¿Te acuerdas de la foto de Colón? En realidad no fue una foto, fue un símbolo (hoy lo llaman “icono”, como si fuera una “representación religiosa usada en las Iglesias cristianas orientales”, según la definición RAE).

La foto de Colón fue el símbolo de la derecha… el día antes de que empezara su guerra civil. 

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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De aquel día tal vez recuerdes a Ciudadanos haciendo aspavientos para parecer muy LGTB, o a aquel Casado que aun no se había pasado a la acera feijoo-juanmamorenista y todavía creía que su enemigo estaba a la izquierda, y no a su derecha.

En el minuto 1 después de la foto, toda la izquierda se lanzó a la yugular, no del PP, aunque lo parecía, sino de todos los votantes de derechas, convirtiéndoles en apestados. 

Proliferaron entonces aquellas expresiones mediáticas y políticas machacadas hasta el aburrimiento, las tres derechas, los fachas…

Esta semana se han cumplido dos años de aquella foto. Durante este tiempo ha caído uno de sus tres protagonistas, Albert Rivera. ¿Caerá este domingo el segundo?

Una pista: la trayectoria electoral del PP (antes AP) no parece favorecerle:

Desde hace 10 años, cada vez que parece que el PP remonta, lo hace desde más abajo.

Mañana conoceremos el desenlace de la guerra civil de la derecha. O viviremos la precuela, quién sabe. En todo caso parece que la noche de este domingo marcará el futuro de Casado y de Abascal. Para uno de ellos empezará el declive. Para el otro, el camino a la Moncloa. 

La guerra civil de la derecha

La gran pregunta. ¿Ha llegado el día del sorpaso? 

En el PP están más que nerviosos, demasiadas encuestas electorales vienen señalando desde hace días una posible ventaja de Vox sobre los populares. Por su parte, los de Abascal siguen con la cara de poker habitual cuando les hablan de sondeos.

En cuanto a los españolitos de a pie, andamos bastante hartos del asunto mal llamado catalán. Y muchos tienen la sensación de que no hay forma de resolverlo. 

Mal llamado catalán porque no es un asunto creado por los ciudadanos catalanes sino por una transición cobardona y unos partidos nacionales de chichinabo, esos que llevan 40 años haciéndole la ola a todos los nacionalistas de todas las regiones

Muchos pensamos que PSOE y PP son el origen y la causa principal del problema indepe, plantado y regado a base de cesiones, regalitos, componendas, guerra sucia, privilegios excluyentes y pactos públicos y secretos.  

¿Vivimos otra crisis del 98?

España en el 98. La gran crisis, la fecha que los historiadores han utilizado para marcar un antes y un después y para señalar el día en que se rompió el espejo en el que nos mirábamos.

Y España en 2017. El referéndum en Cataluña. La crisis constitucional. La violencia. La quiebra de la convivencia, en la que vivimos desde entonces.

1898, 2017, ese es el juego de fechas con el que arranca un muy interesante libro aparecido estos días, 2017 la crisis que cambió España, escrito por David Jiménez Torres:

«2017 supone una flecha clave en nuestra historia reciente. Hablamos de punto álgido de la crisis catalana, el año de la declaración unilateral de independencia y la suspensión de la autonomía en virtud del artículo 155 de la Constitución. 2017 fue la gran crisis del sistema constitucional.»  (David Jiménez Torres: 2017 la crisis que cambió España)

El 27 de octubre de 2017 se declaró la independencia de Cataluña en el parlamento de la región. Por breve que fuera, aquello sucedió realmente:

«Nosotros, representantes democráticos del pueblo de Cataluña, en el libre ejercicio del derecho de autodeterminación, y de acuerdo con el mandato recibido de la ciudadanía de Cataluña, CONSTITUIMOS la República catalana, como Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social.» (Declaració dels representants de Catalunya)

Arrastramos todavía hoy las consecuencias de 2017, con la declaración de independencia de una región española y con todo lo que sucedió después. 

Y lo que continuará sucediendo por mucho tiempo. 

«Aquel año genera una onda expansiva que abarca la división del centroderecha, la polarización de los años de Pedro Sánchez como presidente tras aceptar los votos independentistas y los efectos corrosivos sobre las instituciones.

Hay una inocencia de la España democrática y del Estado de las Autonomías que ya es irrecuperable. La destrucción de 2017 opera en ese plano: liquida unas creencias anteriores que se vuelven irrecuperables.» («Es imposible volver a la distensión con el nacionalismo catalán»)

La pregunta sigue siendo: ¿hizo el Gobierno de España, a la sazón presidido por el PP, todo lo que había que hacer tras aquel golpe de Estado?

Lo sucedido en 2017 es el tsunami que ha devastado desde entonces nuestra vida colectiva.

El voto útil y el Titanic

Pero hay más preguntas, muchas más. Por ejemplo, ¿el voto útil en la derecha sigue estando en la papeleta del PP, responsable con el PSOE de lo sucedido en 2017, o está ya en la papeleta de Vox?

«¿Apoyaría el PP a VOX en el caso de que se alzase con la victoria? Poco probable. Los populares aún piensan que la crisis forzará a Sánchez a convocar elecciones como el ZP de 2011 y que eso forzará el llamado voto útil. ¿Cuál?» (El ‘sorpasso’ de Vox al PP en Cataluña)

¿Cuál es hoy el voto útil en la derecha? Para tratar de responder a esta pregunta, procedamos a rastrear las pistas que va dejando la guerra civil de la derecha:

  • El PP se une a la izquierda y vota no a la iniciativa de Vox para debatir en el Parlamento europeo la violencia nacionalista en la campaña electoral catalana.
  • Pablo Casado rechaza la actuación policial durante el referéndum secesionista y declara que no debió haber cargas policiales.

Desde la moción de censura, el Partido Popular aparece demasiadas veces como una formación desnortada que se mueve a impulsos, llevada por su miedo.

«Pablo Casado y su exigua corte de Génova no sólo tienden a sobreactuar, sino que parecen movidos exclusivamente por su miedo a Vox. Su temor a dejar de ser el principal referente de la oposición les lleva una y otra vez a, primero, denostar de cuanto haga Vox, y, luego, a imitarlo burdamente. Una estrategia esquizofrénica de denuncia e imitación barata.

El elogio del Casado al PSOE pone de relieve su incapacidad para aceptar la realidad, pues no es otra cosa que un canto al bipartidismo.

El PP actual es como el Titanic, marchando inexorable hacia su iceberg. Y no veo la capacidad de reacción en un partido que por su historia y su poder territorial es todo esqueleto pero nada de chicha, todo aparato pero ninguna idea, y que pueda virar a tiempo y esquivar su destino.» (Rafael Bardají: PP: Crónica de un hundimiento anunciado)

14-F: la democracia en juego

La votación de mañana y cuanto concierne a Cataluña tiene que ver con una democracia enferma de bastante gravedad.

La democracia no es como esas plantas de plástico, que las colocas ahí y ya no hace falta que te vuelvas a ocupar de ellas. A la democracia, la de verdad, no la democracia amordazada a la que quieren conducirnos, hay que regarla periódicamente, hay que cuidarla, si no quieres que muera.

El Gobierno amordazador anuncia ahora que va a suprimir la pena de cárcel para delitos relativos a la libertad de expresión. Y concreta:  saldrá gratis el enaltecimiento del terrorismo, los ataques a los sentimientos religiosos y las injurias a la Corona.

Cuidar la democracia es cuidar sus instituciones. Y si puedes organizar una campaña de infamias contra alguna de ellas (el Rey, la Justicia, la policía, un partido político), vas a deteriorar las instituciones, es decir, harás que la democracia decaiga. 

«Esos chavales de Vic pegando con una impunidad que pasma patadas, puñetazos y pedradas a los furgones de la policía, sin contar esas palabrotas persistentes y putrefactas. 

Esas criaturas terminarán más tarde yéndose a sus casas y dando las buenas noches a sus padres y tal vez a sus abuelos y levantándose al día siguiente y teniendo que ganarse la vida en un trabajo o todavía estudiando como cualquier hijo de vecino. Pero con una mochila inmensa de odio y de falta de respeto a las instituciones a las espaldas. 

Pregunto: ¿alguien que suelta esas patadas furibundas puede recuperarse sin solución de continuidad para la vida cotidiana, esto es, para la vida civilizada?» (Enrique García-Máiquez: Patadas a la policía)

Si desde el poder se permite o incluso se alienta el ataque a las instituciones, como está sucediendo, significa que el poder está minando la democracia. Nueva pregunta: ¿es eso precisamente lo que persiguen?

¿Pero qué democracia se podría defender en Cataluña si allí eso no existe?

«En tierras catalanas hace mucho tiempo, demasiado, que la libertad de expresión dejó de existir. Por miedo, por cobardía, por interés, por lo que sea, pero el derecho que debe asistir al ciudadano a la hora de decir lo que piensa sin temor a la represalia no se produce entre catalanes.

[Las] instituciones catalanas, totalmente podridas hasta la médula por el separatismo (…) no pueden garantizar la democracia ni unas elecciones que lo sean por la sencilla razón de que solo aceptan su verdad, desprecian la ley común y pondrán todas las trabas posibles a nada que no sea revalidar su omnipresente dictadura.» (Miquel Giménez: Estas elecciones no son democráticas)

Una última consideración sobre lo que sucederá mañana. Una obviedad bien gorda. El resultado de las elecciones depende de lo que vote cada ciudadano. En España hay algo más de seis millones de ciudadanos que votaron Pedro Sánchez, esto es, que votaron destrucción y ruina. Todos y cada uno de ellos son corresponsables de lo que nos está sucediendo

Pues mañana, lo mismo: ¿cuántos ciudadanos van a votar suicidio en Cataluña? 

«Pongamos que los catalanes van a las urnas y votan a estos mentirosos redomados, a esa gente que ha puesto siempre el interés de su partido – o sea, su poder- por delante de la vida de los ciudadanos. Pongamos que los protagonistas vuelven a formar en Cataluña un Gobierno que trabaja para subvertir la democracia, arruinar el país, quebrar la igualdad entre españoles, y romper la convivencia entre catalanes.

Si eso ocurre la responsabilidad también será de aquellos que lo permitan con su voto o su silencio.

El voto es la herramienta más poderosa que tenemos en nuestra mano, la que aún no nos han podido arrebatar. Si no lo usamos para defender la democracia no podrán decir que no estaban avisados.» (Rosa Díez: Quien avisa no es traidor)

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