Sigue la siniestra selección de enfermos: aquí los que se pueden curar, allá los condenados a morir. 

El Covid-19 es una enfermedad que se ceba en los mayores y que causa la muerte sobre todo a los mayores. Y a ellos precisamente los estamos dejando sin asistencia sanitaria.

Algunas personas creen que La Sexta da información.

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En Madrid, también en Cataluña, en Navarra, en toda España…

No hacía falta aprobar la ley de eutanasia, ni promover el suicidio inducido, bastaba con aplicar criterios eugenésicos en los hospitales del Covid-19.

Y no solo es que se esté dejando morir a los mayores de 60 o 70 años. Es que además se les condena a morir solos. O acompañados, en el mejor de los casos, de sanitarios que no van a poder aguantar muchos días más asistiendo en sus últimos momentos a tantas personas que unas horas antes ni conocían.

Esta enfermedad es muy cruel por dos cosas: por el trato selectivo que los servicios sanitarios están dando a aquellos a los que se lleva; y por la forma en que los dejan partir:

Otra prueba más sobrecogedora, cual es la naturalidad vomitiva (y sacrílega) con que estamos aceptando que los enfermos de coronavirus agonicen aislados y mueran en soledad, apartados de sus familiares, impedidos de recibir consuelo espiritual y sacramentos, para finalmente ser arrojados al fuego como si fuesen muebles viejos. (Juan Manuel de Prada: La patulea se pone de uñas)

Al respecto, Juan Manuel de Prada tiene una propuesta más que razonable:

Bastaría con que los familiares de esos moribundos, o los sacerdotes encargados de llevarles consuelo espiritual y los últimos sacramentos, fuesen revestidos con un traje antiséptico para evitar tal impiedad, que agrede las bases constitutivas de la civilización. 

Pues si hay un hecho medular y constitutivo de cualquier civilización (y no sólo de la cristiana) es la reverencia ante la muerte y el amoroso respeto debido a quienes mueren. (Juan Manuel de Prada: La patulea se pone de uñas)

¿Por qué no es posible algo así? ¿Solo porque no hay prendas adecuadas para prevenir el contagio?

Pues si ese es el único motivo, malditos sean quienes no han permitido que dispongamos de ellas

Perdón y justicia

En cuanto se pueda salir a la calle, muchos están dispuestos a perseguir a los responsables de esta carnicería allá donde traten de esconderse y sea cual sea su cargo público o el partido al que pertenezcan.

Para entonces quedarán menos personas de 70 años. Y las que queden posiblemente tendrán que seguir encerradas durante bastante más tiempo que el resto de la población. Eso empiezan a decir los expertos.

En cuanto se pueda salir a la calle… ¡cuántos tendrán que pedirnos perdón! 

Insistir en el dato, como una suerte de “tranquilizador” general, con ese mensaje subliminal, como si fuera menos malo que los muertos fueran mayores y/o mayores con patologías previas en su mayor parte, me parece que oculta una especie de inhumanidad y de relativismo social  inaceptable.

No es menos malo para nuestra sociedad que mueran nuestros mayores. No es menos malo que se diezme la población que nos dio la vida y que nos trajo la democracia. Sería una inmoralidad aplicar el dicho “es ley de vida”.

No es menos malo que se nos estén muriendo los abuelos que en la última crisis económica acogieron en sus casas a sus hijos ya emancipados para que pudieran salir adelante.

No es menos malo que se nos esté muriendo esa generación que lo sacrificó todo para que sus hijos tuvieran los estudios a los que ellos no tuvieron acceso.

No es menos malo que se nos estén muriendo los hombres y mujeres que sufrieron una guerra, que vivieron una dictadura y construyeron la democracia en la que vivimos. (Rosa Díez: Perdón)

En cuanto se pueda salir a la calle, ¡muchos pediremos también justicia!

Un Gobierno que desestabiliza a su nación

Señala Juan Carlos Girauta que “desestabilizar en momentos críticos es práctica que tienen patentada” los partidos de izquierda:

Sin duda van a recibir más lealtad de la que han demostrado nunca, pero eso no viene de ninguna deliberación o decisión porque no hace falta; va en la naturaleza de cada cual. Reciben una lealtad generalizada en forma de acatamiento de las normas, que es toda la lealtad que un gobierno puede y debe esperar. 

Y aún más: reciben un tipo de lealtad que algunos gobernantes no practican: la que consiste en no aprovechar una tragedia descomunal para organizar campañas que ponen al sistema en peligro. Al sistema, digo. Van del Consejo de Ministros a la cacerolada contra la Monarquía, a alentar huelgas de alquileres o a recordar la supeditación de toda propiedad al interés general… mientras intentan convencer a la UE de que emita eurobonos.

Por no hablar de la incesante campaña de socialistas y comunistas, y de sus altavoces, contra la Comunidad de Madrid, cuya gestión les mata por el contraste. Tienen más lealtad de la que merecen y de la que conocen. (Juan Carlos Girauta: Lealtad y duelo)

De todas partes le llueven al Gobierno Sánchez críticas más duras, de todos los sectores ideológicos, y a medida que pasan los días son más contundentes y severas. 

Rubén Amón habla de “estado de emergencia ideológico” y advierte que “Sánchez necesita enemigos para abstraerse de su negligencia”:

Sánchez ha recuperado la noción del frentismo. No ya convirtiendo al PP y a Ciudadanos en malformaciones políticas del neoliberalismo, sino estableciendo la demonización de la clase empresarial. Se impide a los empresarios despedir. Se los obliga a ejecutar permisos remunerados. Se los amenaza con la tortura de Hacienda. Y se los convierte en una suerte de categoría irresponsable e insolidaria, predisponiendo por añadidura una relación frontal y temeraria con los trabajadores.

Sánchez necesita enemigos para abstraerse de su negligencia. Y se ha propuesto desenmascararlos con el megáfono de Pablo Iglesias, cuya purga ejemplar y ejemplarizante se relame en la presión a los empresarios, rehabilita el monstruo de la ultraderecha y estimula el sueño húmedo de las privatizaciones. (Rubén Amón: Sánchez decreta la emergencia ideológica)

Un Gobierno que arruina a su país

En las condiciones actuales, preservar la vida y la salud de los ciudadanos y mantener en lo posible la estructura económica de la nación no ha de ser fácil y hasta ahora nadie parece haber dado con la fórmula.

¿Pero acaso hay que elegir entre la bolsa y la vida? Se trata probablemente un dilema falso, incluso en las condiciones actuales de nuestro país. 

¿En qué punto el intento por controlar el colapso sanitario puede ocasionar un colapso aún más letal en la economía y que llegue el día en que no podamos pagar ni a los médicos? Oponer economía a salud no es realista. 

Proteger la economía es proteger la vida, y sobre todo la de los más débiles; proteger la creación económica es proteger la sanidad y los demás servicios públicos, que si los tenemos no es porque nos los merezcamos sino porque podemos pagarlos, y sólo porque podemos pagarlos. 

Los que hoy más piden endurecer el confinamiento, serán los que mayores ayudas sociales exigirán cuando volvamos: no hay libertad sin responsabilidad y siempre nos ha ido mal cuando lo hemos olvidado. (Salvador Sostres: Los términos del debate)

El mismo día en que los autónomos pagan sus cuotas, el Gobierno regala subvenciones millonarias a las televisiones del régimen.

Cuando según las últimas encuestas los españoles empiezan a temer más al paro que al coronavirus, la Agencia Tributaria se dispone a iniciar la campaña de extorsión fiscal y expolio del IRPF:

Lo que no puede ocurrir en España es que la hibernación afecte solo al tejido económico y social y que no hiberne, por igual, la Agencia Tributaria, la presión fiscal en todas sus expresiones territoriales, locales, provinciales, autonómicas y estatal, que afecte a las empresas y autónomos que se han quedado sin actividad. (Javier Caraballo: La curva del cabreo)

Vocación totalitaria

¿Te has preguntado por qué hay tantos consejos de ministros estos días? 

  • ¿Porque no son capaces de tomar las decisiones correctas y van a matacaballo, siempre por detrás de las necesidades reales del país?
  • ¿O porque se suceden las decisiones de dudosa calidad democrática y cuanto más rápido las tomen, más posibilidades de que cuelen?

La sucesión de decretos y normas de un consejo de ministros que se diría en sesión continua suponen para muchos analistas una creciente amenaza a nuestros derechos y libertades constitucionales:

No queriendo desaprovechar una buena pandemia, toda clase de inseguros líderes autoritarios –desde dictadores consagrados a novedosos practicantes del nacional-populismo– aprovechan el momento para expandir todavía más sus poderes ejecutivos en cuestiones que poco o nada tienen con la defensa de la salud pública.

Por supuesto que las autoridades necesitan poderes especiales para combatir la actual pandemia. El problema es cuando autócratas aprovechan el río revuelto del Covid-19 para asumir atribuciones que nada tienen que ver con el interés general

La velocidad viral con que se están aprobando estas medidas de emergencia y la tecnología disponible no favorecen precisamente ni controles para evitar abusos ni caducidad cuando el maldito virus sea sometido.

El resultado más que previsible de este corrosivo brote autoritario va a ser una erosión adicional de instituciones democráticas, con mayores facilidades para perseguir a opositores. (Pedro Rodríguez: Aprovechar una buena epidemia)

En 3 tuits

La crónica del coronavirus en caracteres escasos:

La cita

Pedro García Cuartango

No solamente no nos advirtieron sino que nos hicieron creer que no iba a pasar nada. Pero ha pasado.

Y la imagen

Caín:

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Jamás pensé que uno pudiera ganarse la vida hablando de la vida de los otros, así que sigo creyendo que no soy un periodista. Dicen que éste, el segundo oficio más viejo del mundo (el que estás pensando es el tercero), se ha profesionalizado. Yo me dedico a intentar disimularlo. Este es mi blog http://mvidalsantos.tumblr.com/