Daniel Gavela, director de la SER reconoce que sí era posible prever las consecuencias de la pandemia.
Daniel Gavela, director de la SER reconoce que sí era posible prever las consecuencias de la pandemia.

“¿Quién podía saberlo, Capitán Aposteriori?”. Ha habido numerosas consignas que las terminales mediáticas del poder -es decir, casi todo mi gremio- repiten con una regularidad vergonzante, pero esta con la que inicio el párrafo, además de definir la línea oficial, es la más repetida. Quién podía haber previsto el alcance de esta pandemia.

Oh, bueno, me muevo en un entorno familiar y social en el que hay un número no despreciable de votantes e incluso militantes de Vox, que se pasaron días y días tratando de convencer a la cúpula del partido de que celebrar el mitin de Vistalegre era una verdadera imprudencia, como luego reconocieron oficial y públicamente. ¿Cómo lo podíamos saber? Bueno, estaba China, estaban las advertencias de la OMS, estaba, sobre todo, Italia, que está a tiro de piedra y no posee ninguna debilidad misteriosa que le haga especialmente vulnerable al virus. En fin, estaban los ojos, los estudios y el sentido común. Sobre todo, si gente como yo, sin conocimientos científicos ni información privilegiada, ya podíamos verlo, ¿qué decir del Gobierno, que tiene un ejército de expertos que cobran de nuestros impuestos y al que imaginamos especialmente al tanto de lo que pasa?

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Pues nada, un ‘fact-checker’ como Newtrall, de Ana Pastor, que corrige una información de Vox que habla de 60 cuando en realidad son 62 y nimiedades de esa laya, no tiene nada que comprobar aquí, sigan circulando. Llegué a pensar que, efectivamente, todos esos compañeros, todos los colegas del otro lado de la trinchera, realmente no podían saber porque solo se escuchan y solo se leen unos a otros, viven en una burbujita en la que todos se dan mutuamente la razón y palmaditas en la espalda y actuaban, así, por incompetencia abismal, pero no mala fe.

¿Quién, oh, quién en los medios afines podía saberlo? No sé, ¿qué tal la SER? Porque hete aquí que aparece en la propia web de la emisora de Prisa una entrevista que le hicieron a su director Daniel Gavela. En ella, como de pasada, preguntan cómo puede hacerse, en la actual situación de encierro y ‘distanciamiento social’, los programas deportivos. E imagino que con una candidez que debe de estar lamentando, responde, entre otras cosas, que “afortunadamente La SER fue previsora y se adelantó un par de semanas al estallido”, y compraron 275 portátiles, 59 Quantum, 30 equipos RDSI o IP a domicilio, decenas de móviles, etcétera.

He vuelto a decir, cuando me pregunta algún desconocido, que soy traductora. No así antes; antes decía en voz muy alta que era periodista

Vaya, así que la SER podía ser tan, tan previsora como para hacer un gasto más que considerable en equipos que permiten trabajar a distancia, pero el Gobierno de España, con los impuestos de todos los españoles, 22 ministerios, incontables funcionarios, expertos y asesores y acceso a las mejores fuentes de información nacionales e internacionales no podían preverlo. Peor aún: en la SER, como en todo Prisa, como en casi toda mi querida profesión, dan la razón a los chicos de Sánchez cuando alegan que nadie podía haberlo imaginado.

De un tiempo a esta parte, y sobre todo en las últimas semanas, he vuelto a decir, cuando me pregunta algún desconocido, que soy traductora. No así antes; antes decía en voz muy alta que era periodista, que me parecía el oficio más emocionante del mercado y, si no el más noble, uno de los más necesarios de la res pública.

Yo empecé en esto con la cabeza abarrotada de literatura, de películas y novelas y la hagiografía de los grandes y la leyenda áurea de una vocación de freno a los poderosos y desafío de los grandes, de reporteros que se lo jugaban todo por decir la verdad y mantener al público -Nosotros, el Pueblo- convenientemente informado. Bueno, ya saben, todas esas gigantescas mentiras que nos ha venido vendiendo Hollywood durante tantos años.

En nada me molestaba ese punto canalla del periodista que vende a su madre por una exclusiva o, si lo prefieren, lo disculpaba con facilidad, sabiendo que en democracia no hay mejor control del gobierno que la luz y -ahora suena arcaico, pero ustedes me entienden- los taquígrafos. Que hagan lo que quieran, pero que se sepa, y el pueblo decidirá sobre lo que hay.

Siendo más alérgica a la izquierda que Greta Thunberg al CO2, no me atreví a criticar directamente los ‘Viernes de Negro’ de la era Rajoy, en la que las profesionales del telediario público nacional aparecía de negro ese día, como de luto por la libertad de información, que pretendían coartada por el Gobierno derechista del gallego.

A mí me tenía perpleja, porque me consta que las facultades de Ciencias de la Información son verdaderas fábricas de izquierdistas radicales, y estudio tras estudio mi gremio aparece como el más a la izquierda de los que pululan por el mercado. Más: no me parecía que RTVE fuera con Rajoy especialmente ‘de derechas’, al contrario, y la prueba es que todas aquellas dignísimas periodistas de los ‘Viernes de Negro’ seguían en sus importantes cargos pese a todo.

Hoy deberían ser de negro los viernes, sábados, domingos, lunes, martes, miércoles y jueves. Hoy deberíamos ir de luto riguroso por una profesión que se ha convertido en un entusiasta Ministerio de Propaganda que haría cualquier cosa menos cuestionar al Poder, que son, de hecho, sus humildes lacayos y que no tienen reparos en proporcionarle todas las coartadas.

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