En realidad no existe contradicción entre la Ciencia y la Religión.
En realidad no existe contradicción entre la Ciencia y la Religión.

Es común escuchar afirmaciones como «Solo creo en lo que la ciencia puede demostrar». Esta postura a menudo surge como una reacción frente a la educación impregnada de la fe católica, dando vida al relato nietzscheano de la transformación del camello en león. Sin embargo, al igual que sería un error basar tu vida en una fe que no has interiorizado, podemos observar una conducta similar en aquellos que confían exclusivamente en la ciencia como fundamento único de sus certezas.

El hecho de afirmar que solo se puede creer en lo verificado científicamente, es una contradicción en sí misma, porque esa misma tesis no es demostrable por la ciencia. Esta paradoja supone la peor noticia para un cientificista, ya que significa basar su esquema vital en un dogma.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Ocurre también que el principio de autoridad cambia de apariencia, de la sotana a la bata blanca, pero sigue siendo el mismo principio. Los que antes creían en la palabra del sacerdote, creen ahora en un titular con la afirmación de un científico, sin cuestionar la letra pequeña del artículo.

También la ciencia provee a sus fieles de esperanza, a un nivel tal que incluso se puede equiparar a la idea del cielo en la tierra. El transhumanismo nos promete la intervención en el proceso evolutivo humano, acelerándolo y perfeccionándolo hasta la consecución de la inmortalidad. El materialismo promisorio no deja de ser por tanto un intento de sustitución de la esperanza católica que tanto critican, una entelequia que trata de adormecer la inquietud del ateo ofreciendo un futuro utópico.

¿Y qué ocurre con conceptos como la voluntad?, ¿qué lleva a alguien a actuar de una manera concreta? El cientificista fundamentará su respuesta en la neurociencia, combinado con aspectos ambientales, genéticos o evolutivos. Según eso la noción de libertad se difumina. Siempre debe existir una explicación basada en una o varias disciplinas científicas. ¿Sería Hitler entonces inocente y solo una víctima de su cerebro o educación?

Y esta es solo una de muchas cuestiones que la ciencia por sí sola no pueda abarcar.

Es comprensible que queramos fundamentar nuestra vida en certezas, porque nadie quiere vivir una fantasía, todos queremos referencias sólidas y eso lleva a muchos a confiar solo en la ciencia. Sin embargo, en última instancia, nadie actúa basándose exclusivamente en las evidencias; ¿acaso la confianza que se deposita en los demás es realmente infalible? Confianza plena en que el camarero que te sirve el plato en la mesa no lo ha envenenado, en el conductor que se para o no en un semáforo en rojo, confianza en tu pareja, en tu empleado, etc.

No parece, por tanto, que la ciencia sea una base sólida para fundamentar nuestra vida y quienes entienden que sí, en realidad, no la aplican consistentemente y acaban adoptando conceptos que critican en los mismos creyentes. Por otro lado, la fe católica, siendo hermosa y plena, es a la vez compleja y enfrenta múltiples dudas. Sin embargo, esa travesía es apasionante y, teniendo claro el destino, la búsqueda de razones te llena de felicidad. Abandonar el barco en medio de la tempestad sería, sin duda, la peor decisión.

Guillermo López-Alonso

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