28 de Enero de 2020, Santa Ángela de Mérici, San Enrique de Ossó y Cervelló, San Avito mártir

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Posdemocracia, bonapartismo, cesarismo… Diversos analistas tratan estos días de definir el carácter del gobierno de Pedro Sánchez, ese individuo dado al enredo y el trapicheo que tanto me recuerda a Onofre Bouvila, el protagonista de la espléndida La ciudad de los prodigios. (Aunque en otros momentos Sánchez parece más bien una mala caricatura del 18 Brumario.)

¿Te has preguntado alguna vez si los 6.752.983 españoles que votaron PSOE en las últimas elecciones eran conscientes de que estaban eligiendo a un tipo que no demuestra consideración alguna por el bien común de la nación?

¿Piensan en ello las muchas personas honradas que están trabajando en la administración Sánchez? Y no me refiero precisamente a los funcionarios, sino a quienes han elegido colaborar en ese proyecto.

Hoy te propongo reflexionar sobre el cariz que está tomando nuestra democracia.

Posdemocracia

Para ello vamos a ir de la mano de algunos de los creadores de opinión que más respeto nos merecen. 

Autocracia es el siniestro término del que parte Ignacio Camacho, que nos sitúa en un inquietante “umbral posdemocrático”:

La posdemocracia: una forma de autocracia encubierta por su origen parlamentario y que, por alarmista o aparentemente hiperbólica que resulte la comparación, remite al nacimiento de los regímenes bolivarianos. 

Un gobernante desprejuiciado y audaz, electo por procedimientos democráticos, aprovecha el vacío moral de un electorado galvanizado por su partidismo o cataléptico por el desencanto para comenzar una refundación del orden político con decisiones y modos de corte autoritario.

Así, la exhibición de Sánchez en esta primera semana, sus movimientos tajantes, decididos y rápidos, revelan la voluntad de someter la arquitectura institucional a un blitzkrieg, a una guerra relámpago. 

Todas sus medidas representan un expeditivo alarde de mando: la modificación de la fecha del Consejo de Ministros para estrechar a la oposición el campo, la decisión de interponer recurso contra el inofensivo pin parental murciano, el refuerzo de su asesor y jefe de Gabinete como un vicepresidente de facto, la autorización de nuevas «embajadas» catalanas que Borrell –es decir, ¡¡su propio Gobierno!!– había impugnado y, especialmente, la ofensiva contra el poder judicial, blanco directo de sus socios, simbolizada en el nombramiento de la anterior ministra de Justicia como fiscal general del Estado. 

Una descarnada demostración de caudillaje sin barreras, de personalismo acendrado, con la que envía el mensaje de que está dispuesto a ejercer el cargo, a despecho de su exigua mayoría y de sus apoyos precarios, a través de un imperioso ejercicio cesáreo. (El umbral posdemocrático)

Bonapartismo

Al reflexionar sobre la democracia tal como la practican Sánchez y el PSOE, Jon Juaristi apunta al bonapartismo:

Se entiende por bonapartismo, una forma de gobierno a la vez autoritaria y plebiscitaria, que no excluye el sufragio universal, pero anula el parlamentarismo.

De bonapartista calificaron los bolcheviques la dictadura de Primo de Rivera, e incluso los troskistas sostuvieron que el franquismo no era un régimen fascista, sino bonapartista.

¿Cómo aparece una forma de gobierno bonapartista, qué condiciones deben darse para la implantación de un régimen de este tipo?

En primer lugar, la ruptura de los consensos básicos, es decir, la división de la nación en dos bloques antagónicos, uno de los cuales pretende llevar a cabo una revolución y el otro, combatirla. 

En segundo, un equilibrio de fuerzas que impide que el bloque revolucionario triunfe, pero que no consigue que se disuelva o renuncie a sus propósitos.

En teoría, la imposibilidad de alcanzar sus respectivas metas debería favorecer la restauración del consenso nacional (como sucedió, por ejemplo, en la Italia del posfascismo o en la España de la Transición). Pero si el antagonismo persiste con toda su intensidad y no permite reconstruir los pactos, puede sobrevenir el bonapartismo como alternativa autoritaria a la guerra civil.

Todos los bonapartismos destruyen la democracia y, a corto o medio plazo, sus países, porque no eliminan los antagonismos. (Bonapartismos)

Corromper las instituciones

En el asalto al poder de los socialistas, Luis Losada señala otra clave, la politización de las instituciones, una eficaz fórmula para destruirlas:

La democracia no sólo consiste en la capacidad de elegir libremente al gobierno cada 4 años. También lo es la fortaleza e independencia de sus instituciones. 

Por eso el asalto a las instituciones es tan grave. Porque es la independencia institucional la que garantiza el buen gobierno. Si los ‘check and balance’ desaparecen, el gobierno se convierte en totalitario.

El primer asalto ha sido a la Fiscalía.

El segundo asalto es a la Abogacía del Estado.

El tercer asalto es a la Guardia Civil. Marlaska releva a su anterior director general por defender la unidad de España en Cataluña. Ahora coloca a una mujer al frente del Instituto Armado. Pero la noticia no es su sexo, sino su carnet. No sólo es socialista, sino que ha sido candidata del PSOE.

En pocas horas el gobierno politiza un cuerpo con 70.000 agentes, toma obscenamente el control de la Fiscalía y coloca al frente de la Abogacía del Estado a una “firmona”. En pocas horas hemos logrado debilitar nuestras instituciones y ser mucho menos democracia que antes. (El asalto a las instituciones de Pedro Sánchez)

Implosión

Más vías de emponzoñar nuestra democracia: en lugar de una revolución desde fuera, la destrucción desde las entrañas mismas del sistema. Volvemos al enemigo interior, tan desgraciadamente propio de nuestro país. 

La politización de las instituciones señalada por Losada es el camino para la voladura del sistema desde el sistema, y no desde un asalto revolucionario. Así lo apunta Ignacio Varela:

Al igual que los troskistas de la IV Internacional penetraban en las organizaciones de la izquierda tradicional para ocupar sus órganos de dirección y reventarlos, los enemigos del Estado democrático han decidido que la forma más eficaz de destruirlo no es derribarlo desde fuera, como los antiguos revolucionarios, sino ocupar sus instituciones para demolerlo desde dentro. La subversión institucional es la amenaza política más insidiosa de nuestro tiempo, porque usa los instrumentos y garantías que proporciona la democracia representativa para resquebrajarla y, a la postre, acabar con ella. (Una sentencia esperada y un Estado indefenso)

Suena a Gramsci, ¿verdad? Uno de los ideólogos preferidos de la izquierda nacida del 11M, el que estableció las bases de la “hegemonía cultural” que facilita el control del poder.

Hegemonía cultural

La hegemonía cultural, tanto o más importante que la hegemonía política, permite al poder (al “bloque dominante”) el control de la sociedad a través del sistema de creencias, utilizando en especial como herramientas el sistema educativo y los medios de comunicación

¿A qué te suena?

Gramsci suscitó una relativamente nueva e inteligente estrategia para conquistar el poder a través de la conquista de las ideas por medio de sectores como los periodistas y los profesores, una estrategia que se asemeja a la que siguió el PSOE desde la transición.

Violencia simbólica

Cincuenta años después de la muerte de Gramsci y al hilo de su reflexión sobre la hegemonía cultural, otro pensador, Pierre Bourdieu, desarrolló el concepto de violencia simbólica, la que ejerce el bloque dominante sobre todos los individuos cuando logra que estos, de manera voluntaria, asuman como propios los valores que emanan del poder

¿A que esto también sigue resultando familiar? 

Hoy entre nosotros la violencia simbólica se ejerce a través de ideas como el feminismo, el ecologismo, la criminalización de lo masculino, los conceptos de género, igualdad, etc., que muchos ciudadanos asumen como propias y otros muchos se sienten obligados a defender para evitar ser estigmatizados.

Esclavitud

La violencia simbólica nos devuelve a la cabaña del Tío Tom, a formas de esclavitud que no se perciben como tales porque el esclavo se presta a serlo. 

Cabe preguntarse cuántos de los 6.752.983 españoles que votaron PSOE son víctimas de la violencia simbólica y viven alguna forma de esclavitud.

Tal vez el asalto a las instituciones que protagoniza estos días el PSOE de Sánchez no responda a una elaboración teórica tan elaborada como las que exponen los analistas aquí citados, y se deba más a la pura y simple ambición personal. Tal vez. 

Pero el caldo de cultivo del que proceden el PSOE y sus dirigentes sigue empapado de violencia simbólica y de estrategia cultural. Y está hasta el cuello de violencia retórica y aun física en el caso de todos su socios y apoyos.

En un sistema todavía democrático como el nuestro, la violencia simbólica es el único camino para exterminar cualquier resistencia, es decir, cualquier oposición capaz de convertirse en alternativa real, y controlar definitivamente todo el poder.

Ese es el camino que intenta transitar Pedro Sánchez.

En este contexto, las batallas del pin o veto parental, de las leyes de género, o de la ley de memoria histórica, constituyen los ejes fundamentales de una guerra cultural que pone en cuestión la esencia de nuestra democracia.

Ganarlas una a una es ganar definitivamente el futuro.

La alternativa

Una voz más que respetada, la de María San Gil, se alza estos días para reclamar de PP y Vox más sentido de la responsabilidad, más patriotismo y más generosidad. Y no le falta razón:

No es cuestión ni de quién lidera la unión, sino de definir qué queremos hacer y ponernos a ello. Si empezamos por el quién no haremos nada. 

Los de enfrente tienen un proyecto y un plan, la ruptura de España y cambiar el modelo social: los niños ya no son nuestros hijos, el modelo de familia tradicional no se puede defender… Ya han demostrado a lo que están dispuestos, somos nosotros los que tenemos que actuar.

Espero que Santi [Abascal] y Pablo [Casado] sean capaces de darse cuenta de la gravedad del momento. Habrá que adoptar soluciones distintas. 

Hay que hacer un activismo político, esto no consiste en resistir, hay que cimentar una alternativa con una enorme generosidad política y altura de miras. 

Y la sociedad civil tienen un papel de despertar conciencias, aquí todo el mundo tiene que colaborar, defender España no es cosa de los fines de semana ni de tener una tribuna en el Congreso.

¿No nos preocupa tanto España?, ¿o me preocupa más mi cargo?… Pues que se note. El momento ya es lo suficientemente dramático. («Espero que Casado y Abascal sean capaces de ver la gravedad del momento y cimenten una alternativa ya»)

La cita

Un juez, citado por Jorge Bustos:

Igual que una dictadura puede convertirse en una democracia pasando de la ley a la ley, una democracia puede retroceder a régimen autoritario pasando de la ley a la ley.

Y la imagen

Tomás Serrano

Se empeñan en vivir en el siglo pasado. Salud y república, suelen decir, como entonces. Pero no les dejaremos retroceder 80 años. 

¡Viva España, actualler!

TU DÍA ACTUALL

Antonio de Miguel (Vox): «Cada vez que arremeten contra el PIN Parental meten la pata». Vox es su primera aventura política y, cuando Santiago Abascal le encargó diseñar el Programa Educativo de la formación, tuvo claro que la implantación del PIN Parental era una de las prioridades para despolitizar la educación y dar herramientas a los padres para ejercer con libertad su deber de educar a los hijos. La noticia, aquí.

Diez (libros imprescindibles) para el (año) veinte.  La selección incluye alguna novela y libros de relatos, pero todos tienen mucho que ver con la contienda cultural del nuevo milenio. La mayor parte son obras que se han publicado recientemente, pero también tenemos la reedición de algún clásico (como El gatopardo), que tiene singular vigencia. La noticia, aquí. 

La batalla por la implantación del PIN Parental en España se extiende a México. Un diputado estatal presentó ante el Congreso de Nuevo León (México) un proyecto de ley para implementar el “PIN Parental”, una mecánica de autorización previa que tendrían que firmar los padres de familia antes de que a sus hijos se les dicten clases con ideología de género en las escuelas. La noticia, aquí. 

Por primera vez una víctima de conversión forzada al islam testificaría en Pakistán. El próximo 3 de febrero, la cristiana Huma Younus, de 14 años, podría testificar ante la Corte Suprema de Pakistán sobre el secuestro, matrimonio y conversión forzadas que sufre desde hace unos meses a manos de un grupo de musulmanes.

La noticia, aquí.

PIN Parental: al menos 286 casos de adoctrinamiento en ideología de género en España. Al hilo de la campaña del PIN Parental promovida por HazteOir.org de la que Actuall es, sin duda alguna, el diario más especializado de España, he advertido que políticas como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, aseguran que en sus regiones no hay adoctrinamiento en ideología de género.  La noticia, aquí.


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