Parroquia profanada en la Villa de Bigastro (Alicante) / Twitter

Más de 5.000 firmas hay ya recogidas por la plataforma de Hazteoir.org para pedir a la alcaldesa de la villa de Bigastro (Alicante) que promueva una moción en defensa de la libertad religiosa tras registrarse el pasado sábado actos vandálicos en la parroquia de dicha localidad.

Se trata de un acto más de violencia laicista en España que tiene como víctima un templo sagrado. El párroco de la iglesia, el Padre Aurelio, afirmaba; “Han atacado a lo más sagrado que tenemos los cristianos: el Santísimo. Nunca imaginé que esto podría ocurrir”.

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La escena que se encontró el pasado sábado por la mañana en la parroquia de Nuestra Señora de Belén mostraba sagradas formas arrojadas contra las paredes, pisoteadas por el suelo y mojadas en orines. Además, los atacantes arrancaron las cruces, las pusieron del revés y esparcieron el incienso por el altar.

“Nunca imaginé que esto podría ocurrir en este pueblo, es gente muy devota, es una comunidad muy eucarística. No creo que los culpables sean de aquí, me costaría creerlo”, añade conmocionado. “No hay palabras. Es una sensación de rabia, de impotencia, de fragilidad, de tristeza. Me quedé aplomado”, agrega.

“Se está alimentando el odio”

La corona de la Virgen ha desaparecido, así como tres cálices. Sin embargo, los asaltantes no sustrajeron el dinero del cepillo ni de los lampadarios, lo que hace sospechar que la intención del ataque fue profanar, no robar.

La agresión se produjo la madrugada del sábado pasado, víspera de la procesión que conmemora el 300 aniversario de la patrona, la Virgen de Belén, que iba a estrenar corona. Se esperaba una jornada de devoción, fiesta y alegría. No obstante, todo quedó truncado por el ataque.

Tras lo sucedido, el sábado por la tarde se celebró una misa de reparación a la que asistió el obispo. “Se está alimentando el odio, y no sabemos cómo puede acabar todo esto”, asegura el Padre Aurelio.

No es el primer ataque que sufren los templos cristianos en España. En los últimos años son cada vez más frecuentes las agresiones motivadas por el odio religioso, que pretenden humillar a los creyentes, arrinconar la fe al ámbito privado y desterrar las manifestaciones religiosas del ámbito público.

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