Pablo Iglesias puño en alto
Pablo Iglesias puño en alto

Horas antes de que la caravana convocada por Vox colapsara las calles de muchas ciudades de España, un servidor se encontraba plácidamente en la terraza disfrutando de la brisa contaminada por el virus cuando un mensaje rompió aquella calma matutina. Una difusión enviada por un colega de Santiago Abascal, que no leí en toda su extensión, finalizaba: “Más vale que nos peguen a nosotros una h…, que metan tiros a nuestros hijos”. Frase martirizante, palabras bañadas de heroísmo con la intención de pasar a los albores de la eternidad como los que liberaron a nuestro país de la esclavitud ideológica.

Tiempo después de aquel momento zen tornado en un instante de alarma cuando me disponía a ir caminando a mi destino, me topé con los manifestantes a cuatro ruedas que ataviaban a sus coches con la bandera de España mientras tocaban el himno nacional con el penetrante susurro del claxon de los bólidos. Se me puso la piel de gallina.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Somos el único país que está levantando el hacha de guerra contra un Gobierno en está crisis del Covid-19. Eso es democracia por mucho que algunos se empeñen en sesgar este tipo de manifestaciones y de encasillarlas como revueltas o marchas en función del color ideológico que las apoye.

Pese a que la izquierda siempre daña todo a su paso cuando estos expresan su malestar y que la derecha marcha de manera pacifica sin que ningún contenedor sea pasto de las llamas, los que piensan diferente a ellos van a ser considerados fascistas hagan lo que hagan. Lo vemos en el Congreso de los Diputados: a pesar de que es Pablo Iglesias el que azuza de forma guerra-civilista a la oposición y Santiago Abascal predica una oratoria liberal respetando a sus adversarios, el segundo es imaginado con cuernos y rabo mientras al otro se le atribuye la aureola de santidad y sabiduría. 

Iglesias y su banda son expertos en tirar la piedra y esconder la mano. Piden consenso mientras ellos son los primeros que están humillando sesión tras sesión a la oposición. Todo un oxímoron. Es duro decirlo pero creo que estamos más cerca de que haya una nueva Guerra Civil de que se remasterice la transición, -y de hacerlo, será a modo de farsa-. Pedro Sánchez se acerca cada vez más a Largo Caballero, que está desfalcando a los españoles mediante contratos ficticios cuyos efectos no repercuten en la vida de la ciudadanía del mismo modo que hizo el líder republicano al intentar llevarse el oro del Banco de España a Moscú a iniciativa de su ministro de Hacienda Juan Negrín, que a Felipe González. Quizá por eso el expresidente socialista no deja de criticar la inexperiencia del Gobierno sanchista a la vez que alaba la gestión de Almeida durante la crisis.  

Panorama que ha hecho abrir las heridas de muchos españoles. De ahí el arrebato del mensaje que reseñaba al principio. Ciudadanos que tienen la sensación de que se les está robando su dinero con la corruptela de nuestros gobernantes y saqueando las libertades con su complejo de tiranos. El historiador Yuval Noah Harari, en su obra Homo deus, destaca como un colectivo es capaz de rebelarse cuando cree que se le está arrebatando algo que sobrentiende como suyo. La invasión de Polonia en 1939 por los nazis desembocó en la II Guerra Mundial… El rapto de Helena por parte de Paris originó el conflicto entre Troya y una coalición de polis griegas… El anhelo de recuperar lo perdido, o el temor a olvidar lo que una vez fue de uno, constituyen los principales casus belli de la historia.

Luchas… Enfrentamientos que te quitan el hipo como los que se están produciendo durante las marchas patrióticas convocadas por la derecha que rivaliza a los manifestantes con radicales de izquierdas. Me producen tristeza esas imágenes. En plena pandemia, y no somos capaces de separar a un lado las pasiones y dejar que el sentido común inunde nuestra alma para discernir sobre lo que es correcto. Seny, como se dice en catalán, que como refleja la memoria histórica, -la de verdad, no la edulcorada y manipulada por los sectarios-, nunca hemos tenido los españoles. Hasta Bismark dijo que éramos el país más poderoso del mundo porque por más que intentáramos autodestruir nuestra patria, nunca lo conseguíamos… Tenemos al enemigo en casa, me susurró el otro día mi padre con la voz rota. Quebrada como España.

Un país, que, pese a que no se haya desmembrado territorialmente está dividida histórica e ideológicamente. Nuestra memoria reciente es la vida de los que sueñan en ganar una guerra que perdieron hace años contra los que intentan no volver al pasado del que renegaron hasta los intelectuales que lo propiciaron. La existencia de los que ondean la rojigualda y los que adornan su pensamiento con la tricolor.

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