Deberíamos de recuperar nuestra tradición de rezar por los fieles difuntos
Deberíamos de recuperar nuestra tradición de rezar por los fieles difuntos

Hace ya más de medio siglo que en varios países del Mundo Hispánico (incluida España) se ha venido extendiendo una extraña costumbre que, según el paso que lleva, pudiera muy pronto convertirse en tradición.

Nos referimos al Halloween que tiene lugar durante los últimos días del mes de octubre y que culmina la noche del 31 del mismo mes, que por muchos es conocida ya como “Noche de Brujas”

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Tratar de averiguar tanto el origen exacto como el significado real de tan extraña costumbre resulta difícil puesto que tal parece que quienes se encargan de difundirla son los primeros que tratan de ocultar sus raíces y mensajes.

Según algunos, el Halloween tuvo su origen al norte de Escocia, en medio de lluvia y neblina, pasó a los Estados Unidos, atravesó la frontera mexicana ocupando primero México y posteriormente el resto de los pueblos hispánicos.

Eso sin contar con que el Halloween cuenta cada vez con un mayor número de adeptos en España.

¿En qué consiste tan extraña celebración que cuenta cada vez con un mayor número de seguidores?

Difícil saberlo. Sin embargo, la primera impresión es que se trata de un inocente juego infantil en el cual varios niños se disfrazan y tocan a las puertas de sus vecinos pidiendo monedas o caramelos.

Aparentemente -repetimos- se trata de un inocente juego infantil que se pone de moda durante los últimos días del fresco e incluso lluvioso mes de octubre.

Ahora bien, lo que llama de una manera muy especial nuestra atención es el hecho de que los niños que participan en tan extraño juego se visten de un modo muy especial.

Ya sean niños o niñas, quienes participan en el Halloween se disfrazan de fantasmas, brujas, vampiros y una serie de grotescos personajes que espantarían si, en lugar de ser niños los disfrazados, fuesen adultos.

Y es que los fantasmas, las brujas, los vampiros y los diablos nos remiten a un escenario propio de las películas de terror en las cuales los protagonistas principales son quienes acabamos de mencionar.

No se olvide que las brujas son las sacerdotisas de Satanás y, aunque tuvieron su auge durante la Edad Media, es hoy el día en que muchas de ellas aún intervienen en ritos diabólicos.

Y que decir de los vampiros, cuyo personaje más emblemático era el imaginario Conde Drácula quien sentía pavor en cuanto le ponían delante un Crucifijo.

Por supuesto que los diablillos -aun representados por niños- no dejan de tener algo infernal solo que en este caso serían demonios de baja estatura.

Aquí lo que más nos preocupa es el mensaje subliminar que se le está dando no solamente a los adultos que regalan monedas y caramelos sino, en primerísimo lugar, a los niños.

¿Qué consecuencias tendrá a largo incluso a mediano plazo el que los niños se hayan disfrazado de brujas, diablillos o vampiros? ¿Qué tanto afectará a los pequeños haberse comportado de tal modo, aunque solamente haya sido unas cuantas horas? ¿Dejará dicha actuación alguna huella en su sicología infantil?

Ni duda cabe que dichas preguntas son difíciles de responder y que para hacerlo científicamente necesitamos la ayuda de un buen siquiatra.

No obstante, la realidad es que el Halloween -precisamente por llevarse a cabo en estos días- va desplazando tradiciones que durante siglos formaron parte del patrimonio cultural de los pueblos hispánicos.

Y así -valga el ejemplo- la piadosa tradición de rezar por las benditas ánimas del Purgatorio tan propia del pueblo gallego y que culmina en noviembre (Mes de Ánimas en Galicia) va siendo opacada por un Halloween que vastos sectores de la población empiezan a ver como algo no solamente extraño sino incluso nocivo.

Y no digamos -valga otro ejemplo- la también piadosa tradición que tiene lugar en la mexicanísima población de Pátzcuaro donde el pueblo michoacano dedica la noche víspera del 2 de noviembre a orar por los Fieles Difuntos.

Tanto la devoción por las benditas ánimas en Galicia como la “Noche de Difuntos” en Pátzcuaro (México) forman parte del patrimonio cultural y espiritual de pueblos que forman parte del Mundo Hispánico.

Esas tradiciones vienen desde los albores mismos del Cristianismo en nuestras tierras y no debemos permitir que se pierdan.

En cambio, el Halloween por ser algo importado y con un extraño trasfondo que mucho tiene de diabólico debe ser rechazado.

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Abogado, historiador y periodista. Editorialista de el Heraldo de México (1973-2003). Colaborador de varias revistas mexicanas y españolas. Corresponsal en México de la revista Iglesia-Mundo (1981-1994). Autor de 'La cruzada que forjó una patria' (1976); 'Forjadores de México' (1983); 'Los mitos del Bicentenario' (2010) e 'Isabel la Católica. Su legado para México (2013).