En su discurso al recoger el Nobel de Literatura, el gran Aleksandr Solzhenitsyn dijo:

La violencia no vive en soledad y no es capaz de vivir sola: necesita estar entremezclada con la mentira. Entre ambas existe el más íntimo y el más profundo de los vínculos naturales. La violencia halla su único resguardo en la mentira y el único soporte de la mentira es la violencia. Cualquier persona que ha hecho de la violencia su método, inexorablemente debe elegir a la mentira como su principio.

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Mentira y violencia caminando de la mano. Es difícil no asociarlo a la España de nuestros días y a los miembros del Gobierno actual.

Y sí, se diría que a ratos España huele a 1936. A un 36 más de mentiras que de violencia. A un 36… ¿tal vez de marketing?

Vamos por partes.

Tambores de guerra

Desde hace más o menos una semana, en los editoriales de los principales medios nacionales y en los análisis de los más reconocidos creadores de opinión suenan poco menos que tambores de guerra

Hablan y no paran de los riesgos de la crispación, de violencia creciente, de provocaciones. Y de miedo. Sí, transmiten miedo.

Y a menudo no les falta razón:

Busquen algunos de los enfrentamientos furibundos entre José Calvo Sotelo y Dolores Ibárruri en las Cortes del año 1936 (unos días después, él fue acribillado por unos cernícalos, y tres años más tarde, ella se fue al exilio durante 40 años). Encontrarán similitudes estremecedoras en el tono, en el vocabulario y en los ademanes.

La instalación de la furia cainita no es cosa de un solo día. En España, cuando ese grifo se abre, el goteo se convierte pronto en torrente incontenible

El Ejecutivo y su terminales mediáticas se emplean a fondo en difundir la idea sediciosa de que varias instituciones del Estado —incluyendo la policía y los jueces— conspiran para derrocar al Gobierno legítimo. (Ignacio Varela: Basura radiactiva en el Congreso)

Mirando a la izquierda

Que yo recuerde, es la primera vez que los analistas de la izquierda dirigen el dedo acusador hacia sus propias filas. Me refiero a algunos de ellos, los inteligentes, como el recién citado, no los que viven del panfleto.

Lo habitual cuando hay un problema gordo es que se lo achaquen enterito a la derecha. Tal vez el miedo tenga algo que ver con este esfuerzo de objetividad:

En el peor momento de España, el Congreso de los Diputados se ha convertido en un Chernóbil político. Sigamos así unos meses más y tendremos por delante un par de décadas para arrepentirnos. Qué miedo. (Ignacio Varela: Basura radiactiva en el Congreso)

O tal vez suceda que la izquierda ha empezado a ver peligrar su futuro si Enterrador Sánchez sigue al frente del país.

Pero ni el líder del PSOE ni Matancianos Iglesias parecen dispuestos a frenar su escalada guerracivilista.

Los brujos de La Moncloa han decidido insistir en lo que mejor saben, que es la agitación de un espantajo imaginario al que acaban de sumar la novelesca conspiración de una sombría trama golpista de togas y tricornios lorquianos.

Ya está construido el escenario, el marco pretextual para degradar las instituciones, deslegitimar a la Justicia y reforzar los poderes autoritarios de un Ejecutivo alérgico al control democrático. División de papeles: Sánchez imposta un liderazgo responsable e incomprendido en sus homilías del sábado e Iglesias aviva la tensión del enfrentamiento quemando azufre con su matonismo dialéctico.

En esa atmósfera combustible puede saltar en cualquier la momento la chispa del incendio que reduzca a cenizas las reglas del juego. (Ignacio Camacho: Jugarse la democracia)

¿Quién busca la violencia?

Respuesta: quien la alienta. Y quien se beneficia de ella:

La insistencia de Pablo Iglesias en la idea de un golpe de Estado de la derecha tiene otro matiz inquietante. Porque el que parece desear un golpe de Estado de la derecha es él.

No Teodoro García Egea ni Iván Espinosa de los Monteros. (Cristian Campos: Iglesias agita el espantapájaros de 1936. Pero, ¿es posible un golpe de Estado hoy en España?)

Aquí también, de nuevo, percibimos ese olor a 36:

A ese juego ya jugaron los radicales de extrema izquierda y de extrema derecha en 1936.

Los primeros buscaron forzar un golpe de las derechas en la creencia de que este sería rápidamente sofocado por el Ejército Popular de la República.

El objetivo era erradicar a las derechas, y a los sectores de la sociedad civil asociados a ellas, como los empresarios, los banqueros, la burguesía o los altos funcionarios, del escenario político español. (Cristian Campos: Iglesias agita el espantapájaros de 1936. Pero, ¿es posible un golpe de Estado hoy en España?)

Sea como sea, desde su llegada, el Gobierno “progresista” ha dejado diáfano como la luz del día que su intención es atemorizar a la población y para ello no desdeña utilizar la violencia:

  1. En forma de amenaza y coacción desde las instituciones: estado de alarma, restricción de libertades civiles, insultos y amenazas a la oposición, gobierno mediante decretos aprobando cientos de medidas sin responder ante el parlamento, utilización de Policía y Guardia Civil contra los disidentes, neutralización del Congreso, etc.
  2. alentando la violencia física a través de terceros tras señalarles objetivos concretos: “antifas” contra las caceroladas, grupos de asalto contra vecinos y ciudadanos críticos con el Gobierno, etc. 

De este modo el Gobierno se une en el uso de la violencia a quienes más la han ejercido en la España democrática hasta la fecha: los etarras, los secesionistas, la extrema izquierda. 

Es una tragedia que miembros del Gobierno –y no digamos sus aliados, que vienen del crimen o son dirigidos desde una cárcel catalana— puedan hoy presentar a los grupos terroristas que tanto obstaculizaron la llegada de la democracia, y que mataron más que nunca con la democracia ya instalada y consolidada, como «luchadores por la libertad». (Juan Carlos Girauta: El golpe real y la asonada imaginaria)

En todo este asunto también tiene responsabilidad la derecha política, pero de eso hablaremos mañana. Sigamos un momento más mirando a nuestra izquierda.

¿Golpe de Estado?

De la mano de Matancianos Iglesias la izquierda ha puesto en circulación la campaña de propaganda del golpe de estado de la derecha.

Quiere el Gobierno que imaginemos a Casado y Abascal (Arrimadas ya viaja en el autobús progre) como los nuevos Tejero, protagonizando un golpe de estado decimonónico… mientras ellos siguen practicando un tipo de golpe de estado más propio de nuestros días. 

O sea, el golpe de Estado al modo Puigdemont:

¿Qué es hoy un golpe de Estado? En España, un golpe a la vieja usanza, es decir un golpe militar, es inconcebible. Para dar un golpe hacen falta golpistas y en España no los hay

No es inconcebible sin embargo la idea de un golpe de funcionarios como el ejecutado por el catalanismo en septiembre y octubre de 2017.

Ese fue, de hecho, el tipo de golpe ejecutado por Adolf Hitler en Alemania tras el incendio del Reichstag.

En estos momentos, y especulando en el terreno de la política ficción, Pablo Iglesias tendría mucho más fácil que Pablo Casado o Santiago Abascal ejecutar un golpe de Estado como el llevado a cabo por ERC y JxCAT en 2017.

Los golpes posmodernos se ejecutan hoy desde el poder y contra la oposición y el orden constitucional. (Cristian Campos: Iglesias agita el espantapájaros de 1936. Pero, ¿es posible un golpe de Estado hoy en España?)

Así que ningún caballo de Pavía. Solo discretos y obedientes funcionarios comprados por el poder, desde fiscales y jueces hasta generales de la Guardia Civil.

Gente con la mentalidad de Iván Redondo, el tipo que defiende que lo suyo es solo profesionalidad aséptica, justificando así que pueda servir a cualquier ideología, a cualquier fin, a una cosa y su contraria, con tal de que el cliente pague bien. 

Igualito que aquel ministro para la Ilustración Pública y la Propaganda, ¿cómo se llamaba?

¡Ah, sí, Goebbels!

Asusta constatar que estas técnicas chavistas se hayan instalado con naturalidad en La Moncloa sin que los compañeros de viaje socialdemócratas -valga como metáfora la claudicante estampa de Patxi López en la moribunda comisión de reconstrucción- se atrevan a musitar una protesta, cuando no jalean los métodos de sus socios radicales. (Podemos y la técnica del autogolpe de Estado)

El retrato

Hete aquí el porte de un líder:

Bueno, al fin y al cabo Mussolini también lo fue, y no era mucho más agraciado.

Pronto se sintió predestinado. Le habían puesto nombre de fundador, así que debía encontrar algo que fundar. 

Su adolescencia fue tan intensa que no pudo superarla. Ahí sigue, la coleta blanca, rememorando aquellos años de tierno fanatismo en que sopesó entrar en el seminario de Soria. 

Pero le gustaban demasiado las mujeres, así que buscó la vía para limitar la libertad y la propiedad ajenas sin dejar de disfrutar de las propias: ingresó en la iglesia comunista.  (Jorge Bustos: Iglesias, Pablo)

Nada más parecido al fascismo de Mussolini que la “religión” que pregona este hombre. Nada más parecido a su hipócrita forma de afrontar la vida, las ideas, los valores.

El daltonismo ideológico por el cual confundía las dictaduras con las democracias y viceversa le llevó a doctorarse con una apología del escrache titulada pomposamente: Multitud y acción colectiva postnacional: un estudio comparado de los desobedientes.

Un freudiano completaría esa tesis con otra sobre la carga policial como sueño húmedo del niño narciso, obsesionado con dar azotes o recibirlos. Sexo y violencia.

Con la recesión montó una empresa familiar de explotación del sufrimiento.

Conciliaba cipotudismo y feminismo, puño en alto y susurros de Constitución, Vallecas y Galapagar. Preguntarle por la impostura habría sido como preguntarle a un pez por el agua. (Jorge Bustos: Iglesias, Pablo)

El golpe de Estado como anuncio publicitario

Se nota demasiado que lo del golpe de Estado que proclama la izquierda no esconde otra cosa que el intento de exculpación del Gobierno.

Un golpe de Estado según las reglas el marketing político de las más modernas dictaduras del Planeta.

Es de nuevo la izquierda quien lo denuncia:

La hipótesis de un golpe de Estado desenfoca todas las fechorías del Gobierno, subordina la atrocidad del coronavirus y encubre la montonera de los escándalos políticos, ninguno tan nauseabundo como el pacto del pasamontañas ni tan evidente como la crisis de la Guardia Civil que Marlaska aspiraba a domesticar en un problema administrativo.

La teoría de la conspiración no solo es tramposa e irresponsable. También implica un ejercicio de obscenidad que degrada la memoria parlamentaria. 

Iglesias ha improvisado una grotesca analogía golpista de la que él mismo quiere prevenirnos. El sabotaje al Estado es tan perfecto —guardias civiles, magistrados franquistas, parlamentarios extremoduros— que la prensa filopodemista ha incorporado la clave eclesiástica: ¡Pérez de los Cobos es del Opus!

Los peligros que amenazan la pureza de la democracia española no son los que ha identificado Iglesias, sino los que él mismo suscita o encubre. (Rubén Amón: Por qué a Iglesias le excita un golpe de Estado)

No todo debe estar perdido cuando la propia izquierda señala que el peligro para la democracia es el Gobierno de izquierdas. Mi corazón se remonta como un gavilán, que decía el jefe indio de Pequeño gran hombre.

La advertencia

Por si las cosas no se empezaran a oscurecer lo suficiente en la rive gauche, el portavoz del Grupo Popular Europeo, Manfred Weber, les ha enviado este mensajito:

Los españoles deben saber que el dinero de las ayudas europeas es para invertir en el futuro, no en ideas del pasado, no para alimentar el populismo de Podemos y sus falsas promesas, sino para el futuro, para las reformas y la innovación de la economía.

Con Rajoy, España fue uno de los símbolos de como se puede salir más fuerte de una crisis. Ahora con Sánchez las reglas son las mismas.

La presencia de Podemos no ayuda, no contribuye a la estabilidad ni hace más firme el proceso de recuperación.

El mensaje es claro: Europa está lista para ayudar a España y Sánchez debe elegir si quiere participar en este proyecto de futuro o si prefiere dejarse llevar por las consideraciones populistas y comunistas de su socio de coalición. («Sánchez debe elegir entre un proyecto de futuro o las consideraciones comunistas de Podemos»)

En 3 tuits

La vida de España en caracteres escasos:

La cita

Ignacio Camacho:

Un amargo efluvio de años treinta impregna hace tiempo la vida parlamentaria mientras en las redes y en Whatsapp se libra una guerra civil de consignas inflamadas de tremendismo, resentimiento y cizaña.

Y la imagen

Caín:

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Jamás pensé que uno pudiera ganarse la vida hablando de la vida de los otros, así que sigo creyendo que no soy un periodista. Dicen que éste, el segundo oficio más viejo del mundo (el que estás pensando es el tercero), se ha profesionalizado. Yo me dedico a intentar disimularlo. Este es mi blog http://mvidalsantos.tumblr.com/