Detalle de la estatua dedicada a la emigración en Vigo /Ramón Conde CC BY-SA 3.0
Detalle de la estatua dedicada a la emigración en Vigo /Ramón Conde CC BY-SA 3.0

Quien visite el Puerto de Veracruz (México), enfrente del tradicional Café “La Parroquia” podrá apreciar una estatua que representa al típico emigrante español que eligió precisamente Veracruz como puerta de entrada a México.

Pues bien, como pedestal a dicha escultura, unas frases que citamos a continuación: “En recuerdo de todos los emigrantes españoles que llegaron a México por este puerto en busca de un mejor futuro y que con su trabajo han contribuido a engrandecer a esta generosa y hospitalaria gran nación mexicana”.

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Mucho, muchísimo es lo que se ha escrito acerca de la influencia cultural de España en México.

Influencia que tuvo como principales protagonistas a los conquistadores y a los misioneros. Los conquistadores pacificando los territorios que se iban descubriendo. Los misioneros predicando la fe de Cristo y castellanizando a los neófitos.

Sin embargo, es poco lo que se ha escrito acerca de la gran obra realizada por los emigrantes españoles que llegaron a estas tierras en busca de un porvenir más prometedor.

Es del dominio público que la gran mayoría de los conquistadores procedían de Extremadura; sin embargo, en el caso de los emigrantes que salieron de España a partir de la segunda mitad del siglo XVIII la gran mayoría procedía de tierras situadas al norte de la meseta castellana, concretamente León, Galicia, Asturias, Santander y las Vascongadas.

Una constante que se fue repitiendo a lo largo de los siglos XIX y XX

Pues bien, aquellos humildes aldeanos que como único patrimonio llevaban consigo las ganas de salir adelante encontraron en México una auténtica tierra de promisión.

Una vez establecidos en la que antaño fuera la Nueva España, a base de trabajo y ahorro lograron formar capitales que muy pronto se transformaron en industrias creadoras de riqueza y que proporcionaron empleo a miles de mexicanos.

Cuando popularmente se dice que los emigrantes “hicieron la América”, dicha frase suele interpretarse en el sentido de que prosperaron enriqueciéndose. Consideramos que dicha interpretación es inexacta.

La mayoría de los españoles emigrantes se casaron con mujeres mexicanas con lo cual contribuyeron a reforzar el mestizaje iniciado siglos atrás

Mas bien habría de interpretarse en el sentido de que cuando los emigrantes españoles “hacían la América” lo que en realidad hacían era contribuir a que los países que los recibieron fuesen cada día más prósperos.

Prueba de ello es que el emigrante industrial creaba riqueza al fabricar -valgan los ejemplos- zapatos, muebles o camisas. Al mismo tiempo proporcionaban puestos de trabajo con lo que ayudaban a combatir el desempleo.

Y, por supuesto, pagaban impuestos que el Estado utilizaba para construir carreteras, hospitales, escuelas, asilas, orfanatos y cuanta infraestructura fuese necesaria para el desarrollo de los pueblos.

Ahora bien, aparte de lo anterior, la mayoría de los españoles emigrantes se casaron con mujeres mexicanas con lo cual contribuyeron a reforzar el mestizaje iniciado siglos atrás.

Esa es la explicación por la cual la gran mayoría de los mexicanos cuenta en su árbol genealógico con un cercano antepasado español como pudiera serlo un abuelo o -cuando muy lejano- un bisabuelo.

Sin ir más lejos, el actual presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, es nieto de un español nacido en Cantabria.

Muy oportunas vienen las siguientes frases de José Vasconcelos y con las que rematamos este comentario:

“Por ley natural, el emigrado se mezclaba con la población y creaba afectos nuevos. Si le sonreía el éxito, al final de muchos años, ya le era difícil prescindir de los intereses y relaciones que aquí había formado. Pensar en reintegrarse a la patria de origen, le era cada vez más difícil. Regresaba a veces, pero dejando en el Nuevo Mundo, otra vez, una familia de su propia sangre y para hallar que en el Viejo Mundo también las circunstancias y los afectos habían cambiado. El resultado era un constante desgarramiento y desacomodo de los afectos y no se diga de las circunstancias” (Breve Historia de México. Página 531).

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