Imagen de la Casa Blanca
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Fue a mediados de los años 50s. del pasado siglo XX cuando John Fuster Dulles, en aquel entonces secretario de estado del presidente Dwight D. Eisenhower, hizo una afirmación que lo explica todo: “Los Estados Unidos no tienen amigos, sino intereses”

Frase muy dura, ciertamente, pero que, al ser pronunciada por tan importante personaje, adquiere el valor propio de esa confesión que los juristas califican como la madre de las pruebas.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Y por si alguien lo duda vale la pena dar algunos ejemplos.

Dejando para otra ocasión el análisis de como los Estados Unidos le robaron a México más de la mitad de su territorio, analizaremos ejemplos más recientes.

Fidel Castro sube al poder en Cuba en enero de 1959 y, a pesar de que la isla se encuentra a noventa millas de la Florida, los Estados Unidos no han hecho nada por salvarla del comunismo.

Aún recordamos con vergüenza aquel episodio de Bahía de Cochinos (abril de 1961) en que el presidente Kennedy había prometido apoyar con armas y aviones a los rebeldes anticomunistas. Al final Kennedy faltó a su palabra, los invasores fueron apresados y el comunismo se consolidó.

Mas recientemente, a pesar de la dictadura descarada que Nicolás Maduro ha impuesto en Venezuela, los Estados Unidos no han hecho nada en favor de los opositores.

Con todo y que el ex presidente Trump recibió a Juan Guaidó en la Casa Blanca, la realidad es que las cosas siguen igual o peor y con escasas posibilidades para los opositores.

En el caso de Nicaragua, el cinismo de Daniel Ortega no tiene límites. Ha encarcelado a todos los posibles candidatos que pudieran disputarle la presidencia en las elecciones del próximo 7 de noviembre.

Entretanto, Joe Biden se cruza de brazos, mira para otro lado y tolera que la democracia sea atropellada.

Quizás la explicación consista en que no favorecería a los intereses económicos de los Estados Unidos el que los pueblos cubano, nicaragüense y venezolano puedan conseguir la libertad.

Y tenemos ahora el caso más reciente o sea el de Afganistán…

Cuando a los Estados Unidos les convino crearle problemas a la Unión Soviética apoyando a los fanáticos talibanes no dudó en hacerlo; especialmente cuando quien corría con todos los gastos era una Arabia Saudita que casi veía inminente una invasión rusa.

Aquí a los Estados Unidos les fallaron los cálculos puesto que, al armar hasta los dientes a los talibanes, lo que hicieron fue dar vida a un monstruo que no pudieron controlar y que les pagó el favor derrumbando las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.

El entonces presidente George W. Bush respondió invadiendo Afganistán y haciendo que los talibanes se refugiasen en las cuevas de las montañas.

Al mismo tiempo, viendo que en Irak podría haber petróleo, Bush inventó que Saddam Hussein podría tener armas químicas, invadió aquel país, ejecutó a Hussein y luego se comprobó que las armas químicas no aparecían por ninguna parte. Sin embargo, el daño ya estaba hecho.

Y vino ahora la decisión de Joe Biden de abandonar Afganistán.

Al ver que dicho país ya no resultaba útil a sus intereses puesto que ya le interesa hostilizar a Rusia, Biden ordenó la retirada de sus tropas sin importarle las consecuencias que podría acarrear su decisión.

Los yanquis se retiraron de Afganistán y los talibanes salieron de sus cuevas para apoderarse del país en pocas semanas.

A Joe Biden y camarilla que gobierna al mundo desde la Casa Blanca de ninguna manera les conmueven las escenas de terror que se están padeciendo en el aeródromo de Kabul.

Como tampoco les conmueven las llamadas angustiosas de las mujeres que -después de haber saboreado las mieles de la libertad- de repente se ven hundidas dentro del fanatismo islámico.

Quizás algunos se extrañen. Nosotros, en lo personal, creemos que todo lo que está ocurriendo va dentro del ADN de los rubios anglosajones puesto que, como bien dijera John Fuster Dulles: “Los Estados Unidos no tienen amigos sino intereses”

A confesión de parte, relevo de prueba.

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Abogado, historiador y periodista. Editorialista de el Heraldo de México (1973-2003). Colaborador de varias revistas mexicanas y españolas. Corresponsal en México de la revista Iglesia-Mundo (1981-1994). Autor de 'La cruzada que forjó una patria' (1976); 'Forjadores de México' (1983); 'Los mitos del Bicentenario' (2010) e 'Isabel la Católica. Su legado para México (2013).