La brújula de Pedro Sánchez solo marca el norte del 10-N, sin ver más allá de sus narices, y quiere apuntarse la muesca del franquicidio en su canana de miliciano honorario para atraer el voto de ultraizquierda de Podemos. Pero la invasión del Valle de los Caídos y exhumación del Generalísimo es algo mucho más grave que una victoria a destiempo del Frente Popular contra el franquismo. 

Es una cacicada contra el Estado de derecho; una cacicada contra la separación de poderes y finalmente, pero no menos importante, un acto de barbarie contra la civilización.

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1.- Cacicada contra el Estado de Derecho

Para empezar ya resulta sospechoso que Sánchez haya tirado de decreto-ley para sacar a Franco del Valle. El decreto-ley no deja de ser un mecanismo excepcional para aprobar leyes, esquivando el contraste parlamentario. Está pensado para resolver situaciones sobrevenidas o imprevisibles (y la exhumación de Franco, no es ninguna de ellas). Al no haber posibilidad de enmiendas del Congreso, ni luz ni taquígrafos, la labor de fiscalización del Parlamento se limita a convalidar el decreto, o a derogarlo, pero en este caso es en el plazo máximo de un mes a partir de su publicación en el BOE, cuando el decreto ya en entrado en vigor. No sé si lo pillan. Se trata de una blitzkrieg (o guerra-relámpago) del Ejecutivo, por la puerta de atrás del Parlamento. 

Para continuar, el decreto-ley de Sánchez burla una norma de rango superior, el Acuerdo entre España y la Santa Sedeque constata que “Los lugares de culto tienen garantizada su inviolabilidad con arreglo a las Leyes”. Y este Acuerdo es superior porque tiene rango de tratado internacional -así lo confirmó el Tribunal Constitucional en una sentencia-. Los tratados internacionales no pueden ser esquivados alegre y unilateralmente por los Gobiernos. Como señala la propia Constitución (artículo 96): “Sus disposiciones sólo podrán ser derogadas, modificadas o suspendidas en la forma prevista en los propios tratados o de acuerdo con las normas generales del Derecho internacional”. 

Ni siquiera ha tenido Sánchez la mínima prudencia política de esperar a que el procedimiento termine, ya que cabe recurso de amparo contra el decreto ante el Tribunal Constitucional, y en su defecto, ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. De hecho, si una vez consumada la exhumación, el T.C. o Estrasburgo dan la razón al abad del Valle, se podría demandar al Gobierno de Sánchez. 

Pero como hemos dicho, el único norte de su brújula son las elecciones, aferrarse al poder. No dejes que los tratados internacionales o la Constitución te estropeen una temporadita más en La Moncloa. 

Para el Gobierno la sentencia es la pica en Flandes judicial de la Ley de Memoria Histórica

2.- Una cacicada contra la separación de poderes

Si algo distingue a una dictadura de una democracia es la separación de poderes. Si los jueces pierden la independencia, y se convierten en aplicados amanuenses del gobernante de turno… adiós seguridad jurídica, adiós garantías, adiós democracia. En el caso de la exhumación, el Supremo parece haber actuado como correa de transmisión de la cabezonería frentepopulista de Sánchez, al avalar el Real Decreto. Esa es la impresión que produce. Al menos para el Gobierno, la sentencia no es sino la pica en Flandes judicial de la Ley de Memoria Histórica. Todo un hito, que los socialistas reinterpretan en clave militar, como si fuera la bandera que los norteamericanos plantaron en Iwo Jima. 

Lo ha dicho un miembro del Gobierno: [La exhumación] “será la primera victoria de los vencidos”. Frase textual de la ministra Dolores Delgado, que como titular de Justicia y notaria mayor del Reino, será la que supervise y levante acta de la exhumación.

Todo ello no hace sino dividir a los españoles, reabriendo heridas que ya estaban cicatrizadas, con una norma de dudosa constitucionalidad como la Ley de Memoria Histórica, que saca a pasear el fantasma del guerracivilismo, poniendo fin a 40 años de reconciliación. 

Afortunadamente hay en España muchos jueces independientes y profesionales, que no se dejan influir por criterios partidistas. El problema no es de éste o de aquel magistrado concreto, sino del sistema judicial en su conjunto, que estructuralmente está teñido de politización, desde la reforma del Consejo General del Poder Judicial, impulsada por Felipe González en 1985. 

Con la politización de la Justicia, la arbitrariedad está servida. El poder, que tiende a expandirse y ocupar espacio, queda libre de frenos, contrastes, contrapesos. El episodio del Valle es un ejemplo de libro.

Sánchez pretende entrar como un Tiranosaurus del laicismo en terreno sagrado

3.- Y un ataque a la civilización

Finalmente, la exhumación es un acto de barbarie, pues el  respeto a los muertos es un elemento común a cualquier civilización, como ha subrayado Juan Manuel de Prada. Sánchez no solo se salta a la torera principios básicos de cualquier ordenamiento jurídico, sino que además atropella la inviolabilidad de un lugar de culto y se lleva por delante “los fundamentos mismos de la civilización”. Pretende reescribir el pasado, perturbar el sueño de los muertos, entrar como un Tiranosaurus del laicismo en terreno sagrado… 

En ese sentido, el abad del Valle, Santiago Cantera, ha sido comparado con el obispo Tomás Becket, que plantó cara a la arbitrariedad del rey Enrique II de Inglaterra.

Pero también se podrían percibir ecos lejanos de Antígona, la heroína que, en la tragedia de Sófocles, quiere dar sepultura a su hermano Polinices, y se atreve a desafiar al rey Creonte, que lo había prohibido. Y que apelaba a leyes no escritas e inquebrantables, que tienen validez universal.

En el antiguo Egipto, se reservaban tremendas castigos para quienes osaban profanar el sueño de los muertos. “A quien ose violar esta tumba, un cocodrilo lo atacará en el agua y una serpiente lo atacará en tierra”. Los muertos son sagrados como recoge Mika Waltari en su famosa novela, Sinuhé el egipcio. Aunque es dudoso que la cultura del presidente cum fraude de para tanto. Lo más probable es que confunda a Waltari con un programa de ordenador o con un videojuego. 

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.