Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla
Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla

El arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, ha hecho pública una carta en la que explica de manera sencilla y contundente por qué el proceso de inmatriculaciones que se ha realizado en los últimos años no son “fraudulentas”.

Monseñor Asenjo lo hace con la autoridad de quien ha sido responsable último (cmo obispo de Córdoba y arzobispo de Sevilla) de algunas de las inmatriculaciones sobre las que se ha creado más polémica, como son las de la mezquita catedral de Córdoba y la catedral de Sevilla, junto a la giralda y el Patio de los Naranjos. Pero su explicaicón es igualmente válida para otros casos como la Seo de Zaragoza. “Lo hago en honor a la verdad para salvaguardar el buen nombre de la Iglesia”, puntualiza el prelado.

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El arzobispo sostiene indubitado que “la Iglesia no ha sustrído nada a nadie, ni se ha apropiado de algo que no fuera nuestro, es decir del Pueblo de Dios”. Las inmatriculaciones suponen en realidad dejar constancia en los Registros de la Propiedad de “los bienes que siempre han sido de la Iglesia, bienes que ella creó, que ha conservado y cuidado con diligencia y que pone a disposición de todos, creyentes y no creyentes”.

Si este proceso no se realizó con anterioridad, puntualiza, es “porque hasta 1998 estaba prohibida la inscripción en los Registros de la Propiedad de los templos destinados al culto católico“, circunstancia que fue modificada para eliminar el riesgo de inseguridad jurídica, a través de una modificación del Reglamento Hipotecario, dado que la prohibición era “inconstitucional”.

La cateral de Córdoba

El arzobispo de Sevila se detiene a explicar en particular el caso de la mezquita catedral de Córdoba, inmatriculada en 2006 bajo su responsabilidad como obispo de esa diócesis, templo que ha sido objeto de especial polémica por parte de los partidos de izquierda y organizaciones laicistas.

El arzobispo subraya que “cuarenta y tres eminentes medievalistas” han certificado que la mezquita de catedral ha sido propiedad de la Iglesia, en contra de la opinión de “instancias municipales”. De hecho, subraya, “la documentación archivística de la propia catedral (…) no admite lugar a dudas” sobre los títulos jurídicos a favor de la propiedad por parte de la Iglesia.

Protesta ante la catedral de Córdoba cotra los intentos de expropiación. /MasLibres.org
Protesta ante la catedral de Córdoba cotra los intentos de expropiación. /MasLibres.org

Por otro lado, existen argumentos históricos “incontestables”. Así, las excavaciones arqueológicos “demostraron la existencia en el subsuelo de la mezquita-catedral de un complejo episcopal que puede datarse entre los siglos IV y VI“.  Entre ellos, los restos de la basílica visigótica dedicada a San Vicente mártir. Desde 2004 se puede contemplar una pequeña parte de esos restos visigóticos “plagados de símboilos cristianos”.

Ese complejo “fue destruido tras la invasión musulmana del año 711, aprovechando sus materiales para construir parte de la mezquita, cuya estructura arquitectónica básica se ha mantenido posteriormente gracias al cuidado de obispos y cabildos”, recuerda el prelado.

Dicha mezquita fue “donada por el Rey Fernando III el Santo a la Iglesis tras la rendición de la ciudad el 29 de junio de 1236, siendo purificada y consagrada al día siguiente por el obispo de Osma, Juan Dominguez”.

Monseñor Asenjo recuerda que, con independencia del acto de la inmatriculación, “las autoridades civiles, tanto nacionales y autonómicas como municipales, han reconocido múltiples veces en la firma de diversos convenios que obran en la secretaría del cabildo cordobés” a la diócesis como legítimos propietarios de la mezquita catedral.

Incluso, conta un convenio firmado en 2006 con la propia Carmen Calvo, actual vicepresidenta del Gobierno, cuando ocupaba la cartera de Cultura.

La catedral de Sevilla

En Sevilla, el proceso es similar al sucedido en Córdoba. “San Fernando entregó a la Iglesia hispalense la antigua mezquita, con el alminar y el Patio de los Naranjos, indisolublemente unidos a aquella”, recuerda Asenjo.

Existen documentos desde el siglo XIII que avalan esta donación. Y como muestra, el arzobispo de Sevilla expone el privilegio de Alfonso X El Sabio de 5 de agosto de 1252 por el que entrega a esta diócesis “todas las mezquitas que son de Seuilla, quantas fueron en tiempos de moros, que las aya libres e quitas pora siempre por juro de heredat“, a excepción de tres que estaban e posesión de los judíos.

La catedral de Sevilla. /Wikimedia
La catedral de Sevilla. /Wikimedia

La propiedad de la catedral de Sevilla ha sido a lo largo de los siglos tan evidente y respetada que incluso en el decreto de desamortización de 1841, en el que se establece que “todas las propiedades del clero secular (…) son bienes nacionales”, se exceptúan “los edificios de las Iglesias catedrales, parroquiales, anejos o ayuda de parroquia”.

Aún más, Asenjo recuerda que después de muchas décadas celebrando el culto cristiano en una mezquita almohade, en 1401 se decidió contruir un nuevo templo: “Hagamos una iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren labrada nos tengan por locos”, dejaron escrito los canónigos. De tal forma que nadie puede negar que la catedral de Sevilla fue construida por la Iglesia.

Perplejidad del arzobispo

Monseñor Juan José Asenjo, concluye su extensa carta manifestando su “perplejidad por esta deriva incomprensible sobre los bienes inmuebles de la Iglesia” que a su juicio “no se funda en argumentos objetivos de carácter jurídico o histórico, sino en apriorismos y prejuicios”.

El arzobispo de Sevilla, por último, se muestra seguro de que estas reivindicaciones “no tienen recorrido legal” y pide a Dios “que la verdad se abra camino y la convicencia respetuosa se afiance entre nosotros”.

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