¿Recuerdas la sensación que producía ver a gente como Consuelo Ordóñez y tantos otros valientes plantando cara a los etarras en las provincias vascas?

Me he acordado mucho estos días de Consuelo y sus compañeros de COVITE en las calles de Alsasua defendiendo a los guardias civiles atacados, mientras montones de psicópatas nacionalistas, compañeros de viaje de criminales etarras, les agredían.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Los vascos de verdad, como Consuelo Ordóñez, nunca aceptaron que las calles fueran de ETA, y las hicieron suyas plantando cara a la bestia aborregada, esa que ves en la foto.

Hay dos formas de perder para siempre. La primera consiste en renunciar al sentido de las palabras.

Derecho a decidir. Interrupción voluntaria del embarazo. Muerte digna. 

Tal claudicación conduce a aceptar el lenguaje políticamente correcto, que es la lengua del insulto a la inteligencia, la única lengua de las bestias, la que llama “fascista” a quien defiende la Justicia, los derechos humanos y la Constitución, y “demócrata” a los criminales. 

La segunda forma de perder se produce cuando cedes la calle, cuando renuncias a la presencia pública, cuando admites la barbaridad de que las calles tienen adscripción partidista.

Ambas formas de claudicación no conducen al apaciguamiento de los totalitarios, sino a la rendición de quien cede, y desatan la violencia contra quien así se ha puesto de rodillas.

Esta semana he vuelto a sentir la misma alegría, el mismo orgullo que sentí cuando vi a Consuelo Ordóñez en Alsasua. Fue al ver a los dirigentes de Vox plantando cara a una escoria ideológica calcada de la que ensucia las calles vascas.

Tras los hechos acaecidos esta semana en Vallecas, hay quien pide la ilegalización… ¡de Vox! Lo que te lleva de nuevo a pensar en lo necesitada que está nuestra izquierda de urgente tratamiento:

“Vox está tensionando el sistema como en su día lo hizo Herri Batasuna en Euskadi o algunos impresentables en Cataluña.

A estas alturas, los partidos constitucionalistas deberían haber abierto el mismo debate que llevó a la ilegalización de Batasuna y les impidió presentarse a las elecciones con esas siglas.” (Jorge Fauró: Frenar a Vox)

No importa lo que digan los mamporreros de la chusma, aquí lo que cuenta son los hechos que todo el mundo ha podido ver…

…Y los votos que los madrileños podrán depositar en las urnas el 4-M.

Los fascistas

Y también cuentan los acomplejados, los que, acobardados, miran a un lado y a otro antes de abrir la boca para “condenar” la violencia con tal vaguedad e inconcreción que parece asunto poco menos que extraterrestre.

“Si el tercer partido de España fuera fascista, si Vox fuera lo que pintan las televisiones, entonces sí tendría España un grave problema, pues ya habría dos partes con ganas de guerra. Por suerte Vox no es fascista.

Mientras, en palmaria asimetría, la extrema izquierda gobierna, señala y propicia violencias callejeras que luego blanquea. 

Lo hace con discursos que pueden convencerte siempre que acabes de nacer. Sí, solo a un neonato le puedes vender que «el comunismo es la democracia y la igualdad», como afirma una vicepresidenta del Gobierno.

El problema es que está lleno de gente que acaba de nacer. Y como no ha tenido tiempo o ganas de enterarse, ignora el truco más viejo del comunismo: la catalogación como fascista de cualquiera que moleste a sus planes.” (Juan Carlos Girauta: Si Vox fuera fascista).

Ayusitis o voxitis

Muchos están deseando que estas elecciones sirvan para mandar de regreso a la cueva a Pablo Iglesias, cerrando así el pestilente ciclo nacido de la resaca del 15-M. La declaración de intenciones de Santiago Abascal hace unas pocas horas lo deja claro:

“Tenemos la oportunidad de expulsar a Pablo Iglesias de la política y que se vaya con el rabo entre las piernas,” (El objetivo de Vox el 4M: «Expulsar a Iglesias de la política y que se vaya con el rabo entre las piernas»).

Pero hay una pregunta que los votantes deberían responder antes de decidir qué papeleta tomar: ¿es el PP madrileño un partido lo suficientemente firme como para alcanzar el objetivo de mandar a Iglesias al paro?

En la recién clausurada legislatura esa firmeza se ha echado de menos en el PP de Madrid, a tenor de las muchas componendas en que ha caído, sorteando, para no “provocar” a la izquierda, batallas tan esenciales como la derogación de las leyes de género, o la implantación del Pin Parental. (Del PP de Génova, 13, mejor ni hablar.)

La excusa para tanto cobardeo, según Ayuso, es que el PP ha tenido que gobernar con Ciudadanos y por eso no ha librado batallas tan esenciales como las arriba citadas.

Lo que nos lleva al terreno de la perplejidad: si gobiernan solos no cogen el toro por los cuernos y si gobiernan con Cs, tampoco. ¿Entonces? 

¡Está claro que necesitan un tonificante!

Tal vez ha llegado la hora de ayudar a Ayuso vitaminándola con una dosis extra de “vallecanitis”.

PCE, crímenes centenarios

Y también ha llegado la hora de volver a meter a estos en el sumidero de la Historia, como anunciaba este sábado Abascal.

El Partido Comunista de España vuelve al discurso bravucón del 36, cuando sus representantes amenazaban de muerte en el Congreso a los diputados que no eran comunistas. 

“Somos el PCE, el Partido de las trabajadoras y trabajadores de todas las nacionalidades que conviven en nuestro país. Aspiramos a organizar la Revolución que derroque a la burguesía y a su monarquía, para construir el socialismo con la fuerza de la unidad popular.” (Sobre el Partido Comunista de España).

No es un mensaje de 1936, tampoco de la guerra civil. Es la definición que ofrece de sí mismo el Partido Comunista de España en su página oficial. 

Usar menos servilletas

Enrique Santiago es secretario de Estado. En el Gobierno se encarga de algo muy de Sánchez, una cosa llamada “Agenda 2030”. 

Y en el Partido Comunista de España es el jefe máximo y está también al frente de lo que llaman “modelo de Estado, justicia e interior” de Izquierda Unida, asunto este cuyo resultado, en manos de un comunista, es más que previsible.

¿En qué consiste la mentada agenda? Su página oficial nos ilustra al respecto:

“Acabar con la pobreza extrema. Luchar contra la desigualdad y la injusticia. Solucionar el problema del cambio climático.” (Ministerio de Asuntos Sociales y Agenda 2030).

Y a continuación nos propone ejemplos para alcanzar el paraíso sanchista 2030. Tras arduo trabajo ministerial, esto es lo que propone:

    • Coge menos servilletas.
    • Congela los productos frescos y las sobras si no va a poder comerlos antes de que se estropeen.
    • Apaga las luces.
    • Ahorra electricidad enchufando los electrodomésticos en una regleta y desconectándolos por completo cuando no los utilices.
    • Seca las cosas al aire.
    • Toma duchas cortas de entre 5 y 10 minutos.
    • Cuando vayas a un restaurante y pidas marisco, pregunta siempre si sirven marisco sostenible.
    • Organiza en el trabajo una Semana Sin Impacto Ambiental.

Todas estas proezas y un montón más aparecen en la página oficial del Ministerio de Asuntos Sociales y Agenda 2030.

¿Y qué son 100.000€ para un comunista?

Para encargarse de los menesteres que acabas de leer, como por ejemplo, redactar más propuestas impactantes como las arriba descritas, no sé, bajar la basura más deprisaenvolver las cacas del perro en papel reciclado, en fin, esas cosas progres que el Planeta necesita para sobrevivir unas pocas semanas más, bueno, pues para hacer todo este ingente trabajo, el abnegado Enrique Santiago cobrará…

      • 77.300 euros.
      • Más 3.050 euros mensuales por ser diputado.
      • Más otros 6.500 euros por ser portavoz de su grupo y por gastos de representación.
      • Más las pagas extras de junio y diciembre.
      • Más los casi 1.000 euritos por ser cargo electo por Madrid.

Aunque estos cálculos son aproximados porque si tenemos en cuenta lo sucedido hasta ahora, te cuento, verás… 

Su antecesora en la durísima y esforzada secretaría general de las servilletas, una muchacha de apellido Belarra a la que ahora le ha tocado un Ministerio (76.000 euros más lo que caiga), cobró el año pasado, por la misma tarea que ahora hará el comunista en jefe, 146.000 euros.

(Bueno, no hay para tanto, al presidente del CIS, José Félix Tezanos, le damos 98.653 euros por lo suyo).

Y en estas gloriosas condiciones, proletarios y proletarias del mundo entero, el Partido Comunista de España se dispone a conmemorar sus 100 años de honrada y “democrática” historia.

¡Que viva el marxismo-leninismo!

100 años ya, quién lo diría, ¿verdad? 

100 años chorreando sangre.

100 años, y parece que fue ayer. 

Bueno, seamos justos. Los crímenes se acabaron cuando Franco terminó con los comunistas. Y cuando volvieron tras el 20-N lo hicieron muy pacificaditos. 

Ahora se les ve más crecidos, qué quieres, están en el Gobierno, hasta cierto punto se comprende. Ahora no son criminales. Solo están algo abducidos con el subidón ese de los ministerios y tal.

Cierto es que son casi casi igual de bravucones que los criminales del pasado, aquel Carrillo organizador de genocidios, aquella Ibarruri que daba miedo solo con verla.

Insultan, amenazan, les pirra asustar a la gente, les encanta el postureo violento, hablar de cortar cabezas, de guillotinas.

Les pone la sangre, la violencia. Es normal, vienen de donde vienen y siguen defendiendo una ideología pestilente y criminal como si en el mundo no hubiera pasado nada desde que Marx y Engels publicaran su manifiesto en 1848.

Se comportan como si hoy todo siguiera exactamente igual que en la primera mitad del siglo XIX. Y cuando fuerzan la neurona hasta extremos indecibles, no consiguen pasar de los años 30:

“Asistimos a la paulatina fascistización de los tres partidos de la derecha.

Las acciones del trifachito y de su entramado de medios de comunicación y organizaciones sociales y religiosas están creando un caldo de cultivo en el que surgen los ataques y agresiones racistas, xenófobas u homófobas caracterizadas en muchas ocasiones por su violencia.

Está en juego la democracia, las libertades y los derechos de la clase obrera”. (¿Por qué lanzamos la campaña Toma Partido contra el fascismo?).

¿Pero qué desayuna esta gente? ¿En qué país creen estar viviendo? ¿En qué siglo?

La superioridad (in)moral de la izquierda

El dogma progre de la superioridad moral de la izquierda se sustenta en el tipo de alucinógenos salidos de la factoría “intelectual” del PCE, lo que ellos llaman “el mundo de la cultura”:

“Esperábamos que con el discurrir de los años, de las décadas, las cosas ocuparían su sitio y el socialismo, por razones evidentes, acabaría asentando una forma sensata de vivir la vida, social, urbanísticamente.

Todavía hoy me tengo que echar al lomo el reproche a ‘la superioridad moral de la izquierda’ como una carcajada. Oh, idiotas de derechas, crías cretinas de la usura, raspaduras bobas de una idea religiosa.

Esperábamos una sociedad mejor. Por supuesto fruto de la superioridad moral de la izquierda. Pero sobre todo, de su superioridad intelectual.” (Cristina Fallarás: Sí, superioridad moral de la izquierda)

¿Es patología? ¿Acaso pérdida irrecuperable de memoria? ¿Frustrado empeño en ocultar la verdad de los hechos históricos? 

Acaso solo es vaya-cien-mil-pavos-que-me-voy-meter-en-la-buchaca.

Así que lo dicho, ¡a vitaminar y remineralizar a Ayuso con una buena dosis de «vallecanitis» voxista para que no vuelva a cobardear!

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Jamás pensé que uno pudiera ganarse la vida hablando de la vida de los otros, así que sigo creyendo que no soy un periodista. Dicen que éste, el segundo oficio más viejo del mundo (el que estás pensando es el tercero), se ha profesionalizado. Yo me dedico a intentar disimularlo. Este es mi blog http://mvidalsantos.tumblr.com/