Quizás sea poco conocido aquende del Atlántico pero, 1952, fue la fecha más importante para el devenir del conservadurismo norteamericano. Ese año, había elecciones presidenciales y, por ende, primarias en ambos grandes partidos. En el GOP, se enfrentaban dos grandes facciones.

Una de ellas, estaba liderada por Dwight Eisenhower, laureado general norteamericano que, convencido por sátrapas republicanos de Nueva Inglaterra como Henry Cabot Lodge Jr, había decidido postularse para ser el inquilino en la Casa Blanca

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Ike era el candidato perfecto para que el Partido Republicano recuperara el poder tras años de hegemonía cuasi total de los demócratas. Era un hombre moderado -podía haberse presentado por el Partido Demócrata sin mayores problemas- que aceptaba el New Deal y la política exterior formulada en la Doctrina Truman, es decir, intervencionismo en el exterior y contención de la Unión Soviética y del comunismo internacional.

En resumidas cuentas, era ideológicamente afín a los republicanos de la Costa Este pero su origen texano y su prestigio militar hacían de él un candidato atractivo en regiones como la periferia del Sur y el Oeste, donde votaban antes a un perro que a un candidato de la élite puritana de Nueva Inglaterra.

A Robert, desde joven, le interesó la política y pronto entró en la política local de Ohio como conservador y destacó como furibundo oponente del Ku Klux Klan

Por otro lado, tenemos al decano senador por Ohio Robert Taft, defensor de desmantelar la mayor parte del New Deal, la Reserva Federal y el Impuesto sobre la Renta. Además, era el gran defensor de una política exterior basada en la tradicional neutralidad y el aislacionismo. Era, el guardián de las esencias de la Vieja República en unos años en los que el poder del Gobierno Federal había crecido como nunca antes se había visto. Era la voz de los conservadores del Medio Oeste y de algunos sureños que votarían al partido de Lincoln de ser Taft su candidato.

Sin embargo, cual Catón, poco pudo hacer ante tal coyuntura. Baldío es el esfuerzo cuando tienes a todos los agentes históricos en tu contra. Eisenhower ganó las primarias y también las presidenciales. Era el último gran fracaso político de una vida política llena de fracasos. Al año siguiente murió, seguramente, apenado e impotente.

No se preocupen, no pretendo aburrirles con datos propios de una concisa biografía. La pretensión de este artículo es que se queden con la esencia del personaje. Por lo tanto, empezaré diciendo que nació en Ohio en 1889. En Cincinnati, como no podía ser de otra manera viniendo de un personaje como Taft.

Hoover constituyó las bases del New Deal  pero, a diferencia de FDR, se apoyó en la patronal en lugar de en los sindicatos y fue incapaz de vender sus acciones al pueblo norteamericano

Tengo pocas dudas sobre la admiración que Taft debía de sentir por el romano que daba nombre a su ciudad natal. Era hijo de William Howad Taft, un presidente de poca importancia que gobernó entre 1909 y 1912 tras haber sido vicepresidente de ese gigante de la Historia que fue Teddy Roosevelt.

A Robert, desde joven, le interesó la política y pronto entró en la política local de Ohio como conservador y destacó como furibundo oponente del Ku Klux Klan. Le entristeció mucho el modo por el que Hebert Hoover había tenido que salir de la Casa Blanca en 1932. Sentía una gran admiración hacia él y les unió una profunda y afectuosa amistad. Si compramos la versión de manual de que Hoover era algo así como un defensor a ultranza del laissez faire -rozando lo enfermizo-, no nos sorprendería dicha admiración.

Sin embargo, ya ningún investigador serio puede hacer tal afirmación sin ruborizarse, ¿acaso no fue Hoover el presidente que más subió impuestos, incrementó el gasto público o disparó la deuda pública hasta entonces en la tierra de los libres y el hogar de los valientes? Así es. Hoover constituyó las bases del New Deal  pero, a diferencia de FDR, se apoyó en la patronal en lugar de en los sindicatos y fue incapaz de vender sus acciones al pueblo norteamericano. Quizás algún día hablemos de ello pero, es bastante curioso el entusiasmo que un gran defensor de Gobierno Limitado como era Taft sentía por Hoover.

Simpatizó con el aislacionista America Fisrt Committee , aunque nunca formó parte de él

En 1936, Robert Taft ganó un escaño al Senado por Ohio. Lo primero que hizo, fue intentar crear una gran coalición bipartidista parlamentaria para poder frenar las políticas intervencionistas de la Administración Roosevelt. Al igual que los republicanos liberales de la Costa Este se habían unido con los demócratas liberales para apoyar a FDR, Taft creyó que los republicanos conservadores del Medio Oeste y del Oeste podían aunar esfuerzos con los conservadores agraristas del Sur dejando de lados algunas diferencias como el tema de la segregación racial.

Se formó así, la Coalición Conservadora del Senado, que duró hasta que el Partido Demócrata dejó de tener una presencia destacada en el Sur a principios de la década de 1990. Este hecho, es de una importancia enorme. Especialmente, en lo simbólico, al conseguir reunir bajo el objetivo común de frenar institucionalmente a Roosevelt a dos bandos que se enfrentaron en la guerra más sangrienta que se ha producido jamás en suelo norteamericano.

Cuando estallo la Segunda Guerra Mundial en suelo europeo, se opuso con firmeza a la entrada de EEUU en el conflicto intentando preservar la tradición norteamericana de neutralidad ante contiendas europeos. Esto no significa que sintiera simpatía alguna a la ideología nacionalsocialista, todo lo contrario, pero no quería que la política exterior estadounidense fuera encauzada por lo que el veía como intereses británicos.

Pese al veto inicial de Truman, Estados Unidos pudo salir definitivamente de la Gran Depresión y la creación de nuevos empleos fue ingente

Simpatizó con el aislacionista America Fisrt Committee , aunque nunca formó parte de él. Votó en contra de la ayuda gubernamental a los británicos recordando como Estados Unidos entró en la Gran Guerra, según él, para que los grandes acreedores de Wall Street se aseguraran de que las grandes cantidades de dinero que habían prestado a los aliados eran devueltos con los correspondientes intereses. También criticó furibundamente el embargo que hizo la Administración Roosevelt a Japón, argumentando que no les dejaba otra alternativa a los japoneses que la guerra. No obstante, tras los ataques a Pearl Harbor del 7 de Diciembre de 1941, fue un gran defensor del esfuerzo bélico contra el Eje. Había fracasado al intentar preservar la neutralidad norteamericana.

Finalizada la guerra, Taft se opuso al ingreso de EEUU en la Organización de las Naciones Unidas y en el resto de organizaciones supranacionales surgidas de los Acuerdos de Bretton- Woods. Promovió la vuelta al aislacionismo y a la neutralidad, pero de poco sirvió.

Los republicanos liberales apoyaron de lleno la Doctrina Truman y los republicanos conservadores, al calor del Senador McCathy y del General MacArthur, abrazaron la lucha, tanto en casa como en el extranjero, contra la amenaza comunista y su halconismo en política exterior dejó a los demócratas como unos blandos.

Según avanzaban las investigaciones de la mal llamada Caza de Brujas –aunque el Senador McCarthy utilizara una estrategia demagógica, lo desvelado en los archivos soviéticos sobre la infiltración comunista en EEUU le han acabado dando la razón- , sumadas a las advertencias de alguien tan poco sospechoso de ser un loco intervencionista como era el embajador Kennan sobre los planes de Stalin, las opiniones de Taft, afirmando que Stalin no era ningún peligro para la Seguridad Nacional, le dejaron como un miope ante la opinión pública conservadora. Su firmeza en la defensa de su visión neutralista y aislacionista sobre política exterior le habían dejado cada vez más solo. Incluso perdió, en favor de McCarthy, a muchos votantes conservadores del Medio Oeste. Las primarias del 52, con las que abríamos este artículo, fueron su entierro político.

Sus únicos éxitos se dieron en política interior. En 1946, los republicanos ganaron la mayoría en el Congreso. Muchos veteranos que acababan de volver a casa no encontraban trabajo. Era necesario acabar con la legislación de Roosevelt sobre materia laboral -recogida en Ley Wagner- para hacer que esos hombres encontraran trabajo lo antes posible.

Taft, al alimón con Hartley, lograron la aprobación de nueva legislación laboral que eliminaba privilegios sindicales concedidos por Roosevelt, eximía de la obligación de formar parte de un gran sindicato para acceder al mercado laboral o reducía los costes de contratación tanto al empleador como al empleado.

Pese al veto inicial de Truman, la legislación se aprobó y, merced a esto, Estados Unidos pudo salir definitivamente de la Gran Depresión y la creación de nuevos empleos fue ingente. También, promovió la aprobación de leyes en favor de aumentar la financiación pública de viviendas de protección oficial para familias pobres, lo que provocó la crítica de sus afines más tendentes al anarquismo. Dejaba claro así que él era un conservador, no un anarquista.

Robert Taft, es otro ejemplo más de esas pocas personas honradas que a lo largo de la Historia han defendido con firmeza sus creencias aunque los actores históricos se le pusieran de frente, siendo lo más fácil desistir. En los últimos años su viejo conservadurismo ha cobrado fuerza en Estados Unidos. ¿Volveremos a ver un Taft en el Senado? Ciertamente, es imposible de saber, pero sería una grata noticia.

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