Lo siento pero hoy no me resisto a recuperar uno de los asuntos de esta semana que, a fuerza de adoquinazos, parece que sucedió en el cuaternario.

Te invito pues a un paseíto por el mundo del sexo a la carta. Metámonos en camisa de once varas, que en tratándose del politiqués, mucho complace a este, tu dominical Brief, complicarse la vida. 

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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Vamos a por el lenguaje políticamente correcto impuesto por la progresía norteamericana a la progresía española.

Seguro que recuerdas la anécdota, que no noticia. El titular apareció tal que así:

Sucedió en la Asamblea de Madrid, uno de los 17 parlamentitos regionales de las 17 autonomías que mientras desayunas estás pagando de tu bolsillo.

En su comisión de políticas sociales, un diputado de Vox se dirigió a una señoría socialista de nombre Carla Antonelli utilizando para ello el género masculino

La señoría en cuestión es una conocida propagadora del asunto trans y no pareció sentarle demasiado bien que la trataran de señor, aun cuando esa fue su circunstancia cuando nació. 

El diputado voxista la llamó “el representante del grupo socialista”.

El periódico citado, presto a la sumisión, como casi todos, califica el asunto de “ataque tránsfobo”.

Y la señoría de sexo o género cambiante pidió el amparo de la presidenta de la comisión, miembro de Ciudadanos (los del voto cambiante).

«Quiero reclamar el amparo del reglamento de la Asamblea de Madrid a mi derecho al honor, a mi dignidad y a mi propia identidad, recogida en el artículo 22, capítulo 3, según el cual la condición y la dignidad del diputado se corresponde con la del pueblo de Madrid.» (Carla Antonelli se enfrenta al diputado de Vox que la trató en masculino: «Soy una mujer»)

Esto dijo la señoría ofendida en un alarde simpar de transexo y transnacionalismo madrileñista.

“Soy diputada del Partido Socialista y lo represento aquí, este es mi carné de diputada y este es mi DNI. Por ello, se hace absolutamente intolerable, y le pido su amparo para cuando vuelva a suceder que el señor se dirija a mí como el portavoz o en masculino.” (Carla Antonelli se enfrenta al diputado de Vox que la trató en masculino: «Soy una mujer»)

Comprendo el enfado de su señoría, se lo aseguro, porque tener que acogerse al artículo número tal o al DNI para que el personal se entere de lo que eres, eso debe ser muy triste. 

¿Y un tanto artificial, quizá?

En cuanto al diputado de Vox, se excusó: 

«Siento haberla molestado, no ha sido mi intención hacerlo.»

Me pregunto por qué pidió excusas. ¿Acaso hay que pedir perdón por reconocer como trans a uno de los más notables referentes del lobby trans, que ha conseguido plaza parlamentaria precisamente por serlo?

Carla Antonelli utiliza el sexo como arma política, y por lo tanto según le conviene a sus intereses partidistas. Así que como representante público le toca aguantar la metralla dialéctica política que le lancen, como la aguanta cualquier otro cargo público. 

Porque llamarle señor en el contexto de un parlamento es una crítica política, no un insulto.

Lo que suena a insulto es que la humanidad entera haya de seguirle la corriente a quien nace A pero luego quiere ser B.

Un insulto a la inteligencia y a la biología. Como escuché en el Congreso Internacional sobre Género, Sexo y Educación, “un hombre trans no es una mujer, es un hombre mutilado”.

Por supuesto, la charlatana de Igualdad no podía dejar escapar la oportunidad de quedar otra vez como lo que parece:

“Urge legislar”. Y voto a bríos que se ha puesto a ello. Pero conviene recordar aquí una obviedad: no caeremos en la trampa. No hay un malo, malísimo, que es Iglesias/Podemos, y un bueno, salvador de la patria, Sánchez/PSOE.

Ese juego ya lo jugamos con Felipe/Guerra y sabemos qué pasó: ¡14 años de PSOE en Moncloa! Así que esta vez no. Iglesias existe porque existe Sánchez

De hecho Sánchez es Iglesias. Si este último se larga no se resuelve ni uno solo de los problemas que tenemos hoy en España.

Y ahora vamos a por el otro problema de España.

Doctor, doctor…

Vistazo rápido a las cárceles españolas.

¡Qué gustazo!

“Y todo esto porque un recitador de raps incita a que maten a personas que no son de izquierdas, y va a entrar en la cárcel.” (Luis del Val: “La libertad de expresión no es la incitación al odio, como el regüeldo no es una cortesía”)

Libertad de expresión. Tan manoseada estos días por tirios y troyanos. Tendría que estar escrito en algún lugar que no conviene confundirla con la visita al psicólogo, o al psiquiatra. 

Es importante saber que si todavía no te han dado el alta, no podrás justificar lo que haces amparándote en la libertad de expresión. 

“Claro que tenemos un problema con la libertad de expresión. Y gordo. Desde el momento en el que todos hemos interiorizado un sacrosanto derecho a ser delincuentes. 

Pese a los aspavientos que causa lo de Hasél, la gran amenaza que corren derechos tan esenciales como el de la libertad de expresión es la absoluta incapacidad que demuestran las sociedades democráticas para defender y hacer efectivos sus límites.” (Eduardo Álvarez: Injurias al Rey)

Lo de estos días no va de libertad de expresión, se parece más a un cóctel de delincuencia política y de la otra, más ingenuidadignorancia y unas leyes de educación de mierda. 

“Si no es delito quemar la bandera de España, o el delito de quemar el retrato del Rey es libertad de expresión, en el bar de enfrente se podrá organizar un campeonato de tiro al mierda, donde con dardos, untados previamente en una boñiga, se tratará de acertar en el centro de la fotografía de Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Obrero Español.

Y es que nuestros fatuos gobernantes creen que el fomento del odio va sólo en un sentido, pero el odio siempre rebota.” (Luis del Val: “La libertad de expresión no es la incitación al odio, como el regüeldo no es una cortesía”)

El objetivo de unos, los delincuentes, es, como siempre, favorecer con privilegios legales al archipiélago progre y callar al disidente. Si es posible, abriéndole la cabeza de un adoquinazo.

El objetivo del resto es el mismo que han tenido todas las generaciones del pasado antes de llegar a la edad adulta: rebelarse contra lo que se percibe como una injusticia. Va con la edad.

El problema es que los primeros manipulan a los segundos, como ha sucedido con todas las generaciones del pasado, sobre todo desde que se inventó el comunismo.

Algunos creerán que a estas cosas podemitas se les llama incoherencia o contradicción o predicar una cosa y hacer la contraria. En este caso no hay psiquiatra posible.

Mejor algo tan de izquierdas como un campo de reeducación al estilo Mao, una verdadera revolución cultural, encerraditos unos cuantos años hasta aprender de memoria la Constitución, la Declaración Universal de Derechos Humanos, El Quijote, Calderón, las 1.573 paginitas de la Historia de los heterodoxos españoles de don Marcelino y Las ideas tienen consecuencias de Weaver.

Y de paso, que todas las mañanas, al izar la bandera y tras escuchar el himno nacional, reciten el último párrafo de la obra del gran montañés:

“Todo lo contenido en estos libros, desde la primera palabra hasta la última, se somete al juicio y corrección de la santa Iglesia católica, apostólica, romana y de los superiores de ella con respeto filial y obediencia rendida.” (Marcelino Menéndez y Pelayo: Historia de los heterodoxos españoles)

Y este de aquí abajo, el primero.

Pisitos Casado

Del creador de “El PSOE es un gran partido”, llega ahora… “La sede del PP me ha presentado su dimisión”. 

Y así Pablo Casado aspira a triunfar.

El revuelo provocado por el anuncio del cambio de sede del PP ha dejado al descubierto las verdaderas carencias del partido que dirige Casado. 

Ante el triste panorama al que se enfrenta la socialdemocracia de derechas, algunos comentaristas enfocan la responsabilidad en el líder:

“El problema del Partido Popular no es su sede, y ofende a cualquier inteligencia razonadora ponerla a la venta para hacer creer al vulgo que ya no son unos ladrones. 

La culpa que admite Casado, que además no ha robado nada, es vergonzante, cutre, cobarde, seguidora de la propaganda socialista, claudicante hasta extremos que jamás habíamos conocido en la derecha española y que le convierten en el más firme aliado de Pedro Sánchez para perpetuarse en el poder. 

Fraga proclamó que «no hay tutelas ni hay tutías» en la coronación de Aznar. Casado admitió que Pedro Sánchez, Bildu y Esquerra tienen razón en todos los desprecios e insultos que le han dedicado. 

El problema del PP no es Bárcenas. El problema del PP es Casado.” (Salvador Sostres: Presidenta)

También hay quien considera que el Partido Popular resolvería sus problemas, o al menos los amortiguaría, cambiando las siglas o al líder, o incluso refundando el partido:

“Un nuevo partido. Una nueva sede. Y un ejercicio de responsabilidad con el pasado. No porque Casado sea responsable de la corrupción ni de la negligencia de Rajoy en Cataluña, sino porque es competencia del líder gestionar la herencia que se recibe. 

El PP no tiene proyecto ni tampoco sede, pero sí banquillo y una incertidumbre existencial: ¿Núñez Feijóo o Isabel Díaz Ayuso? Casado puede huir de Génova 13, pero no puede escaparse de sí mismo.” (Rubén Amón: Génova 13: el barco pirata)

A muchos de sus exvotantes les parece que el meollo del asunto reside en lo que podríamos calificar de pecado original del PP:

“Cuando un edificio está contaminado de amianto se abandona o se tira. Pero el asbesto que intoxica la estructura orgánica del PP provoca una fibrosis mental inmune a la autocrítica. 

Es un agente intangible que puede viajar a cualquier sitio y para eliminar sus síntomas no basta con quemar armarios y cambiar de oficina. Se necesita una reconstrucción interna de arriba abajo… o de abajo arriba.” (Ignacio Camacho: Karmas políticos)

El pecado original del PP es su patética ausencia de ideas propias, de ideología, de proyecto para España, de propuesta con la que afrontar el futuro:   

“La cuestión es que cada crisis importante del Partido Popular está vinculada íntimamente a una insatisfacción ideológica. 

Es verdad que el PSOE ha sido siempre el primer interesado en identificar al Partido Popular con la derecha franquista, pero descontada esa malicia electoral, nadie podrá discutir que señalaba con el dedo la llaga de la recurrente indefinición ideológica de la derecha democrática en España.” (Javier Caraballo: Casado y la derecha navajera)

El Partido Popular, con Casado como con Rajoy o con Aznar, solo propone a sus votantes gestión, pero nunca ideas, jamás desde Alianza Popular un proyecto ideológico.

Florentino Portero lo ha descrito con nitidez cristalina en una sola frase: “El Partido Popular no tiene una estrategia que aporte coherencia a sus actos porque carece de ideario”:

«La quiebra de la unidad [de la derecha] no se produjo por causas naturales, sino por el abandono de un aspecto básico en la vida política: el ideario. 

Los partidos son la expresión de ‘partes’ de la sociedad que se agrupan en torno a valores, ideas e ideales. El político gestiona, por encima de todo, sentimientos. 

Un partido sin ideario se convierte en un sindicato de políticos y funcionarios interesados en ocupar parcelas de poder, pero incapaces de ilusionar a la ciudadanía y de generar en ella la idea de pertenencia.» (Florentino Portero: Un partido en busca de identidad)

Los populares son unos excelentes gestores. Más eficaces y mucho menos corruptos que sus adversarios de la izquierda. Justo es reconocerlo. Y también es obligado reconocer que una buena gestión es la única base posible para construir un proyecto político atractivo y estable. Pero no es suficiente.

Si bastara la gestión, mejor nos iría promoviendo gobiernos de técnicos, al estilo de lo que hacen periódicamente nuestros vecinos italianos.

Pero sucede que nadie se emociona marchando tras los presupuestos generales del Estado, y sí levantando la bandera de tu patria o agarrando la pancarta que defiende tus valores.

A propósito del extravío del PP, Luis del Pino ha colgado esta semana en su cuenta de Twitter las significativas portadas de dos periódicos:

Con su cambio de pisito (o pisazo) el PP renuncia de nuevo a las ideas. Y de ese modo se reafirma en su voluntad de ser un buen administrador… de las políticas de la izquierda. Hasta el punto de que “buena parte de [los] dirigentes creen que se puede hacer política sin ideario”:

«Se esperaba de [Pablo Casado] la refundación mediante la convocatoria de un Congreso que dotara al partido de una renovada identidad y de un programa ambicioso que nos ayudara a transitar hacia la IV Revolución Industrial. Por distintas razones Casado no ha sabido, no ha querido, no ha podido…

El partido se ha estancado en una situación de anemia de la que no parece saber salir. Las repetidas proclamas de su mejor saber hacer contrastan con la realidad de su desenganche con la sociedad.» (Florentino Portero: Un partido en busca de identidad)

Pues nada, a esperar la próxima noche electoral.

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Jamás pensé que uno pudiera ganarse la vida hablando de la vida de los otros, así que sigo creyendo que no soy un periodista. Dicen que éste, el segundo oficio más viejo del mundo (el que estás pensando es el tercero), se ha profesionalizado. Yo me dedico a intentar disimularlo. Este es mi blog http://mvidalsantos.tumblr.com/