Cada Adviento y Navidad nos encontramos con lo mismo: atacar belenes. Puede parecer que es solo vandalismo, pero tras ello, se esconde, una vez más la cristianofobia.

Porque no solemos encontrar noticias sobre que han destrozado luces de Navidad (que ya no tienen ningún sentido navideño). Pero sí que han destrozado las figuras del belén.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Este año ya tenemos el primer caso: en Berriozar (Navarra). Desgraciadamente, sé que vendrán más. No es por ser agorera, pero la experiencia es un grado, y tras años recogiendo los ataques a la libertad religiosa en el OLRC, sé que suelen ser más de uno.

(Por cierto, quiero pedirte un favor: si cerca de ti se produce un hecho de estas características, mándanos una fotografía a [email protected]. Entre todos, realizamos el Informe del OLRC. Cuento con tu ayuda).

Sabemos que los símbolos religiosos molestan. Y molestan tanto que Compromís ha llegado a tildar de “obsceno” el belén gigante de Alicante

Supongo que los perpetradores serán los mismos que hacen pintadas en las iglesias. Pero en Navidad encuentran algo más: destrozar figuras del Belén.

Viendo esta “diversión” de algunos, no nos puede extrañar que los políticos lo hagan parecido, a su manera, como de guante blanco: Colau, tras querer “innovar” con los últimos belenes de la plaza de Sant Jaume de Barcelona (el último fue comparado con un trastero), ha decidido no ponerlo este año. De la mofa a la eliminación.

El coronavirus ha sido la excusa perfecta para quita el belén municipal de algunos municipios, como ha ocurrido también en Jaén. No pueden buscar las medidas adecuadas para colocarlo, sino que se elimina y listo. Y ya así quizás se crea precedente para otros años.

Sabemos que los símbolos religiosos molestan. Y molestan tanto que Compromís ha llegado a tildar de “obsceno” el belén gigante de Alicante. La palabra tiene bemoles…

Y es que, para los laicistas radicales, sean de calle o de parlamento, los creyentes deben estar encerraditos en sus casas, sin manifestar en ningún momento su fe en público. Y si ya están calladitos, mejor que mejor.

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