Abel Azcona, en una de sus polémicas actuaciones/ Plataforma de Arte Contemporáneo
Abel Azcona, en una de sus polémicas actuaciones/ Plataforma de Arte Contemporáneo

Es uno de los nombres más citados en los últimos días. Su grave profanación tras el robo de hostias consagradas con las que ha realizado una exposición en Pamplona le ha costado ya dos querellas y numerosas quejas por sus ofensas a los sentimientos religiosos.

Azcona (1988) es un abonado a la polémica y a los escándalos. Un problema que se remonta a muy atrás. En una entrevista realizada en Jot Down ya confesó que de adolescente fue diagnosticado de una psicopatía y que con 16 años intentó suicidarse. 

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Esta actitud ofensiva e insultante tiene su origen en lo que él llama “una infancia complicada”. Azcona contaba que su madre era prostituta y adicta a la heroína. “Ese fue el contexto en que mi madre se quedó embarazada. Intentó abortar y no se lo permitieron, así que me dio a luz y me abandonó en una clínica de Madrid”, indicaba.

“La religión es una de las mayores epidemias de la historia: al mismo nivel del cáncer y el sida”

¿Será cierto este historial? ¿O forma parte de la autopromoción de un artista que, a falta de otros méritos, basa su notoriedad en la provocación y el escándalo?

Lo cierto es que el “artista” profanador hablaba también de una infancia “un tanto turbia” en la que “intervinieron varias familias y una adopción a los siete años; una mezcla de maltratos, abusos sexuales y diferentes problemáticas”.

Con los años fue creciendo en Abel Azcona un odio que finalmente desembocó en una gran aversión a la religión, una de las víctimas preferidas en sus exposiciones.

El propio Azcona aseguraba que “es una de las mayores epidemias de la historia. La religión está al mismo nivel que el cáncer y el SIDA, y de he hecho ha matado a más gente que estas enfermedades más conocidas”. Como anzuelo publicitario tiene su gancho. Nada como arremeter contra lo más sagrado para llamar la atención.

Que te peguen un tiro forma parte de la performance

El objetivo de la exposición blasfema de Pamplona se entiende mejor al escuchar lo que dijo Abel Azcona en dicha entrevista: “La religión es un problema, una lacra a batir y a combatir”. Esto es precisamente lo que hace, un ‘arte’ cuyo principal objetivo es hacer daño.

Pero si odia a la Religión su obsesión con el Opus Dei es todavía mayor. Tras calificarles como “Opus Gay” decía que “es una banda terrorista dentro de la religión católica” al que acusa de “casos de violencia más explícita”.

Esta obsesión la ejemplificó en una de sus ofensivas exposiciones. Titulada The Shadow, en ella aparecían una treintena de casos de abusos a menores. En todos acusaba al Opus Dei de estar detrás. “Mi padre era pederasta y del Opus”, aseguraba una de las muestras.

Esta frialdad la ha mostrado a la perfección en la profanación eucarística expuesta en Pamplona. En una entrevista, aseguraba imperturbable: “Yo entro, me ofrecéis en la mano un pan, yo lo cojo. No me dices por dónde me lo tengo que meter, ¿no? Pues me lo meto en el bolsillo de la chaqueta”.

Entre sus objetivos también han estado los musulmanes. En otra de sus actuaciones se comió las páginas del Corán. Esto aseguraba después en una entrevista en El Mundo: “Si me como el Corán, me amenaza Al Qaeda y a mí un día van y me pegan un tiro, todo eso forma parte de un proceso artístico con sentido”. Y añadía: “que te peguen un tiro tiene que ver directamente con la pieza, es parte casi del ‘performance’”.

Abel Azcona se come el Corán/ Plataforma de Arte Contemporáneo
Abel Azcona se come el Corán/ Plataforma de Arte Contemporáneo

En otra ‘performance’, como a él le gusta definir sus actuaciones, se prostituyó. Llamada Empathy and Prostitution lo llevó a cabo en Bogotá, Houston y Madrid. Él mismo se desnudaba y en una cama invitaba al espectador a estar tres minutos con él previo pago de un euro, un dólar o cien pesos colombianos. En otra ocasión estuvo encerrado más de 40 días en una habitación de seis metros cuadrados de un psiquiátrico de Pamplona hasta que tuvo que ser trasladado al hospital.

Cristina Cifuentes, una de sus grandes seguidoras

Además, el pasado mes de marzo fue detenido en Pamplona por otra de sus actuaciones que consistía en pasear desnudo por las calles del centro de la ciudad. Así lo denunciaba en las redes sociales:

“Detenido. Por ir desnudo por la Escuela de Arte de Pamplona-Iruñeko Arte Eskola… por la calle. De vuelta a casa, agredido y arrastrado por unas escaleras por el Policía Municipal de Pamplona nº XXX, os pido a todas y todos denunciarlo. No entienden el arte denuncia, no entienden nada. DENUNCIEMOS”.

Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid/EFE
Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid/EFE

Entre los seguidores de las actuaciones de Azcona se encuentra la presidenta de la Comunidad de Madrid, la ‘popular’ Cristina Cifuentes. Muestra de ello fue la invitación, y la aceptación, que la presidenta le hizo a Azcona cuando era Delegada del Gobierno para que conociese la sede en la que trabajaba.

El propio Azcona dijo en una entrevista que le unía con Cifuentes una relación de amistad e incluso por redes sociales se han intercambiado elogios mutuos.

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