La cadena de hamburguesas Chick-fil-A ha sufrido el boicot de los grupos LGTBI.
La cadena de hamburguesas Chick-fil-A ha sufrido el boicot de los grupos LGTBI.

Querido lector,

Chick-fil-A. Mientras hay personas como yo no son capaces ni de pronunciar esta marca, a algunos le salen sarpullidos nada más escucharla.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Aunque en España no se suele conocer esta cadena de restaurantes estadounidense, en Estados Unidos son uno de los grandes en lo que a comida rápida se refiere y por lo visto se pueden colgar la medalla de estar por delante en la carrera de los sandwiches de pollo. De hecho cuentan con más de 2.300 establecimientos, la gran mayoría en su país de origen.

Después de muchos años de trabajo y crecimiento sostenido y algunos intentos fallidos de expansión en Canadá, Sudáfrica y Escocia, el pasado día 10 de este mismo mes de octubre decidieron dar un valiente paso empresarial y volver a abrir un establecimiento en Reino Unido, esta vez en The Oracle, un centro comercial en Reading, ciudad a caballo entre Londres y Oxford, de esas que se han beneficiado con el tiempo de los precios desorbitados de la capital y han ido atrayendo a varias multinacionales.

Si les digo que la dirección de The Oracle ya le ha comunicado a Chick-fil-A que no piensa renovarle el alquiler cuando éste expire en 6 meses tras unas protestas bien organizadas por un determinado colectivo, ¿se atreverían a averiguar de qué colectivo hablo?

Pues sí, ha acertado, querido lector. No esperaba menos de usted.

La agrupación Reading Pride (algo así como Orgullo de Reading) ha organizado un boicot que ha tardado menos de dos semanas en dar sus frutos e impedir que esta empresa pueda seguir con su trabajo además de lograr que todos sus empleados se queden en la calle en breve con el Brexit acechando (bueno, si es que ocurre, que ese es otro tema que estoy intentando evitar…).

Como se que el nivel de instrucción de mis lectores es elevado, entiendo que estará intuyendo el porqué de este odio a la marca y sus dueños. Y creo que de nuevo puede cantar bingo.

Su crimen es ser cristianos e intentar ser coherentes con ello a la hora de hacer negocios. Por lo visto pagan bastante más que el salario mínimo a sus empleados, el año pasado otorgaron más de 14 millones de dólares en becas a sus empleados, ofrecen flexibilidad horaria y… no abren los domingos. Sí, han oido bien. Y de hecho admiten que pierden posibles ingresos y competitividad con una sonrisa. El fundador, Sr. Cathy, fue preguntado por este asunto y respondió que «no estoy tan comprometido con el éxito financiero como para abandonar mis principios y prioridades» para continuar sin tapujos afirmando que es «una manera de honrar a Dios».

Por si fuera poco, son donantes de varias organizaciones cristianas, de esas que defienden el matrimonio natural como la Family & Marriage Foundation, Salvation Army, o el Family Research Council. Y además de donar, en ocasiones dan su opinión, sí, ese crimen infecto que permitían las sociedades libres de antaño, ¿se acuerda usted?

De hecho, en 2012 el Director de Operaciones se atrevió a afirmar que «aquéllos que se atrevían a definir el matrimonio estaban invitando el juicio de Dios a nuestra nación». Y se armó un jaleo de mil pares de narices. La empresa que les proveía de juguetes terminó relaciones comerciales y anunció que iba a donar todos los beneficios a un lobby de ideología de género.

Varios políticos de alto nivel empezaron a criticarles y se comprometieron a intentar evitar que la cadenas se expandiese en los territorios que gobernaban. Y el último boicot en Reading no es sino una continuación de esta guerra continua que le declararon a esta empresa hace ya casi ocho años. Estos señores no paran.

Y a mi todo esto me llena de esperanza -y no soy masoquista. La nueva izquierda, con sus muchas aristas, siempre nos da lecciones de imaginación, propaganda, movilización y compromiso. Ellos lo hacen para servir al mal -yo que soy católico, no necesito estos eufemismos y sé que sirven al mismo Satanás- pero eso significa que los que servimos a Dios -siendo o no conscientes de ello- tenemos la posibilidad de darle la vuelta a la tortilla y empezar a presionar como consumidores para que las empresas no se sigan convirtiendo en brazos políticos de la nueva izquierda, sino que, si lo quieren, sirvan al bien común, la familia, la libertad y la vida. Tenemos la pelota en nuestro tejado, querido lector.

Comentarios

Comentarios