Ilustración del asedio a 'Los últimos de Filipinas' en el fortín de Baler.
Ilustración del asedio a 'Los últimos de Filipinas' en el fortín de Baler.

A quienes residimos en México, todo lo relacionado con las Islas Filipinas nos interesa de un modo muy especial.

Y no es para menos puesto que aquel lejano archipiélago del Océano Pacífico fue ganado para la Hispanidad gracias al valor, tenacidad y espíritu misionero de frailes y conquistadores tanto españoles como mexicanos puesto que las expediciones que llegaban a tan remotas latitudes salían desde el Puerto de Acapulco a bordo de la legendaria “Nao de la China”.

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Durante doscientos cincuenta años –un cuarto de milenio- las Filipinas se mantuvieron unidas a la Metrópoli gracias a que la Nueva España (México) servía como punto de enlace.

Asimismo el primer santo mexicano, San Felipe de Jesús, quien fuera martirizado en Nagasaki (Japón) tomó los hábitos en un convento franciscano de Manila.

Todo este preámbulo explica que a los mexicanos el tema filipino los atraiga con la fuerza de un imán irresistible.

Esa es la razón por la cual leímos con creciente interés la novela “Morir bajo tu cielo” obra del prestigiado autor Juan Manuel de Prada.

Juan Manuel de Prada, un joven talento al servicio de España y de la Fe Católica, narra en su obra como fueron los últimos tiempos del dominio español en aquel remoto rincón del continente asiático.

Hacia 1898 –época en que se desarrolla la trama- España había perdido ya todo su imperio de ultramar; tan sólo quedaban Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

En medio de la lucha por mantener aquel trozo hispánico del Pacífico, un destacamento español se atrinchera en la iglesia parroquial del pueblo de Baler, a unos trescientos kilómetros de Manila resistiendo como héroes e ignorando que ya España se había rendido.

Pues bien, la novela de Juan Manuel de Prada trata acerca de la epopeya de los héroes de Baler, aquellos “últimos de Filipinas” que un afamado productor llevara al cine en los años 40 del siglo pasado.

Quien sepa algo de la geografía filipina sabrá que el río Pasig es el más importante de la isla de Luzón puesto que atraviesa la ciudad de Manila para verter sus aguas en una inmensa bahía. Antes de llegar a su desembocadura, el río Pasig va recibiendo diferentes afluentes que lo enriquecen hasta darle un respetable caudal.

Y así como el río Pasig se va enriqueciendo con sus afluentes, de igual manera Juan Manuel de

Prada, a lo largo de los primeros capítulos, va presentando a los principales protagonistas quienes se van incorporando a la novela para llegar todos juntos al desenlace final.

Con una maestría que solamente tiene un puñado de privilegiados, el autor va presentando a los principales personajes y al hacerlo muestra una aptitud descriptiva tan genial que por momentos sentimos que, charlando a nuestro lado, se encuentran el heroico capital Enrique las Morenas o el siniestro holandés traficante de armas.

Asimismo Juan Manuel de Prada hace gala de su gran conocimiento de la flora, fauna, costumbres, alimentos y demás detalles curiosos que enriquecen tan exótico archipiélago.

También aquí, gracias al genio descriptivo del autor, sentimos que sobre nosotros vuela el cálao, que paseamos por las calles de la vieja Manila, que nos perdemos en la selva donde merodean los ilongotes cazadores de cabezas, que sentimos el miedo propio de quien ve como los insurrectos hacen fuego contra la pequeña iglesia, que con repugnancia asistimos a una tétrica reunión de la secta del Katipunán, y que admiramos la nobleza de los misioneros españoles al mismo tiempo que detestamos a los burócratas corruptos que explotaban a tan lejanos súbditos de la corona española.

Una obra en la cual se presenta el drama de un modo real presentando personajes de carne y hueso con sus grandezas y con sus miserias. Una descripción psicológica que muy pocos logran dentro del difícil arte de la novela histórica.

Al final, convencidos de que las Filipinas no eran ya territorio español, los héroes de Baler deponen las armas ante un batallón de admirados enemigos que reconocen su heroísmo presentándoles armas.

Más que una entretenida novela de romance y aventuras, “Morir bajo tu cielo” es una crítica feroz al régimen decadente de Madrid que estaba muy lejos de los ideales hispánicos que ganaron aquellas islas para España y para la Iglesia.

Felipe II, en cuyo honor se le dio nombre a las Filipinas, llegó a decir que en sus dominios jamás se ponía el sol.

Y tenía razón el Rey Prudente puesto que cuando era noche en España y atardecía en el Perú, al mismo tiempo –allá en las Filipinas- aparecían las primeras luces del amanecer.

Cuando en el pequeño pueblo de Baler aquellos héroes arriaron la bandera, ocurrió que en los dominios de España empezó a ponerse el sol.

El sol se ha puesto en Filipinas. Una historia de aventuras, amor, fe y heroísmo que solamente un autor como Juan Manuel de Prada podía narrar con la maestría propia de quien da vida a un cantar de gesta.

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Abogado, historiador y periodista. Editorialista de el Heraldo de México (1973-2003). Colaborador de varias revistas mexicanas y españolas. Corresponsal en México de la revista Iglesia-Mundo (1981-1994). Autor de 'La cruzada que forjó una patria' (1976); 'Forjadores de México' (1983); 'Los mitos del Bicentenario' (2010) e 'Isabel la Católica. Su legado para México (2013).