¿Acaso la tenemos? ¿Tenemos la derecha que nos merecemos?

Enseguida empezamos a abordar ese enigma, pero antes permíteme que comparta contigo algo que no tiene nada de enigma.

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La majadera del día

Dice la diputada de Podemos que ella es proletaria pata negra, no como otros:

https://bit.ly/2uGD4iR

Iba a proponerte una encuesta, pero para qué, si todos sabemos que aunque no haya pasado por la iglesia (que no lo sé), es la señora de Iglesias y está de diputada del partido de su marido porque es la señora de su marido. 

¿O no?

El feminismo del “Gobierno progresista” y su falsa igualdad ha convertido a todas las mujeres en sospechosas de ser mero florero.

Al valorar la condición de mujer por encima de otras consideraciones (eso que llaman “discriminación positiva”), al obligar a nombrar mujeres para ocupar puestos de trabajo y cargos, la izquierda pone en cuestión la trayectoria de las grandes profesionales que ocupan puestos de responsabilidad: ¿esta señora está ahí por ser mujer o porque lo vale?

¿O no, queridas feministas y feministos?

Bueno, pues ya desahogaos… ¡vamos a lo nuestro!

La derecha que nos merecemos

Sí, vale, tenemos más derecha que hace cinco años (aunque no viva en Moncloa). Pero convendría preguntarnos si la cantidad se ha traducido hasta la fecha en calidad. En la eficacia que precisamos.

La eficacia que la nación está necesitando.

La izquierda se emplea hábilmente en la batalla ideológica. Ante el desastre, es deseable, por el bien general, que el espacio del centro-derecha –el constitucionalista– asuma esa batalla que no debe dar por perdida en ninguno de sus campos, como ha ocurrido con la cultura o con la supuesta superioridad moral que, por reiteración de unos y dejadez de otros, se consideran a menudo patrimonio de la izquierda. (Juan Van-Halen: La batalla ideológica)

La presencia de Vox ha traído vientos nuevos y una esperanza nacida de ver resurgir las viejas batallas nunca libradas por el PP (y en consecuencia, perdidas). 

El cuestionamiento del supremacismo feminista, la denuncia de la impostura LGTB o la libertad educativa y el PIN Parental despiertan frentes renovados. Asuntos que parecían dócilmente asumidos por la sociedad vuelven a ocupar las primeras páginas. ¡Enhorabuena por ello!

Algunos creen que la aparición de Vox y algo más de tiempo, el suficiente para el sorpaso al PP, bastarán para cambiar las cosas. Quién sabe.

Pero ahora, no dentro de cuatro años sino en el presente, convendría preguntarse si la derecha que hoy tenemos basta para enfrentarse al “Gobierno progresista”. 

Ley de memoria histórica, quiebra de la unidad nacional, ley de eutanasia… Y lo que vendrá. ¿Está siendo eficaz la derecha frente a todo ello? ¿Nos resulta útil a los ciudadanos?

La derecha española no está teniendo respuestas a estos fenómenos de transformación social que la expulsan de su zona de confort ideológica. Y los hay, y consistentes. 

Tampoco contesta proactivamente a coyunturas políticas críticas, como las de Cataluña, por ejemplo. 

El refugio en la negativa y en lenguaje grueso e hiperbólico (a veces insultante) es un placebo político, una manera de envolver en palabras duras la debilidad de ideas y de estrategias. 

Podría afirmarse, desoladamente, que la derecha española parece estar llegando al final de una obsolescencia programada, como los ‘gadgets’ tecnológicos. 

Y más aún, que cae en las trampas de la izquierda con una ingenuidad tan extraordinaria como también lo es la capacidad de sus adversarios ultras de generarle contradicciones. (José Antonio Zarzalejos: La derecha española, en el fuego y las cenizas)

Las últimas pruebas de fuego de la derecha fueron el debate sobre la ley de eutanasia, la primera sesión de control al Gobierno y el asunto Ábalos. Sobre los dos primeros, las intervenciones del Partido Popular no pudieron resultar más beneficiosas para los intereses de la izquierda. 

En cuanto al asunto venezolano, el rocambolesco episodio aeroportuario se ha convertido en clave de bóveda de la eficacia de la oposición:

Si el Gobierno logra salir indemne del «Delcygate», en el que como mínimo el propio Gabinete ha reconocido hasta ahora seis versiones distintas y por tanto otras tantas mentiras flagrantes, la oposición puede irse de vacaciones hasta el final de la legislatura y volver sólo si encuentra una fórmula electoral para competir con alguna posibilidad contra el bloque frentepopulista. 

De lo que se trata es de saber desde el primer momento si en este mandato va a regir la soberanía del Congreso frente al capricho gubernamental, la voluntad de encubrimiento, la desviación de poder y la ley del silencio.

Sánchez e Iglesias lo saben y están tanteando su propia capacidad de resistencia contra la presión inicial de los partidos de la derecha.(Ignacio Camacho: La mentira de Estado)

No le vamos a pedir peras al olmo, PP y Vox tienen los votos (y los escaños) que tienen. ¿Pero te imaginas lo que estaría sucediendo en España si en Moncloa hubiera un presidente del PP y a Barajas hubiera ido uno de sus ministros?

Derecha y complejos

Cuando tiene problemas, la izquierda siempre recurre a su fórmula mágica, tan infalible como burda: que viene el lobo. O la derechona.

Sánchez hace lo que puede para destacar a Vox y minimizar al PP y su vicepresidente Iglesias organiza la oposición callejera a la oposición. 

Primero fue la “alerta antifascista”, ¿te acuerdas? Ahora toca organizar la batalla callejera “en barrios, ciudades y pueblos” porque «el Gobierno no basta para resistir las amenazas contra la democracia” procedentes de “la ultraderecha y la ultraultraderecha”:

Considerar a la oposición como una «amenaza contra la democracia» deslegitima al adversario y lo neutraliza, lo saca del espacio público, del ámbito de lo lícito y decible. La justificación de este activismo contra la oposición adopta el nombre de antifascismo, última forma de la izquierda postmarxista para justificar sus ataques contra la pluralidad política y para reclamar solapadamente la herencia comunista. (ABC, Hughes: Poca broma)

Tal vez la derecha actual no tenga tantos complejos como hace unos pocos años, pero sigue ofreciendo un bastante ineficiente frente de batalla. Agustín Laje:

Lo que marca a la derecha en general es un discurso economicista típico de la Guerra Fría. La derecha, en general, no ha superado la Guerra Fría. Vox la ha superado en gran medida. Lo económico está en un segundo plano en Vox, lo que importa son los asuntos culturales.

Los españoles versus los enemigos de España. Esa es la línea de separación. En la medida en que la derecha quiere hacer política, necesita una construcción política del pueblo.

Cuando la derecha no ha querido apelar al pueblo es cuando no ha hecho política. La izquierda sí ha sabido hacer política y apelar al pueblo. El pueblo de la izquierda hoy son las mujeres y los homosexuales. (Laje, el gurú que inspira a Vox: «Si el feminismo tira tanto de la cuerda surgirá un machismo político”)

En el caso del feminismo, Laje detecta el complejo todavía presente en alguna derecha:

Cuando la derecha se articula en torno a la noción de antifeminismo, esa derecha mantiene una identidad política mucho más interesante y atractiva para el grueso de la gente que esa derecha culposa y vergonzosa que se quiere seguir llamando feminista pero no puede hacerlo. Esa es la diferencia entre PP y Vox.

El rótulo feminismo está cada vez siendo más emparentado con el establishment: CNN, la ONU, la Open Society de Soros… Es decir, con una serie de élites internacionales. Si la derecha asume su antifeminismo, se rodea de un aura de rebeldía que nunca ha tenido. Es más conveniente para la batalla cultural decirse antifeminista que decirse feminista liberal. (Laje, el gurú que inspira a Vox: «Si el feminismo tira tanto de la cuerda surgirá un machismo político”)

La emotividad totalitaria

Frente a esa derecha española que se mueve entre el desafío de Vox y la resistencia al cambio de paradigma del PP, la izquierda sigue enraizando su identidad en torno a lo que el académico Daniel García-Pita ha calificado con gran acierto de “emotividad totalitaria”:

En los últimos tiempos, con el pretexto del avance hacia la modernidad, se impone en realidad una vuelta atrás desde la razón al mito y la emoción. Se predica un supuesto progresismo que se recibe con unción por la progresía de todos los colores. Planteamientos e ideales que en su origen fueron razonables, se transforman ahora en movimientos de emotividad tempestuosa, volcánica, sin la menor concesión a la racionalidad.

Los nacionalistas ignoran las leyes proclamando una legitimidad tan románticamente emotiva como histórica y jurídicamente inexistente, con la que quieren disfrazar la ambición de sus dirigentes y el egoísmo provinciano de muchos de sus votantes. El espectáculo del «Me Too» y el ridículo del lenguaje inclusivo son las nuevas banderas del feminismo: ensombrecen la lucha por la defensa de la dignidad de la mujer y la plena igualdad de derecho entre los sexos. La necesaria protección del medio ambiente se desprestigia por el abuso de una normativa progresivamente desmedida donde la vida de un lobo merece más atención que el rebaño de un modesto ganadero. (El carnero de Pericles)

La ideología que mata

No hace falta referirse al comunismo para señalar los campos de la muerte producidos por la izquierda. Ni es preciso remontarse a otros tiempos para contemplar los cadáveres que a su paso va dejando. 

Basta con mirar a nuestros días, con sus leyes de muerte. Gádor Joya:

Se reclama, y con razón, mayor inversión de recursos humanos y económicos para desarrollar planes de prevención del suicidio. Mayor atención psicológica, mayor esfuerzo en identificar las situaciones de riesgo, mayor atención a las situaciones que provocan esas ideas de muerte. Incluso se interviene activamente para impedir la muerte de alguien que se va a suicidar, sin que nadie se plantee que se está atentando contra el principio de autonomía del que lo hace.

Sin embargo parece que las personas que piden la eutanasia no merecen la misma atención, son personas de segunda. Ellos no merecen que se pongan a su disposición todos los recursos que tengamos para evitar su muerte, para eliminar las circunstancias y los factores que le llevan a desear morirse. 

Ellos no merecen que el Gobierno invierta en sus vidas, sólo en sus muertes. Porque al Gobierno le trae al fresco el por qué algunas personas, de manera excepcional, piden la eutanasia. (Eutanasia: Prevenir el deseo de morir)

La ideología que separa

En España la izquierda no se ha limitado a abandonar su ADN para aspirar a convertirse en el primer partido etnicista, muy por delante de ERC o PNV. De manera entusiasta, ha dado un paso más al abrazarse a quienes ayer asesinaban a sus propios jefes de filas.

La izquierda hoy es nacionalista, supremacista y filoterrorista. Como lo fue en las postrimerías de la república. Y ha llegado a semejante estado mirando para otro lado cuando se tropieza con los terroristas, cuando no está tratando de borrarles su pasado.

Nadie les exigió que pidieran perdón ni que admitieran que se habían equivocado. Lo que, en otras palabras, quiere decir que se podía llegar a la mesa de negociación e incluso al poder mediante el uso de la fuerza y el asesinato, siempre que supieras cuándo te interesaba parar de matar.

Nadie denunciaba sus asesinatos. Y no podía haber mejor aval a su política que ése. Así que su porcentaje de voto creció en Irlanda del Norte y también en la República de Irlanda. Los asesinos como Martin McGuinness [excomandante del IRA implicado en numerosos crímenes y más tarde viceministro del Gobierno de Irlanda del Norte] tenían mejor prensa que los políticos que nunca habían asesinado a nadie. Sólo por el hecho de que habían dejado de asesinar. Aunque nunca hubiesen pedido perdón.

No hace falta ser un lince para ver muchas concomitancias entre lo que ha pasado en la República de Irlanda y lo sucedido en la Comunidad Autónoma Vasca. (Ramón Pérez Maura: Cuando matar está justificado)

Periodistas, pianistas

Bueno, ya sabemos que todo esto no se hace sin controlar los medios de comunicación. 

En el 10 de Downing Street se celebraba una rueda de prensa sobre las negociaciones con la UE. Al llegar, los periodistas se encontraron con que un pequeño grupo era excluido de entrar a la cita por el director de comunicaciones del primer ministro, Lee Cain. ¿Qué hizo el resto? Saludó y tomó el portante. Todos y de todos los signos políticos. No hubo rueda de prensa.

En España, a pesar de cómo patea La Moncloa la libertad de prensa y pese a que la APM ha promovido el mentado lema #sinpreguntasnocobertura la realidad es que los medios siguen sometiéndose a la humillación de acudir a actos en los que siempre ha habido preguntas, pero que ahora son comparecencias mudas. No hay la mínima dignidad profesional que debería haber en la profesión para rechazar ser lamerrabeles. (#Sinpreguntasnocobertura)

Dicen que la frase pertenece al gran Tom Wolfe: no le digas a mi madre que soy periodista, ella piensa que soy pianista en un burdel.

Y al final, Gibraltar

Gibraltar como piedra de toque. Como espejo que refleja con precisión el tipo de Gobierno que hay en España.

Ha pasado poco más de año y medio desde la moción de censura. Y apenas siete semanas desde que Pedro Sánchez toma posesión del cargo tras la investidura.

Y en ese corto intervalo de tiempo, se han sucedido una tras otra las bofetadas a la credibilidad internacional de España. Hoy no pintamos ya nada en el ámbito internacional. ¡Muchas gracias, progresistas!

Dice la nueva ministra de Asuntos Exteriores de España que a los españoles nos da igual Gibraltar, que lo importante es que pillemos cacho en la pasta de la colonia:

El Gobierno defenderá que Gibraltar sea una «zona de prosperidad compartida».  Hablar de grandes principios, si al final a los ciudadanos no se les resuelve sus problemas, me parece que estamos haciendo un flaco favor. A los ciudadanos lo de la soberanía les suena muy bien, pero a los ciudadanos lo que les importa es saber si van a poder pasar la verja. (El Gobierno defenderá que Gibraltar sea una «zona de prosperidad compartida”)

Erik Martel es embajador de España y fue delegado del Ministerio de Asuntos Exteriores en el Campo de Gibraltar:

La nueva ministra de Asuntos Exteriores ha afirmado recientemente que busca crear «un espacio de prosperidad entre el Peñón y el Campo de Gibraltar». Pero, ¿qué prosperidad es esa consistente en alentar el asentamiento de una colonia en territorio propio? Una colonia que, además, alberga una base nuclear que contamina hasta punto de poner en grave riesgo a cientos de miles de españoles del entorno. ¿Y del restablecimiento de soberanía española qué? 

No hay un solo caso en que se haya conseguido la soberanía sin medidas coactivas.

En el Reino Unido están que no se lo creen. Nuestro Gobierno ha hecho el gran regalo de despedida para compensar los sobresaltos del Brexit. Le ha dado la oportunidad de conservar la joya estratégica de su corona olvidando el daño de todo orden que con ello se hace a España. (En Londres no se lo creen)

El video

El País ha hecho un estupendo reportaje sobre los motivos que han llevado a un montón de personas a votar a Vox. 

Vaya por delante que es un video mucho más objetivo y respetuoso de lo que cabía esperar del medio que lo publica, aunque el guión parte de los análisis de Kiko Llaneras, uno de los analistas demoscópicos más acreditados de nuestro país, y todas las declaraciones que recoge sirven para sostener sus afirmaciones.

Le pondría a este reportaje tan solo un pero: la elección de los testimonios. 

Me llama mucho la atención que la mayoría de las personas que aparecen proceden de una zona geográfica reducida (como si no hubiera votantes de Vox más allá de Murcia y Almería) y de un ámbito semirural o de localidades pequeñas o medianas. 

Apenas hay presencia de testimonios ubicados en grandes ciudades y la procedencia social de quienes aparecen corresponde a un espectro sociológico bastante reducido.

No obstante vale mucho la pena echar un vistazo a este video:

https://bit.ly/2SU0PM6

La cita

Ignacio Camacho

El Gobierno amplifica el intenso y eficaz activismo de Vox a través de su enorme poderío mediático con el claro objetivo de disimular la radicalidad de su propio programa y de sus aliados.

Y la imagen

El Roto:

Estimado lector, te deseo un feliz día. 

Y mañana más.

TU DÍA ACTUALL

Los abogados estallan contra los servicios psicosociales: «Ahondan en el sufrimiento de las familias». Subrayan que es «insoportable» que los equipos psicosociales emitan sus informes en la mayoría de los casos con retrasos de seis meses a más de un año. Los equipos psicosociales funcionan desde hace 30 años pese a no estar recogidos en la Ley Orgánica del Poder Judicial y sus deficiencias. La noticia, aquí.

Reciben cristiana sepultura más de 2.400 bebés abortados hallados en casa del abortista Klopfe. El médico Ulrich Klopfer acumuló en su garaje los cadáveres de niños que abortó entre los años 2000 y 2003. Se estima que en total abortó a más de 30.000 niños. «Estos bebés merecían algo mejor que un garaje oscuro y frío o el maletero de un automóvil”, dijo el fiscal general de Indiana frente a la tumba. La noticia, aquí.

Manifiesto antihumano, el último grito del marxismo cultural: del paraíso sin clases al paraíso sin gente. Primero los malos eran los zares; luego los heteros blancos; lo próximo es la raza humana. Así, en bloque. Una profesora acaba de lanzar el ‘Manifiesto antihumano’. El marxismo llevado hasta sus últimas consecuencias. Eso es el generismo, el especismo, el veganismo y otros ‘ismos’ enloquecidos. La noticia, aquí.


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Que pases un buen día actuando por las buenas causas. ¡Hasta mañana!

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