Junqueras, Romeva y Mas
Junqueras, Romeva y Mas, líderes de Junts pel Sí, celebran los resultados del 27-S. (Fotografía: Alberto Estévez / Efe)

Las elecciones de este domingo muestran una Cataluña bloqueada por la cuestión de la independencia, más sesgada que nunca por la izquierda, y un PP reducido a fuerza marginal. Una participación histórica del 77,4% no ha aclarado nada sobre el futuro de Cataluña en España. Más bien, se ha liado todo un poco más, al dibujarse un Parlamento radicalizado, no solo porque los independentistas ganan (Junts pel Sí y CUP, 48%) y se reafirman en seguir adelante y proclamar un Estado catalán aparte, sino porque la extrema izquierda crece (CUP y Podemos, 21 escaños) y comparte pulsión revolucionaria y odio a España, el PP se desploma y el avance de Ciudadanos (25 escaños, 18% de los votos), la otra fuerza moderada y unionista, siendo muy notable, no parece que sea suficiente como para ver en ella una alternativa al separatismo en Cataluña, al menos, a medio plazo.

Junqueras, Romeva y Mas, el triunvirato de Junts pel Sí, afirman que el plebiscito ha sido un éxito y que tienen el mandato para ir hacia la independencia de Cataluña. Sí, ya sé que los resultados no respaldan su triunfalismo (48% de votos independentistas frente al 52% del resto), pero me parece que la clave está en que descuentan a Podemos (11 escaños, 8,9% de los votos) y, quizá, al PSC (16, 12,7%) en el bloque de las fuerzas constitucionalistas. No les falta razón. Pablo Iglesias volvió a insistir anoche mismo en que si él gobierna España a partir de diciembre, Cataluña podrá votar en referéndum sobre su independencia. Y Miguel Iceta reconoció que el próximo Gobierno debe formarse a partir de Junts pel Si, descargándoles así de la presión de la CUP y sugiriendo que el PSC podría abstenerse para facilitar la investidura de Artur Mas.

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Del ambivalente plebiscito sale, además, una asamblea con ejes ideológicos entrecruzados: independencia e izquierda revolucionaria se mezclan. Por eso no puede afirmarse tan a la ligera, como hizo Pablo Casado (PP) y repite ABC, que el desafío separatista ha fracasado y Cataluña ha elegido la unidad de España. No es tan simple y evidente.

Más simple y evidente, en cambio, es constatar que el PP se ha hundido. 11 escaños, 8 menos que en 2012, y un 8,4% de los votos:su peor resultado desde 1992. El PP ya es oficialmente marginal en Cataluña. El fracaso de la estrategia de Rajoy es clamoroso y ya se apunta, en los primeros análisis periodísticos, que el resultado puede ser el principio del fin de su liderazgo. Veremos. El PP no es un partido fácil de conmover. Además, en los cuarteles del PP se aducirá que los resultados de las catalanas no son un modelo y que el electorado de las generales sabrá apreciar la recuperación económica cuando vote en diciembre.

Ahora se habla de que la solución a todo este embrollo saldrá de las Generales. En Cataluña y en España, todo lo que importa vuelve a quedar para otro día. Si España fuera un estilo de juego, sería el de la selección de fútbol de Javier Clemente: empate y patadón pa’ lante.

De un vistazo

Elecciones en Cataluña 2015

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