Jacques Fesch, convertido en el corredor de la muerte y autor de
Jacques Fesch, convertido en el corredor de la muerte y autor de "dentro de cinco horas veré a Dios"

Tenía 27 años, se llamaba Jacques Fesch y fue guillotinado en París el 1º. De octubre de 1957, tras haber sido declarado culpable por haber dado muerte a un policía durante un atraco.

Lo sorprendente del caso es que, durante el tiempo que pasó en prisión, Jacques experimentó una fulgurante conversión que reflejó en un libro que lleva por título: “DENTRO DE CINCO HORAS VERE A JESUS”.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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A lo largo de las páginas de lo que es un diario de prisión, se observa un cambio radical en la mentalidad de un joven de clase acomodada que intentó un robo no tanto por necesidad sino más bien movido por la frivolidad.

En el castigo que le han impuesto, Jacques Fesch ve no solamente la expiación de sus pecados sino también los de toda su familia.

A raíz del proceso de conversión de este asesino que mató no tanto con premeditación sino más bien de un modo fortuito, vuelve a renacer el controvertido tema de la pena de muerte.

¿Qué tan lícito es privar de la vida a un asesino por muy peligroso que sea?

¿Acaso no es la pena de muerte una defensa que protege a una sociedad que se encuentra inerme ante la furia de los criminales más peligrosos?

Si consultamos el Catecismo de la Iglesia Católica (aprobado por San Juan Pablo II en octubre de 1992) veremos que, en su número 2267, nos dice textualmente:

“La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas”.

Claramente se ve como el Catecismo no descarta que -en un caso extremo- se aplique la pena capital.

Sin embargo, si continuamos leyendo, veremos cómo, en el mismo número 2267, se dice algo más:

“Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios”

Según esto, la última palabra no es tanto que se aplique la pena de muerte de manera brusca, sino que, de acuerdo con el Catecismo, se vea si antes es posible aplicar otros medios que basten para proteger a la sociedad.

Y es que, quien ha sido condenado a cadena perpetua debido a una sentencia injusta, tiene la oportunidad de que se repare la injusticia cometida mientras permanezca con vida.

Cosa que no ocurre con quien ya fue ejecutado.

Ahora bien, el mismo Catecismo, en el número 2266 dice algo que se aplica totalmente al caso que hoy analizamos:

“…cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, adquiere un valor de expiación”

Eso fue lo que ocurrió con Jacques Fesch quien, a lo largo de las páginas de su diario, no se cansó de reconocer que dicho castigo era una manera de expiar sus pecados y que daba gracias a Dios porque todo lo que estaba sufriendo formaba parte de una “muerte redentora”.

Fue tal la conversión que se operó en este joven que, tras la lectura del diario que escribió en prisión, todos nos sentimos edificados.

Vale la pena citar algunos de los párrafos más significativos:

“Estoy preparado para morir, por lo tanto, no me siento capaz de pasar veinte años de mi vida en la cárcel; prefiero morir ahora antes que pudrirme (…) Si me indultaran me sentiría tan desconcertado que peligraría mi fe (…) Dios, que preside los acontecimientos, al conducirme a la muerte, me libra de un mal que llevo dentro de mí; por lo tanto, mi ejecución será mi salvación y el gran triunfo de mi vida, el único”.

Una muerte edificante que, como lo dice el número 2266 del Catecismo, para el condenado adquirió “un valor de expiación”

Por algo las autoridades diocesanas han iniciado ya el proceso de beatificación.

Se trata de llevar a los altares y poner como ejemplo no a un asesino, sino más bien a un condenado a muerte que se arrepintió, que aceptó con humildad la voluntad de Dios y que nos dejó como herencia unas páginas bellísimas con un gran contenido espiritual.

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Abogado, historiador y periodista. Editorialista de el Heraldo de México (1973-2003). Colaborador de varias revistas mexicanas y españolas. Corresponsal en México de la revista Iglesia-Mundo (1981-1994). Autor de 'La cruzada que forjó una patria' (1976); 'Forjadores de México' (1983); 'Los mitos del Bicentenario' (2010) e 'Isabel la Católica. Su legado para México (2013).