Imagen referencial /PIxabay
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Finaliza, otro año más, la Semana Santa, días en los que los cristianos recordamos  la Pasión, muerte y Resurrección de Jesucristo. Para mí, particularmente, las fiestas más queridas de todo el año. Este año, ha sido con sabor agridulce. Agrio, por todos aquellos que están muriendo solos y por no haber acudido físicamente a la iglesia. Dulce, porque el confinamiento nos ha permitido un parón para meditar, para reflexionar.

Para los que estamos dentro del mundillo de la Historia, en mayor o menor medida, nos es normal ver cómo todos los años aparecen publicaciones en internet de ciertos historiadores intentando mostrar al mundo que lo que los cristianos hemos recordado estos días es, algo así, como una gran farsa. Además, lo hacen con altanería y de manera condescendiente, repitiendo muchas veces el mismo argumentario. Se sienten, como llamados por esa ciencia y esos ídolos mundanos -a los que hacen constantes sacrificios- para hacer proselitismo de su causa y sacarnos del “oscurantismo”.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Muchos de estos historiadores creen que el cristianismo terminó con un paraíso de dioses paganos donde reinaba la tolerancia, la diversidad, el conocimiento, etc. Reclaman para sí la “causa” -si es que existe- de esas sectas heréticas de los primeros siglos del cristianismo, cuyas falsas enseñanzas no fueron solo rechazadas sino desmontadas. Ven como “luz de conocimiento” la gnosis de estos grupúsculos – que importa que Jesús dijera: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla.” (Mt 11,25-27)- y afirman que los cristianos “paulinos” desecharon esos evangelios apócrifos porque revelaban “verdades incómodas”. Si fueron relegados fue, básicamente, por ser muy tardíos a la vida de Jesús y por sus licencias fantasiosas.

Desde mediados del siglo pasado, estos autodenominados “escépticos” se han visto obligados a admitir que no todo es invención en la Biblia, tal como creían, según ha ido avanzando la arqueología. Ya no niegan la existencia de Jesús, por ejemplo. Nos piden, que partamos de la diferenciación entre Jesús de Nazaret y “Cristo”, lo cual es normal siguiendo los parámetros de investigación histórica.

¿Alguien, de verdad, cree que Pablo de Tarso pudo inventarse la doctrina cristiana sin sufrir el rechazo inmediato de los apóstoles, de los que vivieron y escucharon a Jesús?

Para ellos, Jesús de Nazaret fue un rabino de corte zelote que vivió en el siglo I y que, su mensaje nacionalista hebreo se radicalizó tanto que acabó proclamándose el “Mesías” – los israelitas de ese tiempo pensaban que Yahveh les mandaría a un libertador/caudillo militar al estilo de Moisés- y diciendo que traería físicamente el Reino de Dios al lugar. Poco importa que los Evangelios nos digan todo lo contrario ya que, pese a haber sido escritos a las pocas décadas de los hechos ocurridos en la Semana Santa, no son válidos porque lo consideran “propaganda” e “invención”.

Ellos saben que Jesús fue condenado por “sedición contra Roma”, por lo que tuvo que ser la especie de Che Guevara que ellos dicen. Poco importa que Caifás y el resto del Sanedrín modificaran las palabras de Jesús para hacer creer al pueblo que Jesús pidió rebelarse contra el César, no dejando así otra opción a Pilato. Poco importa también la cercanía cronológica de los Evangelios, valen más las especulaciones.

Otro argumento común es el afirmar que Jesús no creó el cristianismo, ya que, según ellos, Jesús quiso ser un caudillo militar. El que lo creó, fue San Pablo. ¡Prodigiosa mente la del “Apóstol de los Gentiles! Fue capaz de crear “ex novo” una teología tan sofisticada como la cristiana sin entrar en fuertes discusiones con los apóstoles que vivieron con Jesús, más allá de las pequeñas diferencias que tuvo con Santiago el Mayor sobre si los gentiles debían o no cumplir partes de la Ley Mosaica tales como la circuncisión o la prohibición de comer ciertos alimentos. ¿Alguien, de verdad, cree que Pablo de Tarso pudo inventarse la doctrina cristiana sin sufrir el rechazo inmediato de los apóstoles, de los que vivieron y escucharon a Jesús?

Otro tema que tocan mucho es el de la Resurrección. Evidentemente, la niegan. Primero, dijeron que era imposible que Jesús tuviera un sepulcro particular porque los romanos tiraban los cuerpos de los crucificados a una fosa común. Más tarde, la arqueología demostró que hubo bastantes excepciones a eso y que el cuerpo de Jesús no tuvo porque terminar perdido en cualquier fosa.

Tras esto, dijeron que quizás Jesús no murió en la cruz, sino que se desmayó y por eso “resucitó”. La arqueología experimental con ayuda de la medicina ha llegado a la conclusión de que era imposible que Jesús sobreviviera y que murió por las graves heridas y la asfixia.

Desmentido esto, pas aron a la tesis de que la frustración porque Jesús no resucitaba llevó a los apóstoles a “imaginarse” que Jesús resucitó. Estaríamos hablando de la mayor “locura colectiva” de la Historia y más, sabiendo que no solo los apóstoles y las mujeres sino unas 500  personas -según documentos que datarían de unos dos meses después de que le vieran después de muerto- le vieron resucitado. Varios psicólogos premiados nada sospechosos de ser creyentes han desmentido que algo así pudiera ocurrir. Comprendo perfectamente que si no tienes fe te sea complicado admitir que alguien volvió de la muerte, pero al menos deberían admitir que algo extraño sucedió y que los criterios científicos no dan una respuesta.

Podríamos estar días y días hablando sobre este tipo de cosas. Yo, no soy ni mucho menos la persona apropiada para hacerlo. Hay especialistas que desmentirían las tesis de estos “escépticos” en un medio adecuado, utilizando metodología científica y mostrando las fuentes. Yo solo quería hacer ciertas reflexiones sobre cosas que me llaman la atención a primera vista, desde la perspectiva de un mero estudiante de Historia que dista mucho de ser una autoridad sobre la Palestina del siglo I. Únicamente estoy cansando de oír siempre lo mismo; de que a todo lo que tiene que ver con el cristianismo se le busque matizar varias veces al mismo matiz y buscar las respuestas más enrevesadas posibles buscando su difamación.

Una cosa son tus sentimientos religiosos y otra bien distinta tu deber de ser veraz y justo. Por suerte, la enmienda a la totalidad que se viene haciendo al relato bíblico desde el siglo XVIII está siendo a su vez enmendada por la arqueología y el estudio de la Historia.

Aprovecho para desearos a todos una Feliz Pascua de Resurrección. 

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