El Papa Francisco, solo ante el crucifijo, en la Plaza de San Pedro.
El Papa Francisco, solo ante el crucifijo, en la Plaza de San Pedro.

Escribo esto desde el móvil, en presencia del Santísimo de una parroquia de Alicante. Qué mejor sitio para expresar mis preocupaciones, mis inquietudes sobre el presente y el futuro de nuestra fe, de nuestra Iglesia.

Antes de entrar a meditar, al charlar con un buen amigo, este me animaba a rezar para que cesarán las continúas calumnias o desinformaciones que atormentan los cimientos del clero. Curioso, pero tiene razón. Cada vez escucho a más personas criticar la figura del Papa Francisco atribuyendo a sus discursos de todo tipo de sesgos ideológicos y tintes políticos. Que si es comunista, que sí es un colaboracionista de Soros y sus poderes…

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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He leído cada sandez que seguramente sí las reprodujera todas se me metía un troyano en el ordenador. Ese es uno de los problemas que tiene la Iglesia, que está dividida y cada vez son más los que ven en el Papa a un enemigo a batir. Santidad que se encuentra en tierra de nadie, coexistiendo con un semblante triste y nostálgico al ver como los que veían en su figura aires revolucionarios le apalean por no ver en su gestión los cambios que anhelaban. A su vez, una curia conservadora y anacrónica también le da de lado aislandole en la isla de la intrascendencia.

Por si fuera poco, co-existe otra problemática fundamentada en el hecho de que los templos están vacíos. Te encuentras a los cuatro abuelos de siempre que van a la Iglesia de forma rutinaria, pero no avistas rostros nuevos, caras frescas que den alegría a las celebraciones. Siempre que voy a una misa durante la semana y observo a mi alrededor, pienso en que dentro de unos años, cuando estos octogenarios ya no estén, compadrearé a solas con el sacerdote. Tengo miedo, esa es la realidad, asustado de dejar de vivir en comunidad mi fe ante la decadencia espiritual de Occidente.

Y es que por si fuera poco, habitan en la cristiandad personas que se han olvidado del sino fundamental de la Eucaristía y prefieren asistir a reuniones con aires más paganos que piadosos para vivir su fe. Gentes que al hablar con ellas te expresan sin dilación la condescendencia con la que miran a la penitencia o al extrañísimo con el que observan a la Misa. Prefieren perrear y hacer cosas varias en lugar de practicar las creencias en su aspecto más puro.

Pese a ello, si la Iglesia tiene 2.000 años; ninguna institución ostenta tanta carga histórica a sus espaldas, será por qué una fuerza sobrehumana la sostiene. Siempre nos quedará la fe de los que todavía creemos en algo y no hemos sido seducidos por el nihilismo.

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