El misterio del hombre de la máscara de hierro: existió, pero se desconoce su identidad.
El misterio del hombre de la máscara de hierro: existió, pero se desconoce su identidad.

Quienes vayan a París por primera vez y acudan a ver lo que queda de La Bastilla, se llevarán una decepción: fue demolida en 1792. El marqués de Sade, Nicolas Fouquet, Voltaire… muchos son los ilustres “huéspedes” que se han alojado entre sus muros. Pero quizá el más enigmático de ellos fue el conocido como “hombre de la Máscara de Hierro”. Y existió. De ello da fe el registro de la cárcel, que aún hoy se conserva en el Archivo General de Francia. En él se detalla que una persona con esas características falleció en La Bastilla en 1703.

Pero ya antes de esa fecha se tenían noticias suyas. Quien primero lo mencionó fue Madame de Maintenon, segunda esposa de Luis XIV, el Rey Sol. En 1711 escribía en su diario: “Un hombre ha permanecido largos años en La Bastilla, donde murió encarcelado. Tenía siempre a su lado a dos mosqueteros, para matarle si osaba quitarse la máscara. Comió y durmió enmascarado. Por otra parte, fue siempre muy bien tratado, y se le dio cuanto deseaba. Era muy devoto y leía continuamente. Jamás se pudo saber quién era”.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Hay más documentos. Como un informe del teniente de artillería adscrito al servicio personal del rey, Marcel Du Junca, en el que se da cuenta de la toma de posesión como nuevo gobernador de La Bastilla de un antiguo mosquetero, Bertrand de Saint-Mars. Procedente de la cárcel de Sainte-Margueritte, se hace acompañar en todo momento de un prisionero “al que se ha de tener siempre enmascarado”. La última referencia traída a colación es la de Voltaire, en “Le scièle de Louis XIV”. El mismo atestiguaría que, durante sus dos estancias en la Bastilla -1717 y 1726- había recabado diversos testimonios de gentes que le sirvieron allí.

Todo ello sería retomado por Alejandro Dumas, quien, en su “El vizconde de Bragelonne”, identifica al misterioso personaje con un hermano gemelo de Luis XIV, cuyo parecido con éste último resultó fatal. Ahora bien, no acaban aquí las posibilidades. Pudo tratarse de un medio hermano del Rey Sol, fruto de las relaciones adúlteras entre Ana de Austria y el Duque de Buckingham. O incluso un hermano menor, nacido de una unión entre Ana y el cardenal Mazarino.

Pero la más peregrina de todas ellas es que asegura que el enigmático personaje no es otro que Molière. Al parecer, no habría muerto tras la representación de “El enfermo imaginario”, y tras reponerse de su indisposición en el escenario, habría sido sentenciado a pasar el resto de sus días tras una máscara de hierro e incomunicado, objeto tal vez de una oscura intriga de envidia y celos. Sea como fuere, lo cierto es que a día de hoy su verdadera identidad sigue siendo un misterio. Por cierto, que en aquella funesta representación, Moliére vestía de amarillo. Esa es la razón por la que muchos actores de teatro no quieren nunca estrenar con ropa de ese color.

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