Noviembre, noveno mes del calendario romano, en pleno otoño, con la caída de la hoja  y el anuncio del invierno, invita al recogimiento y el recuerdo. En especial cuando, a primeros de mes, las gentes acuden a los cementerios con cariño y respeto en memoria de sus difuntos. La tradición de asistir al cementerio, rezar por el alma de quien dejó este mundo, adecentar lápidas y cubrirlas de flores como signo de esperanza, está acompañada de un profundo sentimiento de devoción, donde se conjuga lo mágico con lo espiritual. Pero más que tradición es algo que viene desde dentro del alma para expresar que el difunto es recordado y querido como si estuviera presente.

En paralelo a estos sentimientos, está profundamente arraigado el respeto a las tumbas donde reposan los restos de los fallecidos, fuera quien fuere el difunto. Porque el respeto a sí mismos de los vivos tiene relación de dependencia con el respeto a los muertos que no se pueden defender.

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Franco supo resistir las presiones de Hitler y nos libró de entrar en aquel conflicto en el bando de la Alemania nazi y la Italia fascista

Por ello resulta lamentable el que, porque alguien quiera para sí la gloria de ser considerado como campeón de la democracia, se remueva la sepultura de quien murió hace cuarenta y cuatro años, y para ello se maneje toda la legalidad y poder que presta el Estado. Pero mover a un muerto de su tumba conlleva que se remueva el recuerdo  de las circunstancias que acompañaron la existencia del difunto en su tiempo de permanencia entre los vivos.

Y resurgen en el pensamiento los terribles tiempos que sufrió España desde 1931, cuando se sucedían incontables hechos de violencia y persecución religiosa y que se agravaron en 1936 para desembocar en una sangrienta guerra civil que duró hasta 1939. Bastaba que una persona fuera reconocida católica, o llevara un rosario o una medalla, para ser encarcelada, torturada y muchas veces asesinada. Innumerables iglesias e instituciones religiosas fueron impunemente incendiadas y saqueadas.

Y en aquel clima, anticipo de revolución, el general Franco nos liberó de aquella barbarie  e impidió la revolución promovida por Francisco Largo Caballero, secretario general del PSOE. Este quería que en lugar de la bandera tricolor republicana ondeara la bandera roja estalinista. Quería que la II República Española fuera sustituida por un régimen comunista totalitario. Por algo le llamaban el “Lenin español”.

Aquellos eran tiempos revueltos, no aptos para demócratas con problemas cardíacos. Recién finalizada la guerra civil española, el 1 de septiembre de 1939, las tropas alemanas, en connivencia con la Unión Soviética, invadieron Polonia. Y de este modo se inició la II Guerra Mundial. Franco supo resistir las presiones de Hitler y nos libró de entrar en aquel conflicto en el bando de la Alemania nazi y la Italia fascista.

A veces, la memoria por los difuntos no se expresa en cementerios, y el monumento funerario no tiene lápidas ni enterramientos. Así ocurre en el “Bosque del Recuerdo”, antes llamado “Bosque de los Ausentes”, dedicado en el Retiro a las 191 víctimas de los atentados terroristas que tuvieron lugar el 11 de marzo de 2004 en los trenes de Cercanías de Madrid y al agente que murió días después ante unos suicidas en Leganés.

Es un conjunto de 192 árboles, de los cuales 22 son olivos de apariencia recia y solemne y los otros 170 son cipreses, árboles típicos de los cementerios mediterráneos. Con su porte esbelto y alargado, el ciprés da un toque místico al paisaje y sugiere una conexión entre el cielo  y la tierra.

En su tendencia hacia lo alto es como si buscara la libertad que siempre acompaña a la verdad mientras las poderosas fuerzas del mal se esconden en la tierra y dejan en el aire terribles incógnitas sobre el más grave atentado sufrido en España.

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