Grabado que ilustra el proceso de 'impeachment' contra Andrew Johnson.
Grabado que ilustra el proceso de 'impeachment' contra Andrew Johnson.

La Cámara de Representantes ha hecho buenas la mayoría demócrata y las acusaciones contra Donald Trump y ha solicitado al Senado de los Estados Unidos un impeachment contra el presidente. Nadie duda sobre cuál será el veredicto final: para que Trump sea recusado es necesaria una mayoría de dos tercios del Senado, y eso es algo inconcebible, más con una mayoría republicana en la Cámara. Pero lo importante no es eso, sino el desgaste que infrinja el proceso sobre el candidato republicano. El impeachment es un arma electoral que, según creemos algunos, puede acabar siendo un disparo de los demócratas que saldrá por la culata.

Y creo que es el momento de revisar los otros impeachments al presidente de la historia de aquél país. Estrictamente hablando, ha habido dos, uno a Andrew Johnson y otro a Bill Clinton. Pero creo que debemos considerar un tercero, el que no se produjo porque Richard Nixon temía que sería desfavorable. 

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El impeachment, recusación o destitución en español, es un proceso que permite al Congreso de los Estados Unidos destituir a un juez o a un funcionario federal. Un proceso que puede afectar también al presidente o vicepresidente de los Estados Unidos, por traición, cohecho u otros crímenes o faltas graves. 

El primer presidente en someterse a ese proceso fue Andrew Johnson. No es de los más conocidos de los expresidentes de los Estados Unidos, y suele ocupar el último de los puestos en las listas, de mejor a peor, que son aficionados a hacer los historiadores de aquél país. Si sospecha el lector que este es motivo suficiente para considerarlo un buen presidente, he de decirle que no está desencaminado. 

Johnson fue un demócrata de Carolina del Norte, pero comenzó su carrera en Tennessee. Fue primero concejal, luego alcalde, más tarde miembro de la Cámara de Representantes del Estado y, finalmente, Senador del Estado, en un período que va de 1828 a 1843. Luego dió el salto a la política nacional, encadenando seis elecciones en la Cámara de Representantes. Luego fue elegido Gobernador del Estado de Tennessee y vuelve a la política nacional como senador (1856-1862). 

Era Andrew Johnson un demócrata y, por tanto, seguidor de las posiciones políticas de Andrew Jackson, creador del partido: Bajos aranceles (una cuestión de la máxima importancia en aquellos años), y una defensa de los derechos de los Estados. Johnson era además un gran defensor de la “peculiar institución” de la esclavitud. Y se oponía, en consecuencia, a las políticas de los Whigs que heredó el Partido Republicano: Altos aranceles, subvenciones a las obras públicas y la creación de un Banco Central. 

Andrew Johnson sustituyó a Abraham Lincoln, asesinado seis días depués de terminada la Guerra de Secesión en 1865

Nada auguraba que acabaría ocupando el lugar que la Historia tenía reservado para él. Pero la Guerra entre los Estados (o Guerra de Secesión) cambió la política del país para siempre. Terminó el 9 de abril de 1865 y seis días después fue asesinado el presidente Abraham Lincoln. Le sustituyó no otro que Andrew Johnson. El motivo de que Johnson, demócrata, fuera vicepresidente del republicano Lincoln es que era partidario de la Unión; no quería que el país se dividiese. Y su figura ayudaría a que otros demócratas prefiriesen mantener la Constitución que crear un país distinto, con leyes distintas. 

Lincoln era partidario de que, después de la Guerra, se restituyese la legalidad anterior, con unas pocas medidas cautelares en los Estados del Sur, para que no se repitiese la rebelión que la había causado. Pero el Partido Republicano cayó en manos de los radicales, que impusieron un nuevo sistema político que aseguró la victoria republicana, sin posibilidad alguna de que el Partido Demócrata alcanzase el poder federal. En 1876, Rutherford Hayes fue elegido presidente, en unas elecciones robadas al candidato demócrata, Samuel Tiden. 

Johnson, al asumir el poder, restituyó el poder en los Estados rebeldes, después de asegurarse su sumisión a la legalidad. Y defendió también que los representantes y senadores del Sur entrasen en el Congreso de los Estados Unidos. Jackson quería que la Unión se hiciese restituyendo desde el final de la guerra el normal funcionamiento del sistema político. 

Para ello, no sólo se enfrentó a los republicanos radicales, que eran minoría incluso en su propio partido, sino que también mantuvo una posición firme frente a los moderados, que acabaron poniéndose en su contra. Los radicales querían llevar a cabo una política de ingeniería social que extirpase el voto demócrata y Johnson se opuso con mucha más firmeza que eficacia.

En última instancia, la encendida oposición del Partido Republicano y la escasa presencia del Demócrata, fue lo que motivó el proceso de impeachment en su contra. La Cámara de Representantes redactó los once artículos de impeachment. En diez de ellos se acusaba a Johnson de violar la Ley de Permanencia en el Cargo y en el restante de desafiar la autoridad del Congreso. 

La Ley de Permanencia en el Cargo decía que el presidente no podía despedir a un cargo que hubiera sido aprobado por el Senado. El Congreso aprobó esa ley para evitar que Johnson despidiese al Secretario de Defensa, Edwin Stanton, que actuaba contra el propio presidente, y hacía de espía en el gobierno, al servicio de la oposición republicana. Johnson, por descontado, le destituyó.

Johnson creía que era una ley inconstitucional. Y debía tener buenas razones para ello, porque el Congreso la abolió veinte años después de su aprobación (estuvo en vigor de 1867 a 1887), y la Corte Suprema la consideró inconstitucional en 1926. Además, en cualquier caso la ley no podía aplicarse a Stanton, ya que éste había sido designado por el presidente Lincoln, no por el Senado. 

El Senado tenía entonces 54 miembros, de los cuales 42 eran republicanos. Para destituirle es necesaria una mayoría de dos tercios; es decir, 36. Los radicales, que dominaron todo el proceso, esperaron todo lo posible hasta asegurarse de que tenían una mayoría cualificada suficiente. Al principio, doce senadores republicanos estaban dispuestos a votar “no culpable”, pero ese número se redujo más tarde a la mitad; con sólo seis senadores republicanos defendiendo la inocencia de Johnson, quedaban los otros 36 necesarios para expulsarle del poder. Pero en el transcurso de la votación, Edmund Ross, senador de Texas, cambió su voto por “no culpable”. Y Johnson salvó la presidencia

Ross, no será necesario decirlo, no volvió a ser elegido senador de los Estados Unidos. De hecho, cambió de partido y se hizo Demócrata. Se trasladó al Territorio de Nuevo Méjico, del que fue gobernador durante cuatro años y llevó a cabo una intensa actividad periodística. Murió en la pobreza. Pero su paso por la política dejó huella.

Andrew Johnson fue sometido a un impeachment por defender la Constitución. La Historia no quiso condenarle por ello. Sólo falta que los historiadores sigan el mismo camino. 

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