Actualler:

Me importa un comino CatalunYa. 

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A mi solo me interesa CataluÑa, porque solo me interesa España. Toda. Enterita.

¿A que estamos de acuerdo?

Pues en ese caso, sigamos creando diálogo y consensos.

Me importan un comino y medio todos los golpistas encarcelados. Y deseo que pasen muchos años entre rejas. 

Me importa numerosos y variados cominos la hermana de la “comina” carpetovetónica de ERC, conocida en el siglo como Montserrat Bassa, una señora encarcelada de la que la fábrica de desinformación de Wikipedia dice que es maestra, psicopedagoga, sindicalista y política española vinculada a movimientos independentistas”. 

Ya… “Vinculada”: 

  1. Dirigente de ERC.
  2. Dirigente de UGT en Gerona.
  3. Consejera de Puigdemont. 
  4. Y proclamadora de ensoñaciones independentistas, según el portento de Justicia que hemos de seguir pagando con nuestros impuestos. 

Abajo, la rea Dolores Bassa con su diputada hermana Montserrat MismoApellido, que más abajo aparece junto a otros reos, todos ellos condenados y encarcelados y que me importan un comino, o dos o tres… 

¿Y a ti? 

Si te parece, seguimos con la ruta de las especies:

  • Me importan tropecientos cominos los “países catalanes” y toda su puñetera mandanga.
  • Me importa un soberano comino lo que diga sobre España, Puigdemont, Junqueras y demás golpistas el presidente del Parlamento europeo, un señor llamado David Sassoli, presentador de telediarios en Italia y hoy presidente socialista de la institución, tipo cursi donde los haya (su perfil de Twitter: «Vicepresidente del Parlamento Europeo pero sobre todo uno de vosotros”).

En cambio creo que ni a ti ni a mi nos importa un comino, sino que nos preocupa, el mangoneo que hace de la presidencia del Congreso de los Diputados la señora Meritxell CarmeForcadell Batet, que si no se anda con cuidado, terminará como la otra.

Y nos preocupa, y mucho, la lenta e incluso inexistente respuesta del Gobierno español y de nuestro sistema judicial frente a la que nos está cayendo.

Pero en fin, dejemos las especies y vayamos al estado de los pueblos carpetovetónicos, auténtico germen del estado de las autonomías, carpetanos y vetones, que habitaron España en la Edad de Hierro. 

Y que como sus descendientes directos actuales, los unos y los otros se quedaron en aquel período prerromano de la Historia, pendientes de que alguien los civilizara un poco.

De nación española a pueblos carpetovénicos

Por más que se empeñen en considerar que somos ciudadanos de un contenedor de naciones, y no de una nación, la Historia sigue mostrando los hechos tal cual son, y no como los sueñan cuando salen del restaurante que también les pagamos nosotros:

Las denominaciones «nación hispana», «nación española» o el reconocimiento de sus habitantes como «españoles» se han empleado desde la romanización. En el siglo II, lo hace Lucio Anneo Floro (quien, por cierto, vivió en Tarragona). Lo leemos en los concilios III y VI de Toledo (años 589 y 638) y de Fráncfort (año 794). Ahí está, luminoso, el legado de don Gil de Albornoz, quien, en 1364, instituye su heredero universal a un colegio, «la cual casa o colegio quiero que se llame Casa de los Españoles». 

En el sínodo de Pisa (1409) y el concilio de Constanza (1413), los representantes de los reinos hispánicos se agrupan en la «nación española» con voto único. 

En los siglos XVI y XVII, Garibay, Morales, Mariana, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Cervantes, Ribadeneyra, Gracián, López Madera, Salazar o Peñalosa emplean expresamente el término «nación española».

Hasta las revoluciones burguesas de finales del siglo XVIII, el término «nación» no tuvo significación política y, por primera vez, se usó en la batalla de Valmy (1792). Los franceses combatieron al grito de «¡viva la nación!», declarando que su lucha era por el pueblo, nuevo y único soberano. El 2 de Mayo de 1808, los españoles hicieron lo mismo tras el bando del alcalde de Móstoles, quien introdujo la palabra «nación» con tal sentido. (Daniel Berzosa López: Nación y nacionalismo)

España no es de izquierdas

Lo gritaban los hooligans del Partido Comunista y de Comisiones Obreras que se congregaron a las puertas del Congreso el martes, día de la definitiva votación del frentito popular: España es de izquierdas, decían.

Pues no, España no es de izquierdas. Pero el sistema electoral puede que sí.

Nuestro país aparece hoy dividido, enfrentado, roto, partido en dos… más o menos. Porque con otra ley electoral y con otro panorama electoral en la derecha, la composición del Congreso podría ser una bien distinta. Lo ha explicado muy bien Narciso Michavila:

Los votos de los diputados que han votado a favor del presidente Sánchez representan a 10,9 millones de electores, los que han votado en contra 11,3 millones.

https://bit.ly/2QCqv0d

Dicen los expertos que la derecha no llegó a la mayoría absoluta porque los tres partidos se presentaron separados. Otros apuntan que fue la caída de Ciudadanos lo que mermó las posibilidades de una coalición de Gobierno de PP, Cs y tal vez Vox. 

No lo sé, pero el último sondeo publicado en nuestro país, realizado hace muy pocos días, apunta conclusiones interesantes:

Los españoles abandonan el centro. PSOE y PP pierden fuelle. La moderación es cosa del pasado, se diluye en un torbellino de incredulidad, opacidad, compromisos incumplidos, egoísmos y falta de coraje. Izquierda y derecha se extreman, los polos se distancian y el país se divide.

Socialistas y populares caen. Ninguno de los dos partidos es lo que fue. Han perdido identidad, principios y valores y los ciudadanos lo perciben. 

Unidas Podemos y Vox serían los beneficiarios evidentes de una nueva llamada a las urnas.

Vox se consolidaría sólidamente como tercera opción con un 16% de los sufragios, a sólo cuatro puntos del PP.  (Marisa Cruz: Los extremos se disparan, en El Mundo, edición en papel)

https://bit.ly/39NuM8o

El sorpaso de Vox

Las encuestas señalan de manera reiterada el avance de Vox y el retroceso del PP. Lento, tacita a tacita, pero bastante continuo. Esta última señala una diferencia de cuatro puntos entre un partido y otro.

La izquierda es un mundo estable, quieto, donde los partidos se mantienen años y años porque el votante de izquierdas mantiene una relación casi religiosa con su partido. Todo lo contrario de la derecha.

Al votante de derechas le importa menos el partido al que vota, lo que valora es lo que consigue con su voto. Y de ahí que los partidos de derechas aparezcan y desaparezcan con gran rapidez.

Se acaba de publicar una historia política de la derecha española que lleva el significativo título de La estirpe del camaleón:

La derecha siempre ha actuado disolviendo sin grandes problemas aquellas de sus organizaciones que resultaban ya disfuncionales -la Unión Patriótica, el Movimiento Nacional, la Unión de Centro Democrático, Alianza Popular, etcétera- y renovándolas acto seguido con otras que rescataban a su militancia y a sus votantes, pero bajo una pragmática modificación de programas y modelos de partido para adaptarlos a las nuevas condiciones del mercado político. (Julio Gil Pecharromán: La estirpe del camaleón. Una historia política de la derecha en España 1937-2004)

Se diría que las condiciones políticas actuales favorecen a Vox y ponen en algún aprieto a un Partido Popular que se ha dedicado durante demasiados años a compadrear con la izquierda. ¿Alcanzará Vox al PP? ¿Lo superará? 

Cómo no va a crecer Vox, con su propuesta de cortar por lo sano, en medio de este cúmulo de disparates tribales al que la izquierda se suma con reivindicaciones victimistas que vienen a sustituir a la superada conciencia de clase. 

Éstos son los nuevos progresistas, capaces de defender, al mismo tiempo y sin autorrefutarse, la igualdad de los ciudadanos y las diferencias territoriales. 

Les vale cualquier cosa que pueda justificar la cultura del agravio, versión contemporánea del descontento proletario. 

Entre el añejo comunismo autodeterminista, el moderno socialismo identitario y el nacionalismo insurreccional republicano han forjado la triple alianza para refundar –léase destruir– el Estado. Fueros, privilegios, localismos, cantones, fielatos: la receta histórica del fracaso para los pueblos que no aprenden las lecciones del pasado. (Ignacio Camacho: La izquierda cantonal)

Y hasta aquí hablamos hoy del Gobierno (y de la oposición), que esto se está alargando demasiado. Aunque mañana volveremos al asunto con la publicación exclusiva de (fanfarria)… ¡el reloj de la traición del PSOE! 

Vamos ahora con una señorita. 

Aproximadamente.

La ordinaria

No sé cómo canta porque nunca escucho música de menos de 300 años, solo sé de ella por las fotos que de vez en cuando se cuelan en los medios. De modo que lo único que puedo afirmar es que me parece una ordinaria.

Bueno, ahora sé una segunda cosa: que le gusta ciscarse en las creencias de los demás. Para ello utiliza las cada día más prescindibles redes sociales:

Así que ordinaria + impertinente. Todo un compendio de lo que podríamos calificar como cultura popular del siglo XXI. 

Cultura popular progresista, por supuesto.

La cita

Nicolás Redondo Terreros:

De aquella guerra civil salimos escarmentados del comportamiento de los comunistas y de la irresponsabilidad egoísta de los nacionalistas. ¡Qué conveniente sería que no perdiéramos la memoria o, mejor dicho, que recordáramos la historia más reciente!

Y la imagen

El Roto:

Pues nada, actualler, mañana más sobre traiciones y puñaladas por la espalda a la democracia servidas por el PSOE, gran patrocinador de la basura (que no memoria) histórica.

¡Que tengas un buen día!


TU DÍA ACTUALL

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