Muerte del conde de Villamediana, por Manuel Castellano.
Muerte del conde de Villamediana, por Manuel Castellano.

El Museo del Pardo está de cumpleaños, una excusa magnífica para perderse en cualquiera de sus salas. La número 12, monopolizada por Velázquez, es una de las más visitadas. La Reina doña Mariana de Austria,  Felipe IV, Cazador, Las Meninas o varios retratos ecuestres dan cuenta del esplendor de un imperio donde empezaba a ponerse el sol. Entre esos retrato, el Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares a caballo, muestra a un personaje que llegó a lo más alto eliminando a todo aquel que le estorbaba. Bien pudo ser el caso del conde de Villamediana.

De entre los muchos hechos violentos que ha presenciado el Madrid de los Austrias, pocos tan llamativos como el asesinato de Juan de Tassis y Peralta, conde de Villamediana, la noche del 22 de agosto de 1622. Su figura no es del todo conocida, y ello quizá se deba a que una de las disciplinas en las que destacó, la literaria, coincidiera en el tiempo con lo que se dio en llamar el “Siglo de Oro” español: fueron coetáneos suyos Lope de Vega y Quevedo; con éste último además hubo una recíproca antipatía. En cambio, era sabida su amistad con Juan Ruiz de Alarcón, Antonio Hurtado de Mendoza y, especialmente, con Luis de Góngora, quien le dedicaría unos versos a su muerte en los que se insinuaba la conspiración que hubo tras su muerte: “Mentidero de Madrid /decidnos, ¿Quién mató al conde? / Ni se sabe, ni se esconde; / sin discurso discurrid”.

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El problema de Villamediana fue su alocado temperamento. Jugador, esgrimista consumado, mujeriego y lenguaraz, las hazañas del conde eran la comidilla de toda la sociedad madrileña. Noble como era, frecuentaba con asiduidad la corte de Felipe IV, llegando incluso a insinuarse que tuvo una aventura con la reina Isabel de Borbón. Se cuenta que ocasión en que los reyes se encontraban presenciando un espectáculo de toreo a caballo en el que Villamediana era sumamente diestro, la reina alabó su buen hacer como picador, el rey respondió “pica bien, pero pica muy alto”, en clara referencia a los escarceos entre el conde y su esposa. Así las cosas, se entiende que el soberano tuviese motivos para acabar con la vida de tan molesto personaje, aunque no era el único.

Hasta siete posibles pagadores que encargaron la muerte de Villamediana a dos ballesteros del rey, Iñigo Méndez y Alonso Mateos

Muchos eran los maridos burlados y las mujeres ofendidas en la Corte que querían una satisfacción que reparase su honor mancillado. A ellos se unían unos cuantos infelices -alguno que otro Grande de España- desplumados por el señor conde con dados, naipes o juego de azar que se terciase. Ello sin contar con todos los personajes a los que Villamediana habría dirigido sus malintencionadas sátiras, sumamente talentosas y casi nunca firmadas, aunque la autoría era de sobra conocida. El escritor Néstor Luján novelaría su historia en una obra entretenidísima y de una indudable calidad literaria, “Decidnos, ¿Quién mató al conde?”, para cuya ejecución se documentaría a conciencia.

Así, logró deducir hasta siete posibles pagadores que encargaron la muerte de Villamediana a dos ballesteros del rey, Iñigo Méndez y Alonso Mateos. No hay duda alguna sobre la autoría material de estos dos sujetos, y algo parecido puede decirse de la intelectual, ya que recientemente se ha sabido que el Santo Oficio había abierto un proceso secreto contra en conde por sodomía. De haberse sabido, el escándalo en la corte habría sido mayúsculo. Urgía acabar cuanto antes con semejante amenaza y, una vez hecho, echar tierra sobre el asunto. Y el único hombre con el poder suficiente para llevar a cabo todo aquello era el Conde Duque de Olivares, sobre el que los investigadores hacen recaer todas las sospechas. Quid prodest?

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