Cuando a los demócratas se les recuerda su pasado como el partido artífice del Sendero de Lágrimas, la esclavitud, las leyes Jim Crow y la utilización del Ku Klux Klan como brazo armado terrorista, rápidamente responden con el Realineamiento y la Estrategia Sureña. Es decir, que durante los años 60 del siglo pasado el Sur se hizo republicano, pasando a ser el GOP –Grand Old Party– el partido del racismo. Incluso algún iluminado izquierdista ha soltado la butade de que las gorras MAGA (Make America Great Again) es la contemporánea capucha del Klan.

El propósito del presente artículo es hacer ver, utilizando la Historia, que la Estrategia Sureña es una falacia promovida por la prensa demócrata y los profesores de izquierdas que dominan parte de la Academia.

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Tras el fin de la Reconstrucción en 1876, el Sur volvió a ser abrumadoramente demócrata. Se impusieron las segregacionistas leyes Jim Crow, siendo tal el poder del Partido Demócrata, que las verdaderas elecciones estatales y locales eran las primarias azules. Ciertamente, los republicanos comenzaron a ser competitivos en el Sur en las presidenciales de 1929, en las cuales Hebert Hoover logró el 47% del voto popular sureño amén de los delegados de Texas, Florida, Tennessee, Kentucky, Carolina del Norte y Virginia.

Goldwater no era ni mucho menos racista, pero su miopía sobre la importancia de los Derechos Civiles le pasó muchísima factura

En 1952, el laureado general y verdadero adalid de la desegregación, Dwight Eisenhower ganó en los estados de Texas, Florida, Misuri, Tennessee y Virginia. En las elecciones de 1964 (una de las más sucias de la historia de Estados Unidos), la Nueva Derecha de Barry Goldwater se llevó los votos segregacionistas del Sur Profundo por el apoyo del senador de Arizona a los Derechos de los Estados. Goldwater no era ni mucho menos racista, pero su miopía sobre la importancia de los Derechos Civiles le pasó muchísima factura.

En 1964, se votó en el Congreso la Ley de Derechos Civiles. El presidente demócrata Lyndon B. Johnson dijo en privado tras firmarla que “tendrían a esos negratas votándoles durante decenios”. Curiosamente, solo uno de los senadores demócratas que votaron en contra de dicha ley se pasó al GOP. De los representantes, solo dos. Díganme, ¿dónde está esa supuesta realineación partidista? En ningún sitio, porque no existió.

En las elecciones presidenciales de 1968, Richard Nixon intentó ganarse a los ciudadanos que vivían en las zonas suburbanas del sur que habían emigrado del Norte apelando al mismo discurso que utilizó en todo el país: ley, orden y mercados libres. Se hizo con el voto de algunos estados del sur más periférico con ese discurso, pero en el Sur Profundo, arrasó la escisión segregacionista de los democrats el Partido de los Derechos de los Estados o Dixiecrats. Su líder, era el archifamoso gobernador segregacionista de Alabama, George Wallace. En las elecciones locales, estatales y legislativas ganaron los demócratas en el Sur.

En 1976, en el supuesto realineado Sur, el demócrata Jimmy Carter arrasó. ¿No se supone que los racistas sureños eran ahora republicanos? Pues, parece ser que no. En 1980, cuando ya el sentimiento a favor de mantener la segregación se había convertido en un reducto de unos pocos fanáticos, Ronald Reagan se llevó todos los estados del Sur salvo Georgia, estado natal de Carter, con un discurso conservador. La verdad es que, ganó por la mínima y en el resto de elecciones siguieron arrasando los demócratas.

Incluso en los 90, el paladín de la izquierda norteamericana, Bill Clinton, ganó en los estados sureños de Kentucky, Tennessee, Misuri, Arkansas, Luisiana y Georgia. Eso sí, con la inestimable ayuda del recientemente fallecido Ross Perot, ya que Clinton no logró más del 50% del voto popular en ningún estado.

No fue hasta las midterms de 1994 que los republicanos se hicieron con la hegemonía en el Sur a nivel legislativo, estatal y local. Entonces, si de ese realineamiento fue tan claro y evidente ¿por qué tardaron treinta años en expresarlo? Las cosas en el Sur van lentas, según se dice, pero no tanto.

Lo que ocurrió, es que el Sur ha cambiado. Sus habitantes han abandonado el racismo y les mueven los ideales conservadores: valores tradicionales, gobierno limitado y defensa de la Segunda Enmienda. Por ello, no es de extrañar que haya rednecks que sin ningún problema votan a un candidato republicano negro porque defiende las ideas conservadoras.

La Estrategia del Sur, en definitiva, es una falacia. En primer lugar, es un argumento simplista que exime a muchos académicos de romperse la cabeza al analizar procesos sociopolíticos complejos. En segundo lugar, sirve a los demócratas para seguir propagando esa mentira de que el Partido Republicano es racista y así poder perpetuar el sistema de la neoplantación que mantiene en la miseria y desestructuración social a muchos negros y latinos…

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