Mons. Sanz Montes, arzobispo de Oviedo
Mons. Sanz Montes, arzobispo de Oviedo

Durante los últimos años, la Iglesia Católica ha recibido uno de los más duros ataques le ha propiciado el anticlericalismo desde los aciagos tiempos de la Revolución Francesa.

Decimos esto porque los anticlericales de estos primeros años del siglo XXI ya no se dedican a matar curas, desterrar obispos o incendiar iglesias.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Los anticlericales de estos primeros años del siglo XXI, más que convertir en mártires a sus odiados clérigos, lo que prefieren es exponerlos al escarnio público. Esa es la explicación por la cual los calumnian acusándolos de cometer los peores crímenes.

Una táctica que no es nueva porque ya, durante la primera mitad del siglo XIX, los masones acusaron a los frailes de haber envenenado las fuentes de Madrid. Fue así como crearon tal clima de animadversión popular que esto le facilitó a Juan Álvarez Mendizabal poner en marcha la Ley de Desamortización con la cual despojó de sus propiedades a la Iglesia.

Pues bien, en estos primeros años del siglo XXI los mismos enemigos ya no acusan a los frailes de envenenar gente; hoy prefieren acusar a sacerdotes y religiosos dedicados a la enseñanza de abusar de los niños cometiendo abusos propios de los pederastas.

Aquí conviene aclarar que el crimen de la pedofilia (abuso sexual de menores) no es un delito propio de la Iglesia Católica sino más bien de toda la sociedad.

Y ello en gran parte es debido al clima de erotismo que todo lo invade y que hace que la persona sea rebajada a la vil condición de objeto de placer.

Es así como, dentro de una sociedad envenenada por la pornografía nada extraño resulta que la mayoría de las veces quienes abusan de los menores son personas cercanas como pudieran serlo parientes o vecinos.

Sería muy interesante que se presente una estadística en la cual se indicase con datos ciertos cuantos de dichos pederastas pertenecen al estado eclesiástico.

Quien esto escribe tuvo el honor, la dicha y el privilegio de ser educado por los Hermanos de las Escuelas Cristianas y durante todo el tiempo que estuvo en colegios lasallistas jamás conoció de un solo caso de pederastia.

Y lo mismo puedo decir de los Hermanos Maristas que fueron los educadores de mis hijos.

Lamentablemente, muchos años después –cuando ya han fallecido muchos de aquellos educadores religiosas- cual si se tratase de hongos en la humedad brotan sujetos faltos de escrúpulos que, movidos por la avaricia, inventan historias truculentas para ganar en los juzgados un dinero que no fueron capaces de ganar trabajando honradamente.

Y así como las calumnias contra los frailes en el siglo XIX sirvieron para provocar una ola de anticlericalismo que despojó de sus bienes a la Iglesia, de igual manera quienes calumnian acusando a clérigos y educadores religiosos de ser pederastas lo que pretenden es que se alejen de la benéfica influencia de quienes, con sus experimentados y prudentes consejos podrían alejarlos de compañeros viciosos.

Ante todo lo anterior, nos congratula la Carta Pastoral que acaba de publicar Monseñor Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, en la cual de manera oportuna, vigorosa y convincente trata acerca de tan espinoso problema.

Una Carta valiente que debería de leer todos los obispos para no andar cargando falsos complejos de culpa y que debería ser difundida por los medios de comunicación puesto que todo agredido –en este caso la Iglesia- tiene el derecho a defenderse y a que su honor sea reparado.

Monseñor Jesús Sanz Montes es un arzobispo valioso y valeroso. Todo un líder tan necesario para la Iglesia Española del siglo XXI y que ojalá algún día tengamos la suerte de verlo presidiendo la Conferencia Episcopal Española.

Y para concluir este comentario nada mejor que citar un párrafo de tan valiosa Carta Pastoral:

“Si la pedofilia es una lacra terrible de nuestra sociedad contemporánea, de la que también la Iglesia forma parte, pongamos los medios y los remedios para sanarla y erradicarla. La pornografía, tan fácilmente asequible, la educación ideologizada por el género, la hipocresía cínica de la inmoralidad o amoralidad en tantos casos, hacen de campo de cultivo para que se sigan cometiendo estas tragedias deleznables”

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Abogado, historiador y periodista. Editorialista de el Heraldo de México (1973-2003). Colaborador de varias revistas mexicanas y españolas. Corresponsal en México de la revista Iglesia-Mundo (1981-1994). Autor de 'La cruzada que forjó una patria' (1976); 'Forjadores de México' (1983); 'Los mitos del Bicentenario' (2010) e 'Isabel la Católica. Su legado para México (2013).