Fotograma de la serie 'Vikingos'.
Fotograma de la serie 'Vikingos'.

Me dicen que desde el mirador del Ayuntamiento de Madrid, en Cibeles, se ve el Peñón de Gibraltar. A ver si pudo comprobarlo cuando Pedro Sánchez, nuestro amo y señor, nos dé permiso para salir a la calle. Empiezo a sentirme como Edmundo Dantés en el castillo de If y eso que yo dispongo de papel higiénico.

Seguro que a usted le han llegado vídeos y fotos de aguas transparentes en Venecia, delfines en la ría de Bilbao, jabalíes en Barcelona y ya no recuerdo si osos en Oviedo. Como ya hemos dicho aquí más de una vez, el aparato de propaganda de la izquierda no puede aceptar ninguna buena noticia que ponga en duda sus nuevos cultos: el feminismo, el cambio climático y el animalismo.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Por eso, muchas de esas imágenes se acompañan de mensajes tan negativos y descorazonadores como “El virus somos los humanos” y “¡Qué bien estaría el planeta si desapareciéramos!”.

La desaparición de la contaminación por el parón de la actividad humana indica que el daño a la naturaleza no es tan serio como nos dicen

Hay que mantener la máquina de asustar y de cobrar en marcha, como las subvenciones a las ONG feministas. Así, El País entrevista a un escritor al que presenta como científico, aunque sus títulos son de literatura y periodismo, para decirnos que sobran muchos humanos:

“Soy un materialista darwiniano. (…) Los humanos somos más abundantes que cualquier otro gran animal en la historia de la Tierra. Y esto representa una forma de desequilibrio ecológico que no puede continuar para siempre.”

Bueno, pues ya hay 200.000 seres humanos menos debido al Covid-19. ¿Por qué todos éstos que proclaman que hay un exceso de personas no predican con el ejemplo y se eliminan a sí mismos?

La ministra española del chiringuito de marras, Teresa  Ribera, científica licenciada en Derecho, establece una relación de causalidad entre la supuesta “destrucción de ecosistemas” y la aparición del Covid-19. ¿Nos quiere decir que el planeta nos castiga o que el virus es una obra humana?

Cuando el actor Darín dice que “nos pasamos la vida anhelando estupideces”, ¿incluye en éstas al cine?

Dirán que son ateos, pero tienen creencias propias de pueblos del neolítico: si talas árboles, un ser superior te castigará. Y eso que, como ya sabemos, la extensión de los bosques no para de crecer en el mundo.

Se está demostrando que la supuesta destrucción del Planeta por la mano humana que denuncian los salvamundos como Greenpeace y Al Gore no es tal. Ha bastado la paralización de la actividad humana para que la contaminación atmosférica desaparezca. Un aspecto no baladí de este debate es si estamos dispuestos a renunciar a (o más bien a que nos quiten) los beneficios de la tecnología actual, desde agua caliente a antibióticos, para gozar de cielos prístinos.

Otro prestigioso científico, el actor argentino Ricardo Darín, nos hizo un análisis económico en una entrevista con Jordi Évole que dejó esta perla de sabiduría:

“La economía se está tambaleando a escala mundial porque ahora compramos lo que de verdad necesitamos. Nos pasamos la vida anhelando estupideces.”

Otro glaciar en Europa se está derritiendo y liberando cantidad de objetos humanos. Este caso sucede en Noruega

Reconozco que algo de razón tiene. Me cuesta entender a la gente que cambia de coche cada cuatro o cinco años o se endeuda para ir de vacaciones a Punta Cana. La pega es que Darín seguro que excluye de la lista de “estupideces” al cine español, para el cual su gremio exige al Gobierno rebaja de impuestos y más subvenciones.

Sí, las consignas tienen que seguir funcionando, aunque cada día que pasa, con más muertos, menos dinero en las cuentas y los mismos incompetentes dando cursillos de autoayuda en las televisiones, la gente esté menos dispuesta a someterse a la religión de la clase moralmente superior.

A pesar del confinamiento, nos llegan nuevos hechos que confirman la trola del ‘cambio climático’ de origen humano que va a convertir la Tierra en un desierto o la va a anegar, según el sector de los salvamundos al que uno preste atención.

Ese paso de montaña se abandonó en la Baja Edad Media y lo cubrieron los hielos. ¿Qué ‘emergencia climática’ existía entonces?

El glaciar Lendbreen en Noruega está retrocediendo desde hace unos años y debajo de él, a casi dos mil metros de altitud, están apareciendo muchos objetos humanos. La pista la encontraron en agosto de 2011 unos excursionistas: una túnica de lana de hace un millar de años. Los arqueólogos han descubierto después herraduras, clavos y arreos para caballos, estiércol de éstos, trineos rotos, zapatos, guantes, ropa, mojones y hasta una rueca, un bastón con runas, un cuchillo y un refugio para los viajeros. Los objetos se han datado entre 1.750 antes de Cristo y nuestro año 1.000.

Como otros hallazgos similares en los Alpes suizos, la conclusión es que los glaciares en las zonas pobladas de Europa (no me refiero a otras de los demás continentes porque de ellas carezco de noticias) constituyen un fenómeno reciente, que nacen o bajan a los valles cuando termina el Óptimo Climático Medieval y comienza la Pequeña Edad de Hielo.

Si el aumento de las temperaturas permitió a los vikingos asentarse en Groenlandia y navegar hasta Terranova, la bajada de aquellas provocó la desaparición de las colonias vikingas en la citada Groenlandia y el regreso de los supervivientes a la menos hostil Noruega.

Cuando Aníbal cruzó los Alpes en el siglo III a. de C., no encontró glaciares en su ruta, sino bosques

Todos los artículos sobre el descubrimiento de este frecuentado paso de montaña hacen referencia al coco mundial: el ‘cambio climático’. De nuevo, como a los niños que insisten en que un monstruo se esconde debajo de su cama, hay que repetir una y otra vez a estos temblorosos adultos que no tengan miedo y no se dejen imponer una ‘dictadura climática’.

¿Qué ‘cambio climático’ había en el primer milenio de la era cristiana?, ¿Cuántas chimeneas, automóviles, aviones, pozos de petróleo existían entonces? Decir cambio climático es una obviedad equivalente a blanca nieve, cielo azul o agua mojada. El clima no es algo fijo.

Los glaciares son una anormalidad en la historia. Y quizás la temperatura normal o hasta ideal para el crecimiento de la humanidad sea la que había en el siglo X y, dentro de los ciclos normales que se suceden en la Tierra, estamos regresando a ella.

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