la oposición a Maduro.

Chacal, que pese a ser venezolano se siente “palestino” -la mayor parte de sus salvajadas las perpetró en nombre de la “causa”-, es considerado un héroe por la izquierda hispanoamericana, ya desde tiempos de Chávez. En la actualidad, el terrorista cumple tres cadenas perpetuas por varios asesinatos en suelo francés, aunque su lista de crímenes por todo el mundo es sumamente extensa.

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Él mismo, de hecho, admitió en sede judicial haber participado en un centenar de atentados que habrían causado la muerte de más casi 2.000 personas. Sin embargo, lo que pudo haber sido su acción más espectacular se abortó gracias a la colaboración de dos servicios secretos legendarios: la Santa Alianza vaticana y el Mossad israelí.

En 1973 Golda Meir recibió una comunicación secreta de la Secretaría de Estado Vaticana según la cual Pablo VI se mostraba dispuesto a recibirla en una audiencia privada. La posibilidad de que el Vaticano reconociera al estado de Israel -aún no mantenían relaciones diplomáticas- hacía que mereciese la pena correr riesgos. Riesgos que consistían, fundamentalmente, en un atentado contra Golda Meir, así que ambos servicios secretos se pusieron manos a la obra. Por la Santa Alianza, el hombre elegido para coordinar la operación fue el padre Carlo Jacobini, uno de sus mejores agentes. Por el Mossad, su memuneh -nombre bíblico de uno de los ángeles custodios- o jefe supremo, Zvi Zamir.

A pesar de la discreción mantenida por ambas delegaciones, el padre Jacobini tuvo conocimiento de que un sacerdote destinado en la Secretaría de Estado había filtrado el plan de vuelo de la premier israelí, y que esa información había llegado a manos de Ali Hassan Salameh, líder Septiembre Negro.

Se supo también que los terroristas palestinos tenían intención de atacar con misiles el avión de El-Al en cuanto aterrizase. Puesto sobre alerta el DIGOS -grupo de operaciones especiales de los carabinieri-, se activó un dispositivo de vigilancia que dio sus frutos al detectarse una furgoneta sospechosa cerca de las pistas del aeropuerto Leonardo da Vinci.

El sexto sentido del director del Mossad le hizo reparar en que el vehículo disimulaba en su parte trasera dos orificios desde los que podía salir disparado un misil. Sin pensarlo dos veces, embistió con su coche a la furgoneta y, como suponía, en su interior se escondían los dos terroristas de Septiembre Negro, dispuestos a matar a Golda Meir. La cumbre entre ambos mandatarios se saldó con un acercamiento entre ambos países y una eficiente cooperación entre sus dos servicios secretos.

Gracias a ello, el Mossad pudo advertir tres años después a sus colegas vaticanos que el Chacal, junto a otros “compañeros” de la Baader Meinhof, pretendía asesinar al mismísimo Pablo VI. Sin contar ya con el factor sorpresa, el terrorismo palestino optó por cambiar de objetivo: en vez de atentar contra el papa, lo harían contra un avión de pasajeros. Eligieron un vuelo de Air France que salía de Tel Aviv con destino París…y eligieron mal.

El vuelo en cuestión fue secuestrado y desviado al aeropuerto de Entebe -Uganda- donde un grupo de comandos israelíes los rescató y acabó con la vida de todos los terroristas. Sólo tuvieron una baja, la de comandante Yoni Netanyahu, hermano del actual ministro Benjamin Netanyahu.

Sea como fuere, ni Carlos logró entonces su objetivo, ni muchos como él posteriormente. Gracias, quizá, a operaciones similares de las que jamás tendremos detalle pero que, a buen seguro, han salvado un buen montón de vidas.

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