Zuckerberg, Pichai, Dorsey y Cook, directivos de las tecnológicas que aplican la censura y vetan la libertad de expresión.

El uso de la guillotina ya no es estético. Pero el espíritu de quienes se han propuesto asesinar civilmente a todo el que no respalde el discurso políticamente correcto es el mismo de los que en el ocaso del siglo XVIII impusieron, bajo la bandera de la razón, el terror en la Francia revolucionaria. Y luego, de formas diversas, se ha extendido por todo el mundo.

Ahora, al inaugurar la tercera década del tercer milenio de la era cristiana, la guillotina se aplica en las redes sociales, que eliminan de manera sistemática los comentarios de quienes discrepan de los dogmas de la llamada nueva izquierda o la ideología de género. O directamente eliminan las cuentas de los usuarios ‘desafectos’.

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La espiral de censura y ataque sistemático a la libertad de expresión que se ha desatado en las últimas horas, en especial tras el extraño asalto al Capitolio de los Estados Unidos, uno de los edificios en teoría más seguiros del mundo.

Twitter, Facebook, Youtube e Instagram se han atrevido, nada menos, que a eliminar la cuenta del presidente de los Estados Unidos Donald Trump, cuya presidencia ha estado jalonada de gestos, acciones y discursos contrarios a lo políticamente correcto.

Apple, Google y otras grandes empresas han hecho todo lo que estaba en su mano para impedir que los ciudadanos pudieran acudir a otras redes sociales como Parler y WhatsApp, también en manos de Mark Zuckerberg, dueño de Facebook, ya amenaza con eliminar las cuentas con contenidos que consideren inadecuados.

Las redes sociales nacieron precisamente como un espacio de libertad, en el que los ciudadanos podían expresarse de manera libre, sin cortapisas, más que las que pudieran dirimirse en los tribunales. Así lo vendieron sus promotores.

Contra este fusilamiento sistemático de la libertad de expresión se han manifestado miles de usuarios en las principales redes sociales

Entonces las redes sociales se convirtieron en un espacio alternativo y multidireccional al mensaje uniformizado y unidireccional que llegaba a la sociedad a través de los grandes medios y corporaciones de comunicación. El ciudadano podía escapar e, incluso, combatir si lo estimaba oportuno el discurso único del poder establecido.

Sin embargo, poco a poco -o no tanto- cada vez más, las redes más populares se han cargado de una legislación interna asfixiante, pero al mismo tiempo opaca, con la que los gurús de Sylicon Valley censuran a su capricho. La mayoría de las veces, ni siquiera explicitan la norma infringida, sino simplemente que se violaron de alguna manera sin especificar, lo que provoca una indefensión más que notable.

Contra este fusilamiento sistemático de la libertad de expresión se han manifestado miles de usuarios en las principales redes sociales, algunos de los cuales, como ya se ha mencionado, han buscado refugio en otras alternativas.

La plataforma CitizenGO ha emprendido una campaña precisamente en este sentido, en la que se reclama a los directivos de Facebook, Instagram y WhatsApp (Mark Zuckerberg), Twitter (Jack Dorsey), Google (Sundar Pichai) y Apple (Tim Cook) que se replanteen la política de censura sistemática emprendida.

«Fueron las redes sociales las que impulsaron las primaveras árabes y el triunfo de Obama. Un soplo de aire fresco que garantizaba libertad. Los últimos movimientos sin embargo evidencian que se trata de gigantes liberticidas extraordinariamente peligrosos«, denuncian desde la plataforma.

El hecho es que estas plataformas tecnológicas están actuando como medios de comunicación. No cómo meros soportes ofrecidos en libertad, sino como decisores sobre los contenidos. Sin embargo, no tienen ninguna de las obligaciones legales de los medios de comunicación.

«Censurar la información y el debate supone cercenar la libertad de expresión y de información, la clave de una sociedad libre y de una democracia digna de tal nombre. Quizás crean que de esta manera defienden la democracia. Creo que es más bien lo contrario: restringir la libertad siempre daña la calidad democrática» subrayan desde CitizenGO.

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